Danza Neoclásica



La técnica procede de la académica, pero las formas y pasos adquieren una dimensión expresiva menos encorsetada y con mayor fluidez en torso y extremidades.


A diferencia del ballet clásico, donde el movimiento se encuentra totalmente codificado (respeto absoluto por las cinco posiciones básicas, las puntas, pliés y grand battement, etc.), el ballet neoclásico rompe con este corsé creativo.




Más aun, tampoco está ligado a la necesidad de narrar historias, como lo demostró hace 70 años el genial George Balanchine, en Estados Unidos. El término neoclasicismo surgió en pleno siglo XIX para denominar de forma peyorativa al movimiento estético que venía a reflejar en las artes los principios intelectuales de la Ilustración que desde mediados del siglo XVIII, se venía produciendo en la filosofía y que consecuentemente se había transmitido a todos los ámbitos de la cultura.


En el universo de la danza contemporánea gravitan junto a Kylian otros astros como Maurice Béjart, cuyo lenguaje entreteje el ballet clásico, el neoclásico y el contemporáneo con bailes típicos de todo el mundo, mientras que la estadunidense Twyla Tharp ha trabajado en una variedad de géneros de danza.


Otro artista que figuraba en la evolución de este género fue José Limón, quien caracterizaba su danza con las caídas de torso y atribuía mayor importancia a la expresividad corporal. Kylian, quien es considerado uno de los coreógrafos más relevantes en los recientes 50 años y uno de los más significativos del siglo XX, emigró en 1967 de Checoslovaquia y trabajó, entre otros, en el Stuttgarter Ballett. En 1973 se trasladó a Holanda, donde creó más de 80 coreografías. Kylian emprendió sus estudios de danza a la edad de 9 años, en la Escuela del Ballet Nacional de Praga y su primera pieza, Paradox, fue coreografiada para la Noverre Societ. Descubierto por Maurice Hisman, Maurice Bejart concluyó con una triunfal “Consagración de la primavera” en 1959. Funda el Ballet del siglo XX  en 1960, una compañía internacional que recorre el mundo entero. Una afición muy marcada por el cosmopolitismo cultural, le lleva a interesarse por la expresión de diversas civilizaciones “Bhakti”, “Golestan”, “Kabuki”, “Dibouk”, “Pirámide” como ilustración de un amplio repertorio musical. Maurice Béjart nació el primero de enero de 1927. Su debut como bailarín y coreógrafo lo hizo en París.


Si bien su formación fue ortodoxa -con maestros de la talla de Janine Charrat y Roland Petit-, su breve estancia con el Ballet Cullberg, de Suecia, le hizo descubrir los recursos del expresionismo coreográfico. En 1960, cuando fundó el Ballet del Siglo XX, dejó con la boca abierta a todo el mundo de la danza. Su tendencia cosmopolita, su gusto por la moda y la utilización de formas musicales tradicionales yuxtapuestas al lenguaje del ballet, lograron una sublimación de este arte. Al mismo tiempo, la compañía se convirtió en una de las más populares del mundo. Béjart no le tuvo miedo ni a las cámaras ni a ser considerado como “popular y exitoso”.


Siguiendo la tradición europea, Béjart siempre impuso la superioridad del contenido temático de sus obras por encima de cierto tipo de innovaciones en el movimiento. No obstante, dirigió muchos de sus conocimientos de la escena -aprendidos con gran rigor en sus participaciones como coreógrafo en ciertas óperas- en hacer de sus obras grandes espectáculos.


Las temáticas de sus propuestas resultaron ser en muchos casos académicas, antropológicas, incluso autobiográficas. La influencia asiática en vestuario y música, así como sus mezclas con el jazz o el rock fueron el marco perfecto para obras atrevidas, incluso acrobáticas. En 1987, tras una dura lucha con los directivos de la Monnaie, Béjart decidió dejar Bruselas y partir a Laussane para crear otra compañía; ahí murió el Ballet del Siglo XX y nació el Ballet Laussane. Después del rigor y la formalidad aventajada de Béjart, los directivos de Bruselas decidieron contratar al talentosísimo coreógrafo estadunidense Mark Morris para sucederlo. Por supuesto, el estilo del de éste no estuvo acorde con las necesidades ni del público ni de las instituciones culturales. Finalmente el grupo Rosas, dirigido por Ana Teresa De Keersmacker, preside hasta hoy el lugar que dejó Béjart.




Radicado en Lausanne de tiempo completo, Béjart  ha presentado hasta ahora en su vertiginosa gira catorce coreografías, incluyendo cuatro que contribuyeron a su fama mundial como son: Sinfonía de un hombre solo (1954), Bolero (1960), Variaciones para una puerta y un suspiro (1965) y El pájaro de fuego (1970), entre otras.Al paso del tiempo, la diversidad y complejidad de sus obras son consideradas muy singulares. Al mismo tiempo, además de su necesidad de crear, Béjart ha tenido una enorme fibra pedagógica. Esto lo hizo crear primero la escuela Mudra en Bruselas y posteriormente la Rudra en Laussane, ambas consideradas como de lo mejor en la danza mundial.Según lo reseñó el diario Le Monde, Béjart ha sido “demasiado popular, sin duda menos inventor de gestos que Cunningham, más encaminado a contar historias y a obrar en lo espectacular y disfrutar de una imagen ambigua. Al mismo tiempo, nunca gozó de apoyo alguno de las instituciones francesas.


Consideramos a la danza como el arte del momento, del vértigo continuo y del movimiento efímero que muere en el instante de su nacimiento y a las clases de danza como el recinto donde cada uno de esos instantes permanecen vivos, por lo menos en el ambiente. La danza neoclásica, inspirada en la técnica clásica, siempre necesita de una técnica que le de sustento, va más allá y trastoca otros límites, lo que otorga a la danza un carácter innovador, revolucionario, pero sobre todo alternativo. Ella ha logrado fundir los diversos lenguajes de la danza y ha consolidado su propio estilo; basa la técnica de su lenguaje en la danza neoclásica, a través de su propia forma de expresión, para conformar con ello un público ávido de experimentar nuevas sensaciones. La danza contemporánea rompe con todos los esquemas de la danza clásica, ya que no se usan sólo las puntillas, ahora hay mucha más libertad de movimiento. Movimiento que es visceral, que viene desde dentro y que necesita soltura para fluir libremente. No es lo riguroso del ballet, al contrario, ha demostrado ser otra alternativa para éste. Se han puesto muchas obras que antes eran sólo clásicas y que ahora se bailan descalzas y con túnicas al viento.


Es así como la danza ya no representa una lectura fiel y ortodoxa de un ballet europeo a la manera de obras clásicas, Ya no hay posiciones inflexibles ni rígidas de movimiento corporal, ni se requieren elementos como una escenografía que explique y evidencie el sentido y el significado de una obra. La danza contemporánea y en especial la neoclásica ha roto con todos los esquemas. Ahora se trata de un espectáculo capaz de recrear y expresar todo tipo de emociones al máximo y no sólo movimientos artísticos puntales a los que se debía admirar y criticar.


Puntas o pies descalzos, contracciones, mallas o tutú, espirales o epolés, túnicas, movimientos libres y viscerales, pasos cerrados, abiertos... Todo ello es posible dentro de la danza y sus vastas oportunidades de expresión. Juntas o por separado, las técnicas de danza desde lo clásico hasta lo neoclásico, pasando por lo contemporáneo, representan y dan vida a una de las necesidades originales del género humano : expresar sus emociones a través del cuerpo.



Por Adriana Juárez

La expresión de cuerpo y sentimiento más allá de las técnicas clásicas






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