IGOR STRAVINSKY Y EL BALLET. por Enrique Honorio Destaville.


 

En el obituario de una conocida revista norteamericana de Danza -con motivo del fallecimiento de Igor Stravinsky- se aseveró haciendo paralelismos que el compositor ruso ha sido para George Balanchine lo que Chaicovsky fue para Marius Petipa. No es, precisamente éste, un paralelismo que signifique el esclarecimiento de una relación de trabajo para comprensión de las futuras generaciones de músicos y coreógrafos. Sabemos perfectamente que la genialidad de Chaicovsky permitió que muchas de las estrictas instrucciones de Petipa no convirtieran sus partituras en mediocres obras musicales. Por el contrario, su esfuerzo fue superior ya que supo comprender al coreógrafo en sus ineludibles exigencias, sin afectar la grandiosidad de su música. En cambio, Stravinsky fue la antítesis de la afabilidad y la comprensión proverbiales en Chaicovsky. Sus composiciones, de gran inspiración y calidad (y esto no lo hemos descubierto nosotros) ignoraron siempre los requerimientos de cualquier creador coreógrafo.

Sólo otro genio coreo-musical como Balanchine pudo hacer brillar tanto sus obras sin alterarse con las demoníacas  dificultades de las partituras stravinskianas. No olvidemos que en Balanchine había dos talentos amalgamados: el de coreógrafo y músico. Lo poco -pero grande- que creó Mijail Fokin con Stravinsky: nada menos que las primeras versiones de “El Pájaro de Fuego” y “Petrushka”, gestó simultáneamente un alejamiento sin reencuentro, con ostensible rechazo por parte del compositor hacia Fokin, de quien decía que consideraba a la música como un simple “acompañamiento” para sus obras.

No fueron mejores las relaciones del músico con los hermanos Nijinsky-Nijinska coreógrafos, para no señalar más que a algunos de los que laboraron “en colaboración” con el “Zar Igor”, como lo llamaba Honneger.

Ciertamente, la carrera de compositor de Ballet de Stravinsky es bastante paradojal. Como lo ha afirmado el especialista en la temática Georges Arout: “...su música raramente ‘danzante’, es a veces apenas danzable; y más aún, Stravinsky rehusa considerar a su arte como un medio de expresión. ¿Cómo es entonces que haya podido no solamente componer sus más hermosas partituras para el Ballet, sino que también se ha interesado en este arte al punto de haber pasado varios años en la intimidad de los Ballets Russes, haber colaborado estrechamente con libretistas, pintores y coreógrafos (aunque con estos últimos se haya mostrado soberbio y autoritario -agregamos nosotros-), haber sido él mismo libretista de “Petrushka”, “La Consagración de la Primavera”, “El Ruiseñor”, “Las Bodas” y “Apolo Musageta”?...”

La singular pregunta de Arout se ve contestada por el mismo Stravinsky en su libro “Crónicas de mi Vida”: “El fenómeno de la música  nos es dado con el solo fin de instituir un orden en las cosas, lo que aquí comprende un orden entre el hombre y el tiempo.” Para que ese orden se realice, el compositor exige necesaria y únicamente una construcción. Esta indispensable arquitectura ha de buscarse ya sea en las formas musicales clásicas, como la sonata, la fuga, la sinfonía, ya sea en una acción espectacular concreta y exterior a la música pero que de tal manera sea su soporte estimulante.

He aquí donde el arte musical de Igor Stravinsky se reúne con el Ballet: la trama musical se desarrollará paralelamente a la acción elegida, no tanto por su significación emocional, sino por el contenido musical que ella representa. He aquí también la razón de sus fuertes discusiones con los coreógrafos. Pues Stravinsky imaginaba esa acción a su manera y la desarrollaba a veces hasta en los libretos o los escenarios que él concebía solo o conjuntamente con otro creador (como en el caso de Roerich) y cuando observaba que el coreógrafo plasmaba otra idea distinta, a la que no adjudicaba un “contenido musical”, se ponía furioso y sobrevenía la ruptura con aquél.

