INTRODUCCIÓN A LA ANATOMÍA


Por Analía Von Staszewski de Buenos Aires, Argentina.


Nuestra amiga Analía nos ha hecho llegar este extenso trabajo realizado en su Tercer año de Danza.

En nombre de todos los bailarines del mundo te damos las gracias.

 
Estructuras y tejidos principales


Cartílago
El cartílago es una variedad de tejido conectivo duro que se nutre de los vasos sanguíneos que irrigan a los tejidos circundantes a él.. Según su estructura histológica, puede ser cartílago hialino, fibrocartílago y cartílago elástico.
El cartílago hialino se halla en los cartílagos costales, en los de la tráquea y la laringe, y en los huesos en desarrollo. En las articulaciones sinoviales constituye las superficies articulares lisas y brillantes que disminuyen la fricción durante el movimiento.
La inclusión de fibras colágenas resistentes e inelásticas en la matriz constituye el fibrocartílago, más fuerte y flexible que el hialino. El fibrocartílago aparece en la articulación manubrioesternal, en los discos intervertebrales y en algunas articulaciones sinoviales como la de la rodilla.
El cartílago elástico, que se encuentra en el oído y en la epiglotis, es el tipo más flexible; está constituido casi por completo por fibras elásticas y su aspecto es amarillento.
El cartílago a veces se calcifica con el envejecimiento y se torna más duro y más rígido.
Hueso
El hueso constituye la base del esqueleto y se caracteriza por una matriz calcificada dura que le proporciona rigidez. En casi todos los huesos pueden distinguirse dos zonas: una cerca de la superficie, la capa cortical externa, que es sólida y que se denomina hueso compacto; y la otra, en la porción central del hueso, que presenta un aspecto trabeculado y recibe el nombre de hueso esponjoso. Muchos huesos tienen una cavidad central por la que va la médula ósea, zona potencial de formación de células sanguíneas.
El esqueleto está formado por numerosos huesos que difieren mucho en forma y tamaño, y que se clasifican en huesos largos (fémur, húmero), cortos (huesos del carpo en la mano), planos (cráneo), irregulares (maxilar) y sesamoides (rótula).
El hueso está recubierto por una capa delgada de tejido fibroso llamado periostio, al cual se fijan los músculos, los tendones y los ligamentos. El periostio genera células para el crecimiento y la reparación del hueso; posee; además; una inervación muy rica por lo que su sensibilidad al dolor es muy fina.
El hueso está bien irrigado, en parte por los vasos periósticos y en parte por las arterias nutricias, que entran en él por los agujeros nutricios e irrigan también la médula ósea. Cuando un hueso se fractura casi siempre sangra mucho, por la lesión de los vasos medulares y periósticos.
Las diferentes partes de un hueso largo reciben distintos nombres, según su desarrollo. La porción tubular (o diáfisis) se osifica primero y está separada por las placas de crecimiento de los centros secundarios de osificación (o epífisis), los cuales por lo general se localizan en los extremos del hueso.
Esqueleto
El esqueleto está constituido por huesos y cartílagos, unidos mediante articulaciones, que dan soporte al cuerpo y lo mantienen rígido. Presenta componentes axiales y apendiculares. Los primeros son el cráneo, la columna vertebral, las costillas, los cartílagos costales y el esternón. El esqueleto apendicular lo forman los huesos de las extremidades superior e inferior y los de sus respectivas cinturas.


 
 
El Esqueleto Humano

Articulaciones
Según su estructura, pueden distinguirse articulaciones fibrosas, cartilaginosas y sinoviales. En las primeras, relativamente inmóviles, los huesos quedan unidos por tejido fibroso (suturas entre los huesos del cráneo).
En las cartilaginosas, hay cartílago interpuesto entre los extremos óseos. Las articulaciones cartilaginosas primarias contienen cartílago hialino; en general, el movimiento que permiten es muy limitado, como el que se da entre las costillas y el esternón. En las secundarias los extremos óseos están unidos por fibrocartílago. Estas articulaciones, que suelen permitir mayor movilidad que las anteriores, se encuentran en la línea media del cuerpo; entre ellas cabe citar los discos intervertebrales ó la articulación manubrioesternal.
Articulaciones sinoviales
Las articulaciones sinoviales complejas, que por lo general contienen gran amplitud de movimiento, son las más comunes. El interior de éstas está revestido por la membrana sinovial, fina membrana vascular que secreta líquido sinovial hacia el espacio articular, con lo que nutre el cartílago y lubrica la articulación.


CRÁNEO
 


 
 
El cráneo
El cráneo es la parte de la cabeza que contiene el encéfalo y sus estructuras inmediatas. La bóveda craneal está formada por cuatro huesos planos. Hacia delante, se localiza el frontal; por detrás, el occipital, y a los lados, los parietales. El frontal y los dos parietales se unen por medio de la sutura coronal; los dos parietales se juntan en la línea media en la sutura sagital, y hacia atrás, los parietales se unen al occipital mediante una sutura lamboidea. Por debajo del borde del borde inferior del parietal, el ala mayor del esfenoides y la porción escamosa del temporal completan la pared lateral de la bóveda.
Los huesos que conforman la cara son el frontal, el maxilar superior, el tabique nasal y el maxilar inferior.
La articulación que une a estos huesos, ya fue nombrada antes, es del tipo fibrosa. Los huesos están unidos por la articulación a manera de suturas y carecen de movimiento, excepto la articulación del maxilar inferior, que es de tipo sinovial.
 

REGIÓN POSTERIOR DEL TRONCO
 
COLUMNA



 
 
Columna vertebral
En región posterior del tronco se encuentran las vértebras, las articulaciones y ligamentos intervertebrales y los músculos que cubren su cara posterior y sus caras laterales. La columna vertebral rodea la médula espinal y sus meninges.
La columna vertebral está constituida por las vértebras, que se clasifican por regiones en: cervicales (7), dorsales (12), lumbares (5), sacras (5 vértebras fusionadas para formar el sacro) y coccígeas (3-5). El cuerpo y el arco vertebral, constituido por los pedículos y las láminas, rodean el conducto vertebral, que a su vez envuelve a las meninges y la médula espinal. Los pares de apófisis articulares superiores e inferiores forman articulaciones sinoviales con las apófisis correspondientes de las vértebras adyacentes. Los cuerpos vertebrales se juntan mediante discos fibrocartilaginosos.
La columna vertebral presenta curvaturas en sentido anteroposterior. En el adulto, las vértebras dorsales, las sacras y las coccígeas configuran curvaturas de concavidad anterior (curvaturas primarias), mientras que las vértebras cervicales y lumbares dibujan curvaturas de concavidad posterior (curvaturas secundarias).
Los movimientos entre las vértebras adyacentes son bastante limitados; no obstante, la suma de todos ellos logra que la columna, en conjunto, disponga de una movilidad amplia. Tanto la flexión como la extensión tienen lugar a lo largo de toda la columna, pero resultan más evidentes en la región cervical. La flexión lateral es de mayor amplitud en las regiones cervical y lumbar, y la rotación se produce sobre todo en la región dorsal superior.


Generalidades de las vértebras
 
 
Vértebras cervicales
Las siete vértebras cervicales son relativamente pequeñas. Las apófisis transversas presentan el agujero transverso, por el que discurren los vasos vertebrales. Las apófisis espinosas ofrecen inserción a un fuerte ligamento elástico en la línea media, el ligamento nucal.
De las vértebras cervicales, cuatro presentan características típicas; en cambio, la primera, la segunda y la séptima son diferentes. Las vértebras típicas tienen apófisis espinosas cortas y bífidas, y sus apófisis transversas tienen tubérculos anterior y posterior. Las carillas de las apófisis articulares superiores se orientan en dirección oblicua, por lo que la rotación y la flexión lateral siempre se dan juntas.
La primera vértebra cervical, el atlas presenta arcos, apófisis transversas relativamente grandes y dos masas laterales. No tiene cuerpo y su apófisis espinosa es representada por un tubérculo. En la cara superior de las masas laterales se halla una carilla articular cóncava para los cóndilos convexos del hueso occipital. Las articulaciones occipitoatloideas posibilitan los movimientos de flexión y extensión (movimientos de asentimiento)
Las segunda vértebra cervical, el axis reúne algunas de las características de una vértebra cervical típica, pero tiene una proyección vertical única, la apófisis odontoides, que se proyecta hacia arriba desde la cara superior del cuerpo y representa el cuerpo del atlas. La apófisis odontoides se une mediante una articulación sinovial con el atlas. El plano de la articulación atloidoaxoidea posibilita la rotación de la cabeza, por ejemplo mirar a uno y otro lado.

Atlas Axis



Articulaciones occipitoatloideas y atloidoaxoidea


 
 
 
 
 
 


Las articulaciones de la columna cervical posibilitan, en conjunto, movimientos de flexión, extensión, rotación y flexión lateral.
 
Vértebras Dorsales
Los cuerpos de las vértebras dorsales van aumentando de tamaño de arriba hacia abajo. Los cuerpos presentan carillas costales características, que forman articulaciones sinoviales con las cabezas de las costillas. De forma típica, un cuerpo vertebral presenta un par de carillas a cada lado junto a la unión con el pedículo. La carilla superior se articula con la costilla cuyo número corresponda al de la vértebra. No obstante, la primera, la décima, la undécima y la duodécima vértebras presentan una sola carilla en cada lado y se articulan sólo con la costilla correspondiente.
Las apófisis transversas se proyectan hacia fuera y atrás y presentan de forma característica una carilla cerca de su extremo libre, para la tuberosidad de la costilla correspondiente. Las apófisis espinosas son largas y se inclinan en forma brusca hacia abajo. El plano de las articulaciones es casi vertical y posibilita la rotación. Sin embargo, todos los movimientos de la región dorsal de la columna están restringidos por la parrilla costal.
 


Vértebras lumbares
Las cuatro primeras vértebras lumbares son muy similares. El conducto vertebral es pequeño, pero los cuerpos vertebrales son relativamente grandes, con los lados cóncavos. Las apófisis transversas se adelgazan hacia los lados y se dirigen hacia fuera y atrás. Las apófisis espinosas presentan una disposición profunda y son rectangulares. Este tipo de disposición posibilita amplios márgenes de flexión, extensión y flexión lateral, pero limita mucho la rotación. La quinta vértebra lumbar se articula con el sacro y su configuración especial evita el desplazamiento anterior de la vértebra. Es posible que una o ambas apófisis transversas se fusionen con la porción superior del sacro, (sacralización de la quinta vértebra lumbar), lo que a veces dificulta la interpretación de las radiografías.
 


Vértebras sacras y coccígeas
El sacro es un hueso triangular, que resulta de la fusión de cinco vértebras. La cara superior del sacro parece la de una vértebra lumbar y contiene un disco lumbosacro. Por debajo del vértice del sacro se halla el cóccix, que puede estar constituido por un solo hueso pequeño o hasta por cuatro vértebras rudimentarias. El sacro y el cóccix se suelen articular por un disco intervertebral pequeño, pero a veces están fusionados. El sacro se inclina hacia abajo y hacia atrás, y es cóncavo hacia delante. Los pedículos y las láminas fusionados rodean al conducto sacro, de forma triangular al corte, el cual se abre hacia abajo en el hiato sacro, en forma de V invertida. Por fuera de los agujeros sacros se localizan las alas del sacro, que presentan una carilla articular para articularse con el ilion.
Aunque la articulación sacroilíaca es sinovial, permite muy poco movimiento debido a la irregularidad de las superficies articulares y al grosor del ligamento interóseo posterior. Además esta articulación está reforzada por los ligamentos sacroiíacos anterior y posterior, iliolumbar y sacrociáticos mayor y menor. El peso corporal, que actúa hacia abajo a través del disco lumbosacro tiende a rotar la porción inferior del sacro hacia atrás, movimiento que es impedido por los ligamentos sacrociáticos mayor y menor.
Discos intervertebrales
Los discos intervertebrales unen los cuerpos vertebrales adyacentes y funcionan como articulaciones fibrocartilaginosas a lo largo de toda la columna vertebral. Como los cuerpos vertebrales, los discos crecen de tamaño de forma gradual de arriba hacia abajo, siendo el mayor el lumbosacro, que se halla entre la quinta vértebra lumbar y el sacro. Cada uno de los discos consiste en un anillo laminar fibroso que circunda a un núcleo gelatinoso (pulposo). El núcleo pulposo se localiza más cerca de la superficie posterior del disco, por lo que si el disco se daña puede aparecer herniación posterior.
Ligamentos intervertebrales
Los discos intervertebrales están reforzados por ligamentos longitudinales anterior y posterior. Dichos ligamentos se insertan en los cuerpos vertebrales y en los discos intervertebrales, y se fijan por debajo en el sacro y por arriba en el cráneo o en las vértebras cervicales. Otros ligamentos unen las láminas, las apófisis espinosas y las apófisis transversas de las vértebras adyacentes. Los ligamentos amarillos unen las láminas en el interior del conducto vertebral. El alto contenido de tejido elástico da a estos ligamentos su coloración amarilla; tienen la función de ayudar a que la columna vertebral vuelva a la posición erecta después de la flexión. Los ligamentos interespinosos y supraespinosos unen las apófisis espinosas adyacentes de las vértebras dorsales y lumbares.
Los ligamentos interespinosos y supraespinosos son reemplazados en la región cervical por el ligamento nucal, que se extiende entre la cresta y protuberancia occipital externa del cráneo y las apófisis espinosas de las vértebras cervicales. Los ligamentos intertransversos juntan las apófisis transversas de las vértebras adyacentes. La articulación lumbosacra recibe el refuerzo del ligamento iliolumbar, que une la apófisis transversa de la quinta vértebra lumbar con la cresta ilíaca.



 

TÓRAX
El Tórax
El tórax es la región del tronco que comprende el esternón, los cartílagos costales, las costillas y las vértebras dorsales, junto con las estructuras que ellos protegen.
Las costillas, los cartílagos costales y el esternón constituyen una estructura semirrígida que ofrece inserción a varios músculos.
El esqueleto está formado por las 12 vértebras dorsales, los 12 pares de costillas, sus cartílagos costales y el esternón.
Las costillas tienen formas y tamaños diferentes, pero la mayor parte presenta características comunes, como ser una cabeza, un cuello, una tuberosidad y un cuerpo.
La cabeza es la parte que se articula con los cuerpos vertebrales dorsales. El cuerpo configura el resto de la costilla y termina hacia delante en una depresión poco profunda que recibe el cartílago costal.
Cartílagos costales
Todas las costillas tienen cartílagos costales. Los primeros siete pares de costillas (costillas verdaderas) se articulan con los bordes laterales del esternón. Los pares de costillas ocho, nueve y diez (costillas falsas) no llegan a este y se articulan con el cartílago de la séptima costilla. Los pares de costillas once y doce (costillas flotantes) tienen un extremo en punta y terminan libremente entre los músculos de la pared abdominal.
Esternón
El esternón es un hueso plano formado por el manubrio o mango, el cuerpo y el apéndice xifoides. El manubrio se articula con el extremo medial de las clavículas en la articulación esternoclavicular y con el primer cartílago costal. El manubrio y el cuerpo del esternón están unidos por una articulación cartilaginosa secundaria palpable (articulación manubrioesternal). Los bordes laterales del cuerpo del esternón tienen unas muescas para los cartílagos costales. El apéndice xifoides se encuentra en el ángulo subcostal y se proyecta hacia atrás y hacia abajo desde el cuerpo del esternón.

ESQUELETO APENDICULAR
Miembro Superior
El miembro superior constituye el sistema de la Defensa y la Prehensión. Todo el miembro superior se encarga de ubicar la mano en el espacio, lo que nos permite defendernos de una agresión, alimentarnos, fabricar y utilizar elementos (para lo cual debemos asirlos). Para ello la mano presenta la posibilidad de oponer el pulgar a los restantes dedos formando entre ellos una verdadera pinza, imprescindible para prehender los objetos.
El miembro superior se organiza en cuatro segmentos: cintura escapular, brazo, antebrazo y mano.
La cintura escapular es el conjunto osteoarticulomuscular que une el esqueleto axil (representado por el eje cráneo - vertebral) con el apendicular superior. El esqueleto de la cintura escapular está representado por la clavícula y la escápula. Las articulaciones son la esternocostoclavicular y la acromioclavicular. Es una región que debe aportar gran movilidad al mismo tiempo que una gran amplitud de movimientos.
El brazo está formado por un solo hueso, el húmero, que se relaciona con la cintura escapular por la articulación escápulohumeral y con el antebrazo por la articulación del codo.
El antebrazo presenta dos huesos, cúbito (interno) y radio (externo), que se articulan entre sí por medio de las articulaciones radiocubitales superior e inferior y le confieren al antebrazo su único movimiento propio, la pronosupinación. A su vez la articulación del codo relaciona el antebrazo con el brazo (de la que participan cúbito y radio junto con el húmero) y la articulación de la muñeca (entre el radio y el carpo) el antebrazo con la mano.
La mano, el sector más refinado del miembro superior, presenta tres sectores, que de proximal a distal son muñeca, palma y dedos. La muñeca tiene un conjunto de huesos cortos, que constituyen el carpo, los que se articulan, hacia delante con los metacarpianos, que constituyen es esqueleto de la palma, luego le siguen los huesos de los dedos, que son las falanges.
Articulaciones de la clavícula y del hombro
La gran movilidad que presenta el brazo se logra gracias a tres articulaciones, el movimiento tiene lugar entre el húmero y la escápula en la articulación del hombro (escápulohumeral), y la escápula se mueve sobre la pared torácica mediante las articulaciones de los extremos de la clavícula. Aunque los músculos insertados en la clavícula son escasos, en la escápula y en el extremo proximal del húmero se insertan muchos, lo que contribuye a al movimiento de las articulaciones claviculares; de hecho, el movimiento de la articulación del hombro se asocia casi siempre con el movimiento de las articulaciones esternoclavicular y acromioclavicular.





HUESOS DEL BRAZO
Articulaciones claviculares
Las articulaciones esternoclavicular y acromioclavicular son subcutáneas y se pueden palpar sin dificultad en el sujeto vivo; ambas presentan cápsulas tubulares recubiertas por membrana sinovial.
En la articulación esternoclavicular, el extremo medial de la clavícula se articula con la escotadura del borde superior del manubrio esternal, y con el primer cartílago costal. La articulación es dividida por un disco fibrocartílago, que se inserta por su extremo superior en la clavícula, por el inferior en el primer cartílago costal y, por su periferia, en la cápsula articular. La articulación tiene dos ligamentos accesorios: el interclavicular, por encima de la cápsula, une los extremos mediales de las clavículas. El ligamento costoclavicular (romboidal), inmediatamente lateral a la articulación, fija con firmeza a la clavícula al primer cartílago costal. La estabilidad de la articulación es regulada por el disco de fibrocartílago y por los ligamentos accesorios, que limitan tanto el desplazamiento medial como la elevación del extremo medial de la clavícula.
En la articulación acromioclavicular, el extremo lateral de la clavícula se articula con la cara profunda del acromion. La cápsula articular se inserta en los bordes de las superficies articulares. La estabilidad de la articulación es regulada principalmente por el potente ligamento coracoclavicular, que une la apófisis coracoides con la cara inferior de la clavícula.
 
Los movimientos son los siguientes:
El extremo lateral de la clavícula puede subir o bajar y desplazarse hacia delante y hacia atrás. Los ejes de estos movimientos se encuentran en los ligamentos costoclavicular y coracoclavicular, y no tanto a través de las articulaciones claviculares. De este modo, el extremo medial de la clavícula sube durante el descenso de la escápula y se mueve hacia atrás cuando la escápula se desplaza hacia delante. La abducción completa de la extremidad superior requiere la rotación de la escápula, de forma que la cavidad glenoidea se incline hacia arriba. La rotación de la clavícula de 40° a nivel de la articulación esternoclavicular suplementa los 20° de movimiento disponibles en la articulación acromioclavicular y posibilita que la escápula gire en un arco de unos 60°.

Articulación del hombro
La articulación del hombro (escápulohumeral) es sinovial del tipo enartrosis (esférica) y permite un amplio espectro de movimiento. La cabeza hemiesférica del húmero se orienta hacia adentro y hacia atrás y se articula con la cavidad glenoidea de la escápula, cuyo tamaño es mucho menor.
La membrana sinovial envuelve la cápsula fibrosa y recubre la porción intracapsular de la diáfisis humeral.
Los movimientos son los siguientes:
Flexión, extensión, abducción, aducción, rotación interna y rotación externa. Todos con gran amplitud.
Articulación del codo
El codo es una articulación sinovial troclear entre el extremo distal del húmero y los extremos proximales del radio y el cúbito. Hacia fuera el cóndilo humeral se articula con la superficie algo cóncava de la cabeza del radio. Hacia adentro, la tróclea humeral se articula con la profunda cavidad sigmoidea mayor del cúbito.
La cápsula está envuelta por la membrana sinovial y también lo están las proyecciones adiposas de las fosas radial, coronoidea y olecraneana.
Hay dos ligamentos laterales, el externo (radial) y el interno (cubital). El factor determinante de la estabilidad de la articulación es la integridad de estos ligamentos, que mantienen firmemente la unión entre la tróclea humeral y la cavidad sigmoidea mayor.
En la articulación del codo sólo se producen movimientos de flexión y extensión.
Articulaciones radiocubitales
En las articulaciones radiocubitales proximal y distal, que son sinoviales, se articulan el radio y el cúbito. En la articulación proximal, la cabeza del radio se articula con la cavidad sigmoidea del cúbito.
La articulación radiocubital distal tiene lugar entre la cabeza del cúbito y la cavidad sigmoidea del radio.
A nivel de estas articulaciones, los movimientos de supinación y pronación pueden describir un arco de unos 180°. Durante la pronación, el radio rota cruzando el cúbito y gira el antebrazo y la mano, de manera que la palma se orienta hacia atrás. La supinación coloca de nuevo el segmento del miembro en posición anatómica. El eje del movimiento atraviesa la cabeza del radio y la apófisis estiloides del cúbito.

