Alvin Ailey



Ailey, Alvin (1931-1989), bailarín y coreógrafo estadounidense, muy conocido por sus trabajos que son expresión de la herencia cultural afroamericana. Nació en Rogers, Texas y estudió en la universidad de California-Los Ángeles (UCLA) y se relacionó con el Lester Horton Dance Theater en 1949. Estudió con Horton, y después de su muerte en 1953, Ailey llegó a ser director de la compañía, cargo que mantuvo hasta 1954. Ese mismo año se fue a Nueva York. Allí apareció en gran número de producciones escénicas mientras estudiaba con los bailarines estadounidenses Martha Graham, Charles Weidman, Doris Humphrey y Hanya Holm, y el actor Stella Adler. En este tiempo Ailey adquirió fama por la fuerza y la gracia de sus representaciones. En 1958 formó su propia compañía, el Alvin Ailey American Dance Theater, que se unió al New York City Center en 1972. La compañía de Ailey representó los trabajos de muchos coreógrafos conocidos, como los estadounidenses Anna Sokolow, Katherine Dunham, Pearl Primus y el mexicano José Arcadio Limón así como trabajos de la propia obra de Ailey.



Bailarines del "Alvin Ailey American Dance Theater".

Su trabajo más importante, Revelations (1960), se basaba en los espirituales negros de Estados Unidos y expresaba temas universales de fe y humanidad. La compañía realizó giras por este país y por todo el mundo, incluyendo Australia en 1962 y Senegal en 1966. En 1984 el Alvin Ailey American Dance Theater se convirtió en el primer grupo que actuó en la Metropolitan Opera House de Nueva York, en el que la mayor parte de sus componentes eran negros. En 1985 realizó una gira por China. Los trabajos de Ailey, en los que incorporaba técnicas del ballet moderno, la danza jazz, el ballet y la danza étnica, incluyen obras como Blues Suite (1958) y Mass (1971, con música de Leonard Bernstein). Ailey creó coreografías para algunas otras compañías además de la suya, como el American Ballet Theatre, el Ballet de la Ópera de París y el Joffrey Ballet, para el que hizo Feast of Ashes (1962). Recibió el Premio Capezio en 1979 por su contribución a la danza y en 1985 se convirtió en el primer coreógrafo que fue nombrado profesor distinguido por el CityCollege de Nueva York.



A la edad de 58 años Alvin Ailey nos dejó, el coreógrafo que imprimió un carácter especial a la danza contemporánea y representante de la cultura afroamericana.

Pasa el tiempo, ya la vez que se perfilan nuevos artistas, nuevos creadores, la muerte nos recuerda que los mitos vivientes que pueblan nuestro mundo son también humanos y frágiles.

Nacido en Tejas en plena época de la segregación racial, Ailey descubrió la danza en Los Angeles cuando asistió a una actuación de la compañía de Katherine Dunham. El interés que la bailarina, coreógrafa y antropóloga, apasionada pionera en el estudio y escenificación de la danza afroamericana y caribeña, despertó en el joven se plasmó unos años más tarde cuando Ailey comenzó a estudiar danza moderna con Lester Horton. Horton fue una figura clave en el desarrollo de la danza en la costa Oeste de los Estados Unidos, y más tarde sería Ailey quien asumiría la dirección del grupo de su maestro.

Por aquél entonces, como ahora, Nueva York ejerció como "Meca" para innumerables bailarines, y Ailey se trasladó a esta ciudad donde, entre 1954 y 1958, encontró trabajo bailando en numerosas obras de teatro musical. Durante esos años compaginó sus actuaciