“LA BAYADERA” de Minkus-Petipa.



“LA BAYADERA” de Minkus-Petipa.

 

Un ballet de la transición  Romanticismo-Academicismo en el Imperio Ruso.
Por Enrique Honorio Destaville
 
Es ésta una obra creada en la Rusia zarista por el famoso Marius Petipa. El bailarín y coreógrafo francés establecido en San Petersburgo, quien por más de treinta años fue la figura principal del Ballet Imperial, ha sido también el creador de un verdadero estilo: el academico.  Sin embargo, Petipa era un hombre del romanticismo. Él mismo fue intérprete de obras de aquel período, también había laborado muy cerca de Jules Perrot (copartícipe de la coreografía de“Giselle” y único de “La Esmeralda”) y de Arthur de Saint-Leon (“Coppelia”), mientras ambos habían cumplido tareas de coreógrafos y maestros en San Petersburgo.
Petipa utilizó un molde de evidente influencia romántica, pero obligado por las exigencias del público incluía en sus ballets una serie de “pas de deux” o “divertissements” que nada tenían que ver con el argumento de aquéllos. En cambio, ofrecían al poderoso público momentos de gran excitación puesto que se trataba de puro virtuosismo técnico (“morceaux de bravoure” como le llamaban los franceses). Pero de la perfección que imponía en los pasos, surgía una verdadera belleza formal, poesía pura que se daba plenamente cuando sus intérpretes eran los notables artistas que formó en la Escuela Imperial.
En el caso particular de “La Bayadera”, Petipa lleva la acción al oriente que tanto seducía por entonces con su exotismo. La protagonista es Nikya, bayadera de la India enamorada perdidamente de un príncipe (Solor) que en realidad debe casarse con la hija del rajá gobernante. Intervienen también el gran sacerdote de la religión brahmánica, quien también la desea, y la maléfica hija del rajá (Gamzatti) la que no dudará en hacer morir a Nikya mordida por un áspid venenosa. Todo eso transcurre en la realidad, pero el molde romántico cristaliza cuando aquélla, ya muerta, aparece en el más allá irreal, el reino de las sombras. En esa escena, magnífico anticipo de ballet sinfónico concebido por Petipa, tiene lugar el muy lírico pas de deux de los protagonistas, éste sí con un gran sentido de integración a la acción argumental.
El coreógrafo trabajó estrechamente con el compositor León Minkus. Lo curioso  es que por casi un siglo se había creido que el músico austríaco (fallecido en 1917) se llamaba Ludwig. Estudios recientes han demostrado que su verdadero nombre era Alois Leon Minkus. Ludwig o Alois Leon ha sido implacablemente criticado por su “débil inspiración”. Realmente, su música es perfecto sostén de la coreografía y, si bien en algunos momentos deja traslucir la métrica obligada por Petipa sin llegar a las altas cumbres de la composición, en otros demuestra cierta autonomía, tendiendo hacia un sinfonismo incipiente. Ciertamente, sus ritmos valseados no dejan de ser pegadizos y de agradable melodía otros.
El origen de la palabra “bayadera” nos remonta a la llegada a la India de los primeros navegantes portugueses conducidos por Vasco da Gama. En realidad, estas mujeres consagradas a la danza por la religión son llamadas “devadasi” y llamaron de inmediato la atención de los portugueses por sus seductores y originales movimientos no carentes de refinamiento, algunos de características religiosas. Para los visitantes, ellas eran “bailadeiras”, en la cadenciada lengua de Camoens. Alterada la pronunciación en Europa, “bailadeiras” pasó a ser “bayaderas”, y de allí el título de este ballet de Petipa, estrenado en San Petersburgo el 4 de febrero de 1877. El Teatro Colón de Buenos Aires ha incorporado a su repertorio (al comienzo de la década de 1990) la brillante versión abreviada de Natalia Makarova, quien bien conoció la versión original por haberla bailado en el Ballet Kirov, al cual perteneció hasta su radicación en occidente, donde fue estrella del American Ballet Theatre e invitada a los principales teatros del mundo.


La Bayadera Por Angel Fumagalli
La armonía entre religión y filosofía constituye una de las características más notables y perdurables de las culturas del lejano Oriente y, en particular, de la India. Esa armonía lleva a una consecuencia artística que, a la luz del concepto occidental, no sería tal sino una forma de rito. Una oración, elaborada a través del lenguaje estético, que trasciende el ámbito propio del arte. Se torna difícil disociar uno de otro, pero comprender esta premisa resulta imprescindible; sin ella, todo estudio del tema se tornaría superficial, aproximativo, incompleto. La música, la danza y la poesía son para el hombre oriental medios de refinada elocuencia y sutileza para penetrar en el mundo de las divinidades. A su vez, las propias criaturas sagradas habrían sido las creadoras y transmisoras de esos lenguajes en los que perduran los episodios de su historia. Ello los torna esencial-mente perfectos e inmutables. Nunca librados a la fantasía, sino eternamente jóvenes en su milenaria tradición, que asciende al momento mismo en que el dios, (Shiva Nataraja) organizó el universo a través de su danza. En ese contexto brilla la fascinante figura de la devadasi (servidora de Dios), denominada asimismo "bayadera", como deformación del portugués "bailadeira"–de "bailar", claro–. Una doncella consagrada desde niña a la divinidad, como esposa y partícipe de las grandes ceremonias del culto, cuyo adiestramiento implicaba una rigurosa disciplina artística que abarcaba la danza como materia fundamental y otros conocimientos complementarios. La danza de la devadasi era el canto de líneas corporales que narraba la historia sagrada y complacía a los dioses. Ofrenda estética que hacía de estas esposas del Dios, figuras de elevada jerarquía en la estructura social de la antigua civilización india. Si bien los acontecimientos históricos indios no siempre fueron favorables a la existencia de estas danzarinas consagradas al templo (como lo demuestra su misma abolición en 1947), la conciencia de sus valores testimoniales de la espiritualidad y genio artístico de la India, le han otorgado una renovada juventud y vitalidad. Hoy, las devadasi y todo lo que ellas representan, constituyen tesoros patrimoniales amados y estudiados con profunda conciencia nacional. Porque la cualidad ritualística de las devadasi no ha desaparecido totalmente, sino que atraviesa los siglos para hablar a los hombres de este milenio. Sin el templo, sin la divinidad adorada, su arte tiene aún la misión de transmitir esa inspiración y esa maestría legadas por los dioses, y traducir en los jeroglíficos de líneas, gestos y poses un mensaje de alta espiritualidad que se torna universal. A través de los tiempos, la seducción de las devadasi o bayaderas permanece vigente. Su identificación con el misterio y lo inaccesible, así como la atmósfera de castidad consagrada y la maestría enigmática de su técnica coreográfica son factores sustanciales de esa atracción. La seducción de lo prohibido las torna codiciables para el profano, como un ideal inalcanzable que genera afiebradas fantasías. Ese Oriente lejano, esa India a menudo bastardeada por el abuso del exotismo y el color local y por el conocimiento epidérmico de una cultura compleja, ha generado, no obstante, piezas del teatro musical occidental impregnadas de noble y refinada inspiración. No puede desdeñarse el encanto de Lakmé de Léo Delibes y su honesta exposición del conflicto entre culturas contrastadas, o la trágica grandeza de Padmâvàti de Albert Roussel, exponente de todos los recursos de la opéra-ballet, vista con criterio contemporáneo. En el mismo sentido también se impone la presencia de La bayadera, ballet de Marius Petipa sobre libreto de Serguei Khudekov, estrenado en San Petersburgo en 1877. Sin duda, la extensa y desigual partitura de Ludwig Minkus para el ballet, no es un factor que agregue autenticidad a los trágicos amores de la bayadera Nikya y el guerrero Solor, pero preserva cierta rítmica y cierto color oriental que resultan evocadores. Es verdad que el libreto de Khudekov no es precisamente original, pero ese drama de amores contrariados, celos, crimen y expiación no carece de sensibilidad y principios loables.


"La bayadera" en el Colón, 1997 Coreografía: Natalia Makarova, según Marius Petipa Algo de moral edificante se eleva de esa intriga tan tributaria de un gusto colectivo que inspiró también los argumentos de La vestale de Spontini y Norma de Bellini, con su exaltación del castigo por la pureza mancillada, o el de Aída de Verdi, que expone la fuerza implacable del poder (religioso y temporal) sobre el destino de las criaturas humanas. Petipa trabajó en su Bayaderka como un gran dramaturgo de la danza, y su ballet fraterniza tanto con sus modelos románticos franceses (Giselle, La fille du Danube, La Esmeralda), como con la estética de la grand opéra de Meyerbeer. Ballet "de gran espectáculo", impone extensas secuencias narrativas a cargo de la pantomima, números de danza clásica pura (variaciones, pas de deux, pas d’ action, danzas de ensambles, etcétera), de primer orden y rigurosa factura, y da pie a toda la suntuosidad escenográfica y el impacto de la maquinaria escénica, con cuadros célebres como el de la destrucción del templo y la apoteosis final. Obra del tardorromanticismo ruso y tributaria de la evolución académica, la bayadera tiene las características propias de la transición. Cualidades y debilidades que llaman la atención del espectador contemporáneo que debe, con inteligencia, comprender sus convencionalismos para profundizar en la nobleza de su mensaje y en sus valores trascendentes. El desarrollo dramático puede haber perdido convicción, el color oriental puede haber visto acentuada su dudosa pureza y la ingenuidad de su música puede asombrar a un oyente contemporáneo, pero la danza clásica logró conformar, en el llamado "Cuadro de las Sombras", uno de sus monumentos más perfectos que, por si solo, justifica la existencia de la obra en la historia del ballet. Allí está el "sinfonismo coreográfico", la autoridad de un concepto y el triunfo de una estética llevada a sus máximas posibilidades. Es probable que, así como lo han hecho las pasadas generaciones, las futuras continúen inclinándose ante la belleza hipnótica de esas bailarinas ataviadas de blanco que, una tras otra, planean sobre el escenario en un número que se torna infinito, para evocar la memoria de las devadasi. Las sombras de las bayaderas que envuelven a Solor, entregado a la evasión del opio ante el recuerdo de la amada muerta, es el legado más notable de La bayadera y el real motivo de su supervivencia, más allá de sus muchos anacronismos. A través de esta sublimación, las legendarias devadasi retienen su romántica fascinación. Sombras que llegan de la oscuridad de los antiguos tiempos.


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Ballet La Bayadera

Es una de las obras del repertorio clásico que forma parte de las grandes compañías del mundo, la cual presenta la peculiaridad de que contiene uno de los temas que fascinaron a los románticos del siglo XIV, la visión idealista del Oriente donde la bailarina hindú emerge para realizar su rito sagrado antes de retirarse al misterioso mundo de las sombras.


El libreto de "La Bayadera", creado por Sergei Kuschelok y Marius Petipa, se inspiró en dos dramas del poeta hindú Kalidasa.


La Bayadera fue creada por Marius Petisa durante el siglo XIX, cuando los románticos estaban impactados por la imagen de las bayaderas, doncellas que eran formadas desde la infancia, dentro de una rigurosa disciplina artística, como bailarinas profesionales. Las bayaderas eran formadas principalmente para las presentaciones de las danzas religiosas y sagradas ya que eran vistas como personas que generaban sentimientos de luz solar, perfume y belleza.


La palabra “bayadera” hace referencia a las mujeres consagradas a la danza por la religión, las “devadasi” en la India, donde llegaron los navegantes portugueses (s.XV-XVI) y las llamaron “bailadeiras”, de donde ha derivado a “bayaderas”. Así, este ballet nos presenta uno de los temas que fascinaron a los románticos del s.XIV, la visión idealista del Oriente con sus bailarinas hindús y su exotismo.


  1. Choreography: Marius Petipa
  2. Music: Ludwig (Léon) Minkus
  3. Design: Piotr Lambkin, Konstantin Ivanov, Orest Allegri & Adolf Kwapp


El estreno de "La Bayadera" se produjo en el Teatro Marynski de San Petersburgo el 4 de Febrero de 1877, teniendo como solista principal a Lev Ivanov, quien más tarde alcanzaría notoriedad como coreógrafo de "Cascanueces" y de los actos segundo y cuarto de "El lago de los cisnes". En le papel de Nikia Ekaterina Vazem y como Gamzatti Maria Gorshenkova. El libreto de "La Bayadera", creado por Sergei Kuschelok y Marius Petipa, se inspiró en dos dramas del poeta hindú Kalidasa. La Bayadera se presentó en tres actos y cinco escenas.


La Bayadera tiene lugar en el Oriente y nos presenta la historia de Nikya, bayadera de la India enamorada de un príncipe (Solor) que debe casarse con la hija del rajá gobernante. Pero el gran sacerdote de la religión brahmánica también desea a Nikya. La malvada hija del rajá (Gamzatti) no dudará en hacer morir a Nikya mordida por un áspid venenosa. Esto ocurre en el mundo real. Después viene otro elemento romántico, cuando la bayadera, ya muerta, aparece en el más allá irreal, en el reino de las sombras.




"La Bayadère - The Bolshoi Ballet - Photo DEE CONWAY



ACTO PRIMERO


Acto I, Escena I. El bosque sagrado, delante del Templo:


Los guerreros regresan de una gran cacería y Solor, el más noble de todos, se une a ellos.


Solor reclama que le dejen solo, para así orar ante la Llama Sagrada; pero, una vez que han partido los guerreros, Solor pide al fakir Magdaveya que organice un encuentro con Nikiya, bayadera del templo. Los sacerdotes y el Gran Brahmán llegan y ordenan a Magdaveya que reúna a los otros fakires, con el fin de preparar la Llama Sagrada para las inminentes celebraciones.


Las bayaderas hacen su aparición, entre ellas Nikiya, que ha sido elegida para alcanzar el rango de Gran Bayadera. El Gran Brahmán, fascinado por su belleza, le declara su amor; pero ésta le rechaza al ser él un hombre de Dios. Las ceremonias comienzan y las bailarinas llevan agua a los fakires. Magdaveya comunica a Nikiya los deseos de Solor. La joven consiente, pero el Gran Brahmán advierte esa conversación y comienza a sospechar que la joven guarda algún secreto.


La ceremonia finaliza y los asistentes retornan al templo. Magdaveya aconseja a Solor que se oculte en el bosque para esperar a Nikiya. Cuando ésta llega, ambos jóvenes se juran amor eterno ante la Llama Sagrada. Sin ser visto, el Gran Brahmán observa desde el interior del templo y espía a los amantes. Cuando ellos se separan, el Gran Brahmán, furioso, invoca a los dioses para que Solor sea destruido.




La Bayadère - Photo courtesy of The Mariinsky Theater.



Acto I, Escena II. Una sala del Palacio:


Los guerreros son invitados a palacio para rendir homenaje a Solor. El Rajah anuncia que, en recompensa por el valor del joven, le entregará a éste la mano de su hija Gamzatti en matrimonio. Al serle presentada, Gamzatti se retira el velo y Solor queda deslumbrado ante su belleza. A pesar de estar unido a Nikiya por un juramento, el joven no puede resistirse a su encanto ni rechazar el ofrecimiento del Rajah. La fiesta comienza con la llegada del Gran Brahmán que revela al Rajah los lazos que existen entre Solor y la bayadera.


El Brahmán supone que el Rajah eliminará a Solor. Sin embargo, para su sorpresa, el propósito del gobernante es dar muerte a Nikiya. Gamzatti, escondida, escucha toda la conversación. Decide entonces, encontrarse con Nikiya y trata de persuadirle para que abandone a Solor. La bayadera, desesperada, intenta herir a Gamzatti, pero es detenida por Aya, una sirvienta. Nikiya huye y Gamzatti, al igual que su padre, decreta la muerte de la bayadera.




La Bayadère - Kirov Ballet - Photo Linda Spillers



Acto I, Escena III. El jardín del Palacio.


Se anuncia un gran festín para celebrar el compromiso entre Gamzatti y Solor. El Gran Brahmán impulsa a Nikiya a bailar en la ceremonia, pero ella rehúsa. La sirvienta de Gamzatti, Aya, le entrega una cesta con flores, diciéndole que es un presente de Solor. Pero entre las flores se oculta una mortal serpiente, enviada por Gamzatti y el Rajah. El áspid muerde a Nikiya, cuando ésta se dispone a oler la fragancia de las flores. El Gran Brahmán le ofrece un antídoto, pero cuando ella ve a Gamzatti y a Solor juntos rechaza la cura.



Acto II. La Tienda de Solor:


Desesperado por la muerte de la hermosa bayadera, y bajo la influencia del opio, Solor ve a Nikiya en el Reino de las sombras, muerta y multiplicada su imagen por espectros de bayaderas. Junto a ella, Solor evoca su danza ante la Llama Sagrada. El guerrero continúa atrapado por la fascinante visión de Nikiya cuando hacen su aparición sus compañeros para prepararle para la boda.




La Bayadère - National Academic Bolshoi Ballet Theatre



Acto III. El Templo:


Bajo la sombra del Gran Buda, un ídolo de bronce danza mientras el Gran Brahmán y los sacerdotes preparan la ceremonia nupcial. Los novios hacen su entrada rodeados de bayaderas, que ejecutan una danza ritual: símbolo de la Llama Sagrada que brilla ante el templo. El Rajah, Gamzatti y Solor bailan, pero el guerrero es continuamente asaltado por la visión de Nikiya.


Durante las danzas aparece misteriosamente un cesto con flores, idéntico al que provocó la muerte de la bayadera; Gamzatti, aterrada y atormentada por la culpabilidad, solicita a su padre que apresure la ceremonia.


El Gran Brahmán pronuncia los ritos sagrados, en medio de la indecisión de Solor. Los dioses, furiosos, desencadenan su venganza: el templo y todos los presentes son destruidos. Las almas de Nikiya y Solor se unen, finalmente, en un amor eterno. Argumento Fuente: www.angelcorella.org




La Bayadère - Ballettzentrum Hamburg - John Neumeier - Ballettzentrum Hamburg



La Bayadère of the Bayerisches Staatsballett


The Royal Ballet: La Bayadère


 

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