HUESOS DE LA MANO


 
 
Articulación de la muñeca
La movilidad de la mano sobre el antebrazo es posible gracias a un grupo de articulaciones sinoviales. Casi todo el movimiento tiene lugar en la articulación radiocarpiana (de la muñeca), a la que suplementan los movimientos entre los propios huesos del carpo.
Articulación radiocarpiana
En esta articulación, el extremo distal del radio, con su disco articular, se articula con los huesos de la hilera proximal del carpo, que incluye, de afuera hacia adentro, al escafoides, al semilunar y al piramidal. La cápsula se inserta en los bordes de las superficies articulares y es reforzada por los ligamentos laterales.
Articulaciones del carpo
Los huesos del carpo se disponen en dos hileras: la proximal, formada de afuera hacia adentro por el escafoides, el semilunar, el piramidal y el pisiforme, y la hilera distal, constituida por el trapecio, el trapezoide, el hueso grande y el ganchoso.
Las articulaciones entre los huesos del carpo están reforzadas por los ligamentos anteriores, posteriores e interóseos. Las cavidades de estas articulaciones suelen estar intercomunicadas y funcionan como una unidad que recibe el nombre de “articulación mediocarpiana”.
Los movimientos de las articulaciones radiocarpiana e intercarpiana son complementarios y permiten la flexión, la extensión, la aducción y la abducción de la mano sobre el antebrazo.
Articulaciones de la mano
Las articulaciones carpometarcarpianas, metacarpofalángicas e interfalángicas son sinoviales y posibilitan las diversas funciones de la mano, incluidos los complicados movimientos que intervienen en la prensión de objetos.
Articulaciones carpometacarpianas
Hay tres articulaciones carpometacarpianas independientes, una para el pulgar y dos para el resto de los dedos. La articulación entre el primer metacarpiano y el trapecio dispone de superficies articulares en forma de silla de montar. Esta articulación posibilita los movimientos de flexión y extensión, en un plano paralelo a la palma, y los de aducción y abducción, en plano perpendicular al de la misma. Durante la oposición (combinación de rotación interna, aducción y flexión) el pulgar rota de forma que puede tocar una a una cualquiera de las yemas de los dedos.
Las otras dos articulaciones carpometacarpianas son planas y menos móviles que la primera.
Articulaciones metacarpofalángicas
Estas articulaciones se dan entre las cabezas redondeadas de los metacarpianos y las bases cóncavas de las falanges proximales.
Cada una de las articulaciones está reforzada lateralmente por los ligamentos laterales. Las articulaciones posibilitan movimientos de flexión, extensión, aducción y abducción. Como los ligamentos laterales se tensan durante la flexión, los movimientos de aducción y abducción sólo pueden realizarse en la posición de extensión.

Miembro inferior
Constituye el sistema de la bipedestación, el equilibrio y la marcha. La arquitectura particular del miembro inferior permite que, a diferencia de otros mamíferos podamos sustentar el peso de nuestro cuerpo sobre dos miembros (bipedestación), a la vez que sirven para la locomoción (marcha) y en todo momento se distribuye, adaptándose a la situación, el peso del cuerpo (equilibrio). Todo el miembro inferior se encarga de ubicar el pie en el espacio.
El miembro inferior se organiza en cuatro segmentos: cintura pelviana, muslo, pierna y pie.
La cintura pelviana está formada por ambos huesos coxales y el sacro. Es una estructura de gran solidez que contiene a los órganos genitales internos y las porciones terminales de los aparatos urinario y digestivo. Sirve de inserción a músculos responsables de la posición erecta, de la pared del abdomen y del miembro inferior. Recibe a través del sacro, soporta y distribuye a través de las articulaciones coxofemorales el peso del cuerpo hacia los miembros inferiores.
El muslo posee un solo hueso, el fémur, que se relaciona con la cintura pelviana mediante la articulación coxofemoral y con la pierna por la articulación de la rodilla.
La pierna está formada por dos huesos, uno interno, la tibia, y otro externo, el peroné, que se articulan mediante las articulaciones tibioperoneas superior e inferior. La pierna se comunica con el muslo a través de la articulación de la rodilla (articulación en la que participan fémur, tibia y rótula) y con el pie por la articulación de la garganta del pie (tibioperonea astragalina.
El pie es la porción terminal del miembro y en el que se reconocen tarso, metatarso y dedos.
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HUESOS DE LA PIERNA


 

Articulación de la cadera
Se trata de una articulación sinovial esférica entre la cabeza del fémur y la cavidad cotiloidea del hueso coxal (ilíaco).
La cabeza femoral está revestida por cartílago hialino. La cabeza sobresale del cuello femoral, cuya base termina en la cara del trocánter mayor. En la profunda cavidad cotiloidea (coxal) las superficies articulares están revestidas en cartílago hialino y en sus bordes se inserta el ligamento redondo.
Los ligamentos iliofemoral, pubofemoral e isquiofemoral son engrosamientos capsulares dispuestos en forma espiral hacia abajo desde el hueso coxal hasta el fémur. El fuerte ligamento iliofemoral tiene forma de “Y” invertida. Su base se inserta en la espina ilíaca y sus dos brazos, en los extremos de la línea intertrocantérica.
El ligamento pubofemoral va desde la eminencia iliopectínea hasta la porción del cuello femoral situada justo por encima del trocánter menor. El isquiofemoral se ubica en la cara posterior y alcanza la base del trocánter mayor.
Dentro de la articulación de encuentra el ligamento redondo, con forma de cono aplanado, cuya base se inserta en el borde de la cavidad cotiloidea. Su vértice lo hace en la cabeza del fémur.
La membrana sinovial tapiza el interior de la cápsula y las superficies no articulares de la articulación, también cubre el ligamento redondo y se refleja sobre las fibras retinaculares y cuello femoral hasta la cabeza.

Movimientos
La articulación de la cadera es multiaxial, y permite realizar movimientos de flexión, extensión, aducción, abducción, rotaciones externa e interna y circunducción.
Estabilidad
Esta articulación debe en gran parte su firme estabilidad a la morfología de los huesos que la configuran y de la situación profunda de la cabeza femoral en la cavidad cotiloidea. Otros factores que también influyen son los ligamentos y el tono del los músculos que cruzan la articulación.
Articulación de la rodilla
La articulación de la rodilla es una articulación sinovial entre el extremo distal del fémur, el extremo proximal de la tibia y la cara posterior de la rótula. Es una articulación troclear con un grado amplio de flexión y extensión y con rotaciones interna y externa limitadas. Se trata de una articulación relativamente superficial por sus caras anterior y laterales, donde algunas de las estructuras óseas pueden palparse. En cambio, su parte posterior, dispuesta en profundidad en el hueco poplíteo, no puede palparse.
Por la cara anterior, el ligamento rotuliano se extiende entre el vértice de la rótula y la tuberosidad anterior de la tibia. Se puede palpar con facilidad y sirve en clínica para explorar el reflejo de estiramiento (reflejo rotuliano).
Las superficies articulares son los cóndilos externo e interno del fémur, que están cubiertos por cartílago hialino. Dichas superficies se articulan con los cóndilos respectivos de la tibia. Por la cara anterior del fémur se dispone la superficie articular para la rótula (tróclea). Por detrás, la profunda escotadura intercondílea separa los cóndilos.
La cápsula articular, delgada por sus caras anterior y posterior, recibe a los lados el fuerte refuerzo de los ligamentos laterales. Hacia los lados del fémur la inserción capsular se extiende hasta los epicóndilos. Por detrás se inserta en el borde superior de los cóndilos y en la línea intercondílea.
A los lados de la tibia, la cápsula se inserta próxima a los bordes articulares. Las porciones laterales se la cápsula que unen de forma laxa los bordes superficiales de los meniscos al fémur y la tibia reciben el nombre de ligamentos coronarios.
Meniscos
Los meniscos interno y externo son de forma semilunar. Sus astas anterior y posterior se insertan en la superficie intercondílea de la tibia y sus bordes superficiales se unen a la cápsula articular (ligamentos coronarios). Difieren en tamaño y forma, el interno es el más estrecho y algo más largo, de forma que sus astas abrazan las del menisco externo.
La articulación de la rodilla es muy estable, gracias sobre todo a al tono de los músculos, en especial del cuádriceps, y a los ligamentos. Los ligamentos cruzados estabilizan el fémur sobre la tibia e impiden el desplazamiento anteroposterior excesivo. Los ligamentos laterales facilitan la estabilidad lateral y medial, y el ligamento iliotibial estabiliza a la rodilla durante la extensión. Todos estos ligamentos, junto con el poplíteo oblicuo, impiden la hiperextensión.

Articulaciones tibioperoneas
La tibia y el peroné permanecen unidos gracias a las articulaciones tibioperoneas proximal y distal y también a una membrana interósea que une los interóseos de ambos huesos y separa los compartimentos flexor y extensor de la pierna.
La articulación tibioperonea superior es una articulación sinovial de tipo artrodia entre el cóndilo externo de la tibia y la cabeza del peroné,
La cápsula articular está reforzada por los ligamentos anterior y posterior.
Las superficies opuestas en los extremos inferiores de la tibia y el peroné permanecen juntas mediante el ligamento interóseo.
El tobillo se estabiliza por los ligamentos de la articulación tibioperonea inferior, que impiden la separación de los maléolos.
En las articulaciones tibioperoneas se da un movimiento escaso, pero la rotación ligera del peroné a aveces acompaña a la flexión y extensión del tobillo.
Articulación del tobillo
La articulación del tobillo es una articulación sinovial troclear entre los extremos inferiores de la tibia y el peroné con la superficie superior del astrágalo. Todas las superficies articulares están cubiertas por cartílago hialino. La superficie articular proximal está formada por la cara articular del extremo de la tibia y la de los maléolos interno y externo, que se unen y forman un hueco profundo. La cavidad es más amplia por delante que por detrás y se articula de forma armónica con el astrágalo.

Movimientos
En la articulación del tobillo tienen lugar sólo movimientos de flexión (flexión plantar) y extensión (flexión dorsal) en torno a un eje transversal entre ambos maléolos.
La gran estabilidad de esta articulación se debe a la formación de cuña de sus superficies articulares (cavidad tibioperonea) y a los fuertes ligamentos laterales.
 
Articulaciones del pie
Todas las articulaciones del pie son sinoviales y su forma guarda relación con su movilidad.
Articulaciones del tarso
Aunque estas articulaciones se dan entre los huesos individuales, suelen clasificarse por grupos, según su localización. El grupo posterior del tarso incluye las articulaciones entre el astrágalo y el calcáneo. El grupo mediotarsiano incluye las que se dan entre el astrágalo y el escafoides, por la parte media del pie, y entre el calcáneo y el cuboides, por el lado lateral. Las articulaciones anteriores del tarso incluyen las del escafoides, las tres cuñas y el cuboides. Todas ellas muy estables.
Articulación astragalocalcánea
Hay dos articulaciones entre el astrágalo y el calcáneo, cada una con su propia cavidad sinovial. Hacia atrás, se localiza una articulación en silla de montar entre la superficie convexa del calcáneo y la superficie cóncava del astrágalo. Por la parte anteromedial, dos pequeñas carillas del calcáneo se articulan con las carillas correspondientes del astrágalo.

HUESOS DEL PIE
 




 
Articulación astragaloescafoidea
La cabeza del astrágalo se articula con la cavidad del escafoides configurando una articulación sinovial esférica. Su cavidad articular comunica con la de la articulación anteromedial entre el astrágalo y el calcáneo. La combinación de ambas articulaciones, la cual envuelve la cabeza del astrágalo, recibe el nombre de articulación astragalocalcaneoescafoidea.
Articulación calcaneocuboidea
En esta articulación sinovial artródica, la carilla anterior del calcáneo se articula con la carilla posterior del cuboides.

Otras articulaciones del tarso
Son articulaciones artrodiales entre superficies opuestas del escafoides, las tres cuñas y el cuboides. Sus cavidades articulares se intercomunican libremente.
Movimientos
La astragalocalcaneoescafoidea es la más móvil de las articulaciones tarsales. Su forma esférica posibilita la rotación a través de un eje oblicuo que pasa a través de la cabeza y cuello del astrágalo. Esta rotación, junto con los movimientos de deslizamiento de las demás articulaciones del tarso, permite que la parte anterior del pie rote en relación a la parte posterior. Estos movimientos de rotación elevan los bordes medial o lateral del pie. La elevación del borde medial se llama inversión, y la elevación del borde lateral se llama eversión.
Debido al eje oblicuo de la articulación astragalocalcaneoescafoidea, la inversión del pie se produce siempre con flexión plantar y aducción del pie, mientras que la eversión se da siempre con dorsiflexión y abducción. Estos movimientos adicionales se compensan a veces con otros simultáneos de las demás articulaciones. Así, la flexión plantar que acompaña a la inversión del pie se puede compensar con una ligera dorsiflexión del tobillo, mientras que la aducción puede quedar compensada por rotación externa de la pierna, a nivel de las articulaciones de la rodilla y cadera.
Articulaciones tarsometatarsianas e entermetatarsianas
Son articulaciones sinoviales artrodiales en las que las bases del cuarto y quinto metatarsianos se articulan con el cuboides, mientras que las del primero, segundo y tercero lo hacen con la cuña correspondiente. Los ligamentos dorsales, plantares e interóseos refuerzan las cápsulas articulares. Estas articulaciones posibilitan movimientos de desplazamiento durante las alteraciones en la altura de los arcos.
Articulaciones metatarsofalángicas e interfalángicas
En todas las articulaciones metatarsofalángicas (sinoviales condíleas) las cabezas de los metatarsianos se articulan con las bases de las falanges proximales, con su placa fibrocartilaginosa plantar asociada. La cápsula articular envuelve las superficies articulares y está reforzada a los lados por los ligamentos laterales y en sentido dorsal por la expansión extensora. Los principales movimientos son la flexión y la extensión. Se dan también movimientos mínimos de abducción y aducción. La articulación metatarsofalángica del primer dedo soporta el peso del cuerpo durante la marcha.
Las articulaciones interfalángicas son sinoviales y posibilitan los movimientos de flexores y extensores.
Los huesos del tarso y del metatarso configuran dos arcos longitudinales, el interno y el externo. El primero es el más alto, forma el empeine y está constituido por el astrágalo, el calcáneo, las tres cuñas y los tres metatarsianos mediales. El arco externo está formado por el calcáneo, el cuboides y los dos metatarsianos laterales. Cada arco presenta un pilar anterior y otro posterior, que transmiten el peso del cuerpo hacia el suelo.


TEMAS ASOCIADOS
Raquitismo
El raquitismo es una enfermedad producida por déficit nutricional, caracterizada por deformidades esqueléticas. Está causado por un descenso de la mineralización de los huesos y cartílagos debido a niveles bajos de calcio y fósforo en la sangre. La vitamina D es esencial para el mantenimiento de unos niveles normales de calcio y fósforo.
El raquitismo clásico es una enfermedad carencial de la infancia caracterizada por desarrollo inadecuado o fragilización de los huesos. Está producido por una cantidad insuficiente de vitamina D en la dieta, o por ciertas enfermedades que impiden la asimilación de las sales de calcio por la eliminación excesiva en el riñón de calcio y fósforo o por radiación ultravioleta solar insuficiente, lo que bloquea la conversión en la piel de 7-dehidroesteroles, tales como ergosterol y 7-dehidrocolesterol, que originan las vitaminas D2 (ergocalciferol) y D3 (colecalciferol) respectivamente.
En adultos, la deficiencia de vitamina D se manifiesta como osteomalacia (reblandecimiento de los huesos), trastorno debido a la mineralización inadecuada del hueso. En los niños existe un fracaso adicional de la mineralización del cartílago de crecimiento en los extremos de los huesos. El hueso nuevo inadecuado es propenso a deformarse. El tipo de deformidad esquelética depende en gran medida de la edad del niño cuando se produce la deficiencia de vitamina D. En general, se deforman los tobillos y las muñecas y aparecen abultamientos en las costillas formando el llamado rosario raquítico; la cabeza se agranda y el tórax se estrecha. Un niño que todavía no ha aprendido a andar desarrolla deformidades vertebrales, mientras que un niño que ya anda las desarrolla en las piernas. El sistema nervioso también sufre alteraciones, los niños afectados son irritables, tienen dificultades para dormir y presentan sudoración excesiva. Las alteraciones producidas en los músculos provocan el abultamiento del vientre, característico de esta enfermedad.

Fractura (anatomía)
Es la rotura en un hueso o en un cartílago osificado. La fracturas simples o cerradas no son visibles en el exterior. Las fracturas complicadas o abiertas implican la solución de continuidad de la piel por lo que es frecuente la exposición del hueso.
La fractura es simple o compuesta según el número de roturas presentes en el mismo hueso. Las fracturas son completas si la rotura abarca todo el hueso, o incompletas ('tallo verde') si la fractura no interrumpe del todo su continuidad, con desviación o aplastamiento del hueso. Las fracturas incompletas se observan con más frecuencia en los niños pequeños, cuyos huesos están dotados de más elasticidad. La mayor parte de las fracturas están causadas por un traumatismo, aunque también pueden ser consecuencia de una actividad normal como lanzar una pelota.
Los síntomas comunes de una fractura son dolor local intenso, hipersensibilidad e inflamación, con algún grado de deformidad. El único medio que permite detectar y definir con precisión el tipo de fractura son los rayos X.
La infección de una fractura abierta se trata con antisépticos y antibióticos. Si los fragmentos están próximos, se utiliza el estiramiento o la tracción para vencer la poderosa fuerza de los músculos y conseguir su alineación. Estas maniobras reciben el nombre de reducción de una fractura. Si no se consigue una alineación adecuada, se opera y se unen los fragmentos con tornillos, clavos, agujas, alambres o placas metálicas. Esta reducción se denomina abierta. Una vez realineados los fragmentos se aseguran desde el exterior con una escayola (yeso) o férula para inmovilizar la fractura y acelerar la consolidación. Durante el proceso de consolidación, el organismo forma tejido nuevo para unir los fragmentos fracturados. Los minerales se depositan en el tejido endureciéndolo para formar una estructura ósea nueva.

Osteoporosis


 

 
El hueso de la derecha, que forma parte de una vértebra lumbar, tiene osteoporosis y es mucho más delgado y poroso que el hueso sano de la izquierda.
Osteoporosis
Es una enfermedad que afecta al hueso, caracterizada por una disminución de la masa ósea. Los huesos afectados son más porosos y se fracturan con más facilidad que el hueso normal. Son frecuentes las fracturas de muñeca (radio), vértebras y cadera, aunque puede aparecer en cualquier hueso. Las mujeres de raza blanca son las más susceptibles de padecer la enfermedad. Otros factores de riesgo pueden ser la inadecuada ingestión de calcio, actividad física insuficiente, ciertos medicamentos (como los corticoides), o antecedentes familiares de osteoporosis. La forma más frecuente de la enfermedad es la osteoporosis primaria. Se refiere a la osteoporosis posmenopáusica, o por déficit de estrógenos (Tipo I) que se observa en mujeres cuyos ovarios han dejado de producir hormonas (estrógenos). Otros tipos pueden ser osteoporosis relacionada con la edad (Tipo II), que afecta a las personas mayores de 70 años, y la osteoporosis idiopática, enfermedad poco frecuente, de causa desconocida, que afecta a las mujeres premenopáusicas y a los hombres jóvenes o de mediana edad. La osteoporosis secundaria puede estar causada por inactividad debida a parálisis u otras causas como la ingravidez espacial, enfermedades endocrinas y nutricionales, tales como la anorexia nerviosa, enfermedades específicas y ciertos medicamentos. La prevención y el tratamiento de la osteoporosis incluye la administración de estrógenos, progesterona o ambos, en mujeres posmenopáusicas, suplementos de calcio y otros nutrientes, ejercicio y nuevos fármacos como la calcitonina.
 
Bibliografía consultada
Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation.
Anatomía humana. Mosby / Doyma Libros Texto y Atlas en color.
Apuntes de la materia Anatomía de la Nutrición, cátedra Cherniuk, 1997 

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