Su biógrafo francés Gilbert Rouget ha dicho que Stravinsky estaba enamorado de la “sustancia” sonora. Y es allí donde encontraba las equivalencias que requiere la “acción escénica”. El mismo compositor afirmó: “Construyo mis obras como un ingeniero construye un puente.”

A Igor Stravinsky le tocó comenzar en su Rusia natal, y bajo las influencias de sus maestros, en el comienzo del siglo: Rimsky-Korsakov y Glazunov, y la magia de la música de Piotr Ilich Chaicovsky que desde niño lo fascinaba. Pero “descubierto” y alentado por Serge de Diaghilev, se hizo famoso en Francia en 1910 con “El Pájaro de Fuego”, partitura en la que se aprecia su lucha contra el impresionismo debussiano, dominante en la época. Allí aparece su propio estilo, su fuerza, la maestría para expresar nuevas pulsaciones del ritmo atrevidamente sincopadas, su colorido orquestal, la variedad de su temperamento artístico que se manifiesta tanto en la dulce canción de cuna como en la salvaje y terrorífica aparición del brujo inmortal Kotschei.

Lo que Diaghilev quizá nunca se preguntó es si esa nueva fórmula rítmica convenía o nó al Ballet...Recordemos que Anna Pavlova, hasta entonces integrante de su troupe, salió disparada de los Ballets Russes por no adaptarse ni comprender la música de ese nuevo y joven ruso que por entonces solamente tenía 28 años. Pero Diaghilev no se arredró ante la pérdida de su mejor bailarina. Él, buscador cerebral, manifiestamente hostil a la emoción en materia artística, había hallado la fórmula exacta, pese a la opinión contraria de varios de sus colaboradores. Para el gran empresario-artista, Stravinsky fue lo que el crítico Robert Brussel hubo de definir como: “...el talismán capaz de abrir todas las puertas secretas que le ocultaban el porvenir (a Diaghilev). La influencia que él quería ejercer, la batalla que estaba resuelto a librar, las tenía por delante. Podía elegir o renunciar, pues el ser predestinado había entrado en su vida...”

Y Serge Lifar, quien trabajó y fue durante varios años amigo de Diaghilev, dijo respecto de la nueva relación del empresario con el compositor: “Su cerebralidad (la de Diaghilev) se acomodaba muy bien a la de Stravinsky, a sus melodías (más tarde, “recortadas en el cinc” -sic-), a su frenesí rítmico, concreto, material, sin duda muy mecánico, ya que a las pulsaciones del corazón humano Stravinsky las sustituye con el golpeteo obstinado de la máquina que se desarregla a veces según sus planes, y cesa de obedecer a una medida rigurosa.”

Sin embargo, había otro lazo de unión entre ambos hombres: Su amor muy relativo por la danza pura, que casi no conocían ni uno ni otro.

Era otra cuestión paradojal, al igual que el hecho de que Stravinsky jamás apreció una real traducción plástica de su música, (tema que ya hemos tratado al referirnos a la relación del compositor con Fokin y los hermanos Nijinsky). De allí que reprochara sin cesar a los coreógrafos de “recargar” sus ballets de danzas. Así se iniciaron sus discusiones con Fokin en 1910. Para Igor, el diseño coreográfico de aquél para “El Pájaro de Fuego” era muy “complicado”, cargado de detalles, movimientos y poses, tanto que “le sería imposible al bailarín coordinar convenientemente la danza y la música...”

En cuanto a Vaslav Nijinsky coreógrafo, Stravinsky quedó sorprendido y atónito cuando aquél plasmaba su controvertida coreografía de “La Consagración de la Primavera”. La causa era la ignorancia que atribuía al joven bailarín respecto a conocimientos musicales. Es que, retornando al mismo tema tratado, el compositor tenía una acabada idea de lo que pretendía como obra coreográfica, y al comenzar las dificultades con los bailarines del elenco, que no comprendían esa extraña y machacante música, ni las razones que llevaban al coreógrafo a ordenar posiciones y pasos “en dedans” (para adentro), contrariando el principio del “en dehors” (para afuera) clásico académico, montaba en cólera y manifestaba su disconformidad de viva voz.

Con Bronislava Nijinska también mantuvo disputas. En octubre de 1928, poco tiempo antes del estreno de “El Beso del Hada” para la Compañía de Ida Rubinstein, Igor asistió a los ensayos. En cuanto vio los decorados de Alexander Benois (que era su íntimo amigo) y el diseño coreográfico de la talentosa mujer, expresó su profundo desagrado y muy enojado asumió la dirección de la orquesta en oportunidad del estreno efectuado en París el 27 de noviembre de 1928.

Que Stravinsky se mantuviera fiel a sus ideas y principios fue atrayéndole detractores hasta en los mismos que lo habían encumbrado (léase Diaghilev), aunque había de los otros que nunca soportaron su música.  El empresario-artista había comenzado a distanciarse de Stravinsky luego de una discusión acerca del tema del “Apolo Musageta”. Para colmos, aquél no perdonaba a los “renegados” que se habían alejado de su Compañía. Y, justamente, Stravinsky acababa de componer “El Beso...” encomendado por Ida Rubinstein (otra “renegada”...) para la suya. Serge de Diaghilev asistió a la “première” y ¿cuál fue su opinión omnipotente?  Lo sabemos gracias a la “Histoire du Ballet Russe” de Serge Lifar, ya que transcribió la carta que le remitiera su amigo, la que dice: “...el nuevo ballet de Igor. Me es difícil precisar lo que es. En mi opinión, es una mala suite de Chaicovsky, lacrimógena y tediosa, digamos que magistralmente orquestada por Igor (aunque de sonoridad grisácea y hechura “muerta”)...”   Pero estaban los que aún opinaban peor. Con motivo del estreno de la misma obra, el crítico Gheusi manifestó en “Le Figaro” (6-XII-1928): “¿Sabe Ud. lo que es un mamarracho?...Y bien...La nueva obra del Señor Stravinsky ¡es un mamarracho!...¿Cómo es posible que esta gran artista (se refiere a Ida Rubinstein) subvencione parodias musicales donde el verbo del músico se recrée únicamente en dar de comer al nuevo rico y su manada de gansos?... Evidentemente se refería al hecho de que Stravinsky había hecho un homenaje a Chaicovsky refiriéndose a varios de sus temas en “El Beso del Hada”.  

Sin embargo, estaban también los que sabían apreciar su música y lo defendían, el crítico musical Schoezler, entre ellos, que con motivo de ese mismo estreno destacaba la música de “El Beso...” como “hermosa y placentera.”

Esas posiciones antagónicas, de loas e invectivas, lo perseguían desde 1913, en ocasión del estreno en París de “La Consagración de la Primavera”, en el Théâtre des Champs-Elysées, con coreografía de Nijinsky y decorado y vestuario de Roerich. Más de un lector ha de creer que era la discutida coreografía la causante del escándalo, pero en realidad fue la música de Igor el factor desencadenante. No bastaron los esfuerzos de Nijinsky que desde las “coulisses” marcaba los tiempos golpeando su pie contra el piso, las impetraciones de Diaghilev que desde un palco requería a los asistentes que callaran para que pudiera continuar el espectáculo, y los nerviosos movimientos de Pierre Monteux, que dirigía la orquesta sin amilanarse. Los gritos y los silbidos de un grupo eran tan fuertes que Florentt Schmit, también en la sala, comenzó a nuclear la contramanifestación al grito de “¡Silencio, las put.... del décimo sexto!” en clara referencia al nutrido público proveniente del más elegante barrio de París. El terrible lío fue tan grande que a Stranvinsky no le quedó otro remedio que huir después de la función, para evitar las agresiones de los más violentos.

Después de esta introducción acerca de Stravinsky y sus obras para Ballet, cabe referirse a sus creaciones dedicadas al género y a aquéllas que pese a no haber estado destinadas originalmente al arte coreográfico, han sido elegidas para soporte musical de aquél. Citemos, además de los ya mencionados a “El Canto del Ruiseñor”, “Pulcinella”, “Las Bodas”, “Renard”, “Juego de Cartas”, “Escenas de Ballet”, “Orfeo” y “Agon” que fueron compuestos como ballets, pero otros trabajos suyos como el melodrama “La Historia del Soldado” han sido reiteradamente coreografiados (Ana Itelman en el Teatro San Martín de Buenos Aires para el grupo de Danza Contemporánea). También “Perséfona” (Kurt Jooss para Ida Rubinstein) que es prácticamente un ballet por su construcción y “La inundación” (Balanchine para la televisión), o el curioso “Circus Polka” que realizó para una “coreografía” de elefantes en el Circo Ringling Brothers y a pedido de Balanchine. Asimismo han sido elegidas para coreografiar su famosa “Sinfonía de los Salmos” (algunos de los que la eligieron son el checo Jiri Kylián y el argentino Mauricio Wainrot), las “Danzas Concertantes” con las que Balanchine montó el ballet “Monumento pro Gesualdo”, el “Concerto in D”(que inspiró a la creadora expresionista alemana Dore Hoyer, al norteamericano Jerome Robbins y al holandés Van Manen), el “Ebony Concerto” (coreografiado por el talentoso argentino Oscar Aráiz y por el destacado norteamericano John Taras), el “Concierto para Violín”(Balanchine y Aurel Millosz), “La Sinfonía en Tres Movimientos” (Jerome Robbins) y otras numerosas obras de su prolífica producción, siendo evidentemente el gran Balanchine quien más utilizó la música del recordado compositor, fallecido en 1971.




LOS BALLETS DE STRAVINSKY

 

Pronunciar la palabra Stravinsky representa, sin más paliativo, rememorar a un compositor cuya música será creadora de un lenguaje, en el que ha sido escrita la historia de nuestro siglo. Esos años (finales del XIX inicios del XX) en los que los "ismos": impresionismo, expresionismo, estetismo, neoclacisismo... conformaron la estética del poemaobjeto, individualidad del espíritu, evolución musical hacia la armonía... se reflejan también en su obra. Los vivió apasionándose con el impresionismo de Debussy o la poesía de T .S. Eliot... Sus composiciones reflejan su origen eslavo, su época de rabiosa evolución artística y un genio que por encima de todo ello la hizo posible.

Extraer de ésta, aquella que dedicó a la danza nos acerca a la complejidad de un gran compositor. Su respeto y admiración hacia este arte fructificará en un conjunto de obras de peculiar estilo. Cuando nos hayamos acostumbrado a uno, nos sorprenderá con otro distinto, porque su obra tiene el sello de vitalidad y originalidad, cada composición será una magistral novedad. Como en toda obra artística son muchos los factores que determinan el por qué de un determinado estilo o inclinación. En cuanto a los ballets de Strawinsky ese por qué se encuentra vinculado a dos hombres, que le influyeron considerablemente al inicio de su carrera: Tschaikowsky y Diaghilev.

En el crepúsculo del siglo XIX el ballet como espectáculo, contaba en Rusia con un gran éxito, los bailarines eran reconocidos por su perfección y sensibilidad, pero la música para ballet era tratada como un género inferior en los círculos intelectuales; se consideraba indigna de un compositor serio. Tschaikowsky no fue en principio reconocido como el gran músico que era. Sin embargo la simpatía que Strawinsky sintió por él, cuyo primer encuentro relata en sus "Crónicas" con emoción, le atrajo de un modo natural hacia la danza.

El mundo artístico ruso se encontraba dividido en "eslavófIlos", siendo su principal representante en música el conocido grupo de los "cinco" (Balakiev, Mussorsgky, Cui, Korsakoff, Borodin) y "occidentalistas" defensores de un arte más avanzado.

Su amistad con Pokrousky y admiración hacia Tschaikowsky motivó su inclinación hacia los últimos, teniendo oportunidad de conocer a Diaghilev, que en aquel tiempo dirigía la revista "Mir Isstustvo (mundo del arte), alrededor del cual merodeaba un grupo de artistas de ideas renovadoras.

Tras la creación de "los ballets rusos" de Serge Diaghilev, el erróneo concepto que se tenía de la música de ballet se transforma hacia un digno reconocimiento, erigiéndose esta compañía en una de las más importantes de la historia de la danza. El primer contacto profesional de Strawinsky con este gran personaje aconteció al encargarle la orquestación, junto a otros composiotores, de dos partituras de Chopin ("Nocturno" y "Vals Brillante"), para el ballet "Las Sylphides" que debía ser representado en París en 1909: "Todo aquello me tentaba fuertemente, me impulsaba a salir del círculo estrecho donde me encontraba confinado y aprovechar con diligencia la ocasión que se me ofrecía de asociarme a aquel grupo de artistas avanzados de los que Diaghilev era el alma y por los que yo me sentía atraído desde tiempo atrás" ("Crónicas de mi Vida" I. S.). A partir de esa primera relación sus vidas discurrirán de forma muy paralela, el arte forjará una amistad que sólo truncaría la muerte de Diaghilev en 1929. "Me impresionó ante todo en Diaghilev el grado de tenacidad y dureza que alcanzaba en la persecución de sus fines. Era algo a la vez tremendo y tranquilizador trabajar con este hombre desde el momento en que su fuerza era excepcional".

En 1909 éste le encargará la que será su primera gran obra: "El Pájaro de Fuego", basada en una leyenda popular similar a la de Katschei el inmortal que Rimsky Korsakoff, maestro de Strawinsky, había utilizado. En ella se refleja el mundo onírico de princesas y encantamientos. Escrita en un lenguaje de gran sinfonía, encontramos veladamente esos rasgos ImpresIonistas y un ritmo melódico que nos anticipan la fortaleza que tendrán sus composiciones posteriores; esa conjunción de dulzura y pasión.

El éxito que obtuvo con esta partitura lo encumbrará hasta un reconocimiento de su talento creador. El estreno tuvo lugar en París (1910) lo que le facilitó el encuentro con Ravel, Debussy, Florent y Manuel de Falla suponiéndole un gran enriquecimiento personal y profesional. "La interpretación del pájaro por Karsavina fue perfecta y esta hermosa y graciosa artista tuvo con él un vivo éxito" ("Crónicas", Strawinsky). La realización escénica corrió a cargo del pintor Golovin.

Tras este cúmulo de experiencias vuelca su genio musical en el arte que tan gratas sorpresas le departía. Empieza a trabajar en una nueva partitura con reminiscencias de nacionalismo folklorista, no folklórico, ya que no toma temas populares en si mismo, si no que construye los suyos según el modelo de aquello. "Petruhska" será un ballet de gran belleza y sensibilidad con un protagonista antihéroe y desdichado en un marco de feria. Alegría y tristeza hasta sucumbir por amor. El valor teatral de la música Strawinskyana aparece desarrollado en esta obra llena de simbolismos: vida, muerte y juego. "Me es grato rendir aquí un homenaje emocionado a la interpretación excepcional del papel de "Petruhska" por Vaslav Nijinsky, la perfección con que encarnaba este personaje era tanto más sorprendente cuando que la parte puramente acrobática en la que hacía de ordinario su maestría estaba ahora claramente dominada por el juego dramático, la música y el ademán". Rómola de Pulsky, esposa de Nijinsky, añadiría que ésta llegó a ser la obra maestra de Fokine y el papel preferido de su esposo , titulándolo "primer drama bailado de nuestro tiempo".


 

Balanchine y Stravinsky trabajando " Agon" en 1957. Stravinsky baila

 

La fama y prestigio de Vaslav Nijinsky como bailarín habían alcanzado las más altas cotas de ahí que, incitado por Diaghi lev, quisiera ampliar su carrera art ística con una labor coreográfica. Esta nueva experiencia tendrá de protagonista una nueva creación Strawinskyana, el estímulo que le incitó a escribirla nos lo narra así en sus "Crónicas": "Me hallaba terminando en San Petersburgo "El Pájaro de Fuego" cuando entreví un día de modo absolutamente insólito el espectáculo de un gran rito sa cro y pagano: se trataba de los viejos sabios sentados en círculo y observando la danza bailada a la muerte de una doncella que sacrificaban para hacerse propicio el sol de la Primavera". La honda impresión que le causó el acontecimiento sirvieron de base a su nueva creación, contactó con Nicolás Roerich especialista en las evocaciones del paganismo comentando la idea de Diaghilev al que le entusiasmó. "La Consagración de la Primavera" fue el título de una gran obra. Con ritmo sincopado y férreo, acordes aislados. Evocadora de un mundo ancestral, de adoración a la naturaleza. "La idea de trabajar con Nijinsky me turbaba, su ignorancia de las nociones más elementales de la música era flagrante" ("Crónicas de mi Vida"). No existió compenetración en el trabajo entre ambos artistas, la capacidad coreográfica de Nijinsky no supo interpretar las ambiciones de Strawinsky, creando una coreografía excesivamente complicada y de muy difícil ejecución. Pomols afIrmaría: "Desde el punto de vista coregráfico, ese ballet es la composición más elevada y pura de danza moderna que haya sido creada hasta hoy... la coreografía ilustraba la partitura de la manera más asombrosa y precisa.

 

 

Uno de los ritmos fue bailado; los contrapuntos se traducían coreográficamente por los grupos, la danza quedaba identificada a la música por el ritmo y única y exclusivamente por él el contrapunto rítmico era empleado en los movimientos de conjunto". Esta magnífica obra, de suma importancia para la música contemporánea, constituyó en su estreno un gran escándalo, por lo atrevido de la coreografía y la complejidad de su música. Años más tarde Massine crearía una nueva coreografía reconociéndose la genialidad de la partitura.

Al estallar la primera guerra mundial los proyectos e ilusiones se ven frustrados. La dificultad para acondicionar un teatro es insuperable y empieza una época de miseria y nulidad artística. En este ambiente germina entre Strawinsky, Ramuz y los es posos Pitoeff la idea de montar un teatro ambulante para el que no necesitaban un gran desembolso económico. Fruto de esa interesante idea será la composición "La Historia del Soldado". En este peculiar ballet el compositor nos muestra un ambiente bélico sin acritud, un juego diabólico en el que también está presente el amor. De nuevo su música acaparó éxitos, constituyen do una maravillosa anécdota en un marco patético .

Tras la guerra renace un sentimiento de vida, la gente sale y junto a la penuria se esboza la esperanza. Los "Ballets Rusos" de Diaghilev vuelven al escenario esta vez con una obra maestra que conjuntó a cuatro genios. Se tituló "Pulcinella" la música Stra winskyana adquiría una tonalidad neoclásica, importante cambio en su obra que de nuevo sorprendía gratamente. El argumento fue fruto de largos paseos efectuados por Massine, Diaghilev, Picasso y Strawinsky por Nápoles. La partitura, basada en composiciones inacabadas de Pergolesi, descubiertas, gracias al esfuerzo incansable de Diaghilev por ofrecer al público lo inesperado y genial en Museos italianos y bibliotecas británicas. La música de "Pulcinella" constituyó un homenaje al músico que tanto admIraba Strawmsky y el primer paso para su nuevo estilo. La coreografía de Massine estudiada hasta el último detalle se en marcó en una magistral escenografía de Picasso .El ballet estrenado el 15 de mayo de 1920 obtuvo un rotundo éxito. "El espectáculo de "Pulcinella"... es uno de aquellos pocos donde todo se afirma y donde todos los elementos, sujeto, música, coreografía, cuadro artístico forman un conjunto coherente y homogéneo. Respecto a la coreografía es una de las mejores creaciones de Massine; hasta tal punto se había penetrado del espíritu del teatro napolitano" ("Crónicas"). A pesar de encontrarse distante de su patria y en ambiente tan diverso nunca dejó que su alma eslava marchitara, releía a los escritores rusos y admiraba a sus compatriotas en materia musical. La melancolía que sin duda sentía aparece, en ocasiones, veladamente en sus composiciones y con carácter protagonista en "Bodas". Con coreografía de Nijinska, hermana del gran bailarían, nos muestra un mundo de costumbres aldeanas, practicadas siglos atrás en Rusia en la celebración matrimonial. "Me proponía exhibir junto a los actores (bailarines) todo mi aparato instrumental haciéndolo participar, por así decirlo, en el conjunto de la acción teatral, por eso deseaba colocar la orquesta en el mismo escenario", A Diaghilev no le sedujo la idea y finalmente no se realizó así.

La constante evolución de este creador se encaminaba hacia un melodismo del que nos hablaba humildemente en sus obras anteriores, se trataba, en esta ocasión, de enmarcar un ballet en ambiente mitológico cuya plasticidad ofrecía ricos matices a la danza clásica. El ballet " Apollo Mussageta " fue un encargo de la Biblioteca del Congreso de Washington para componer una obra destinada a un festival de música contemporánea, que debía comprender varias representaciones de obras escritas para ese fin, por diversos compositores contemporáneos. Su aportación fue ese " Apollo" jefe inspirador de las musas: Calíope, Plicunia y Terpsícore. Balanchine organizó las danzas al modo clásico tomando como bailarines a Serge Lifar, Nikitina, Danilova, Chernikova y Dubrowska. El exquisito conjunto de bailarines y el talento del compositor hizo que este ballet quedara registrado como un nuevo acontecimiento artístico. La participación de Diaghilev consistió en encargar a André Bauchant una escenografía fantástica y atractiva.

La muerte del magistral director de los "Ballets Rusos" marcaría un cambio no sólo en la vida de Strawinsky sino en la historia de la danza. Para nuestro compositor se había ido un amigo y un artista con el que había colaborado durante 20 años. Con ellos se hizo posible un maravilloso idilio de todas las artes. Cada espectáculo era una obra maestra; extinguida el alma de éstos nadie pudo revivirlos.

No termina aquí la magna obra que dedicó Strawinsky a la danza, pero si el apasionamiento que se desprende de sus "crónicas" cuando nos narra una nueva idea y la maduración de éstas con Picasso, Massine, Diaghilev, Nijinsky... y una larga lista de nombres que hoy son míticos.

"El beso del hada", "Juego de Cartas", "Orfeo" y " Agon" son sus últimos ballets que darán paso a un lucimiento de la danza contemporánea. La audaz técnica Strawinskyana favorecerá esta nueva manera de entender el ballet.

Sería amplísimo citar aquí las innumerables coreografías que se han realizado de la música de Strawinsky. Creo más importante entender cómo surgió la música en cada uno de ellos para poder apreciar la aportación de los nuevos coreógrafos. A Balanchine, Charrat, Dunn, Bejart... debemos agradecerles el no haber dejado morir esas creaciones, actualizándolas para nuestro deleite. En adelante "La Consagración de la Primavera" no podrá disociarse del nombre Bejart porque su coreografía ha captado su música, su idea que junto a su personalidad fructifica en una obra estética y técnicamente maravillosa. Como tampoco podrá hacerlo del nombre de Nijinsky que la estrenó produciendo el escándalo de una obra incomprendida.

Mientras existan Artistas, el genio Strawinsky ya no no podrá olvidarse jamás.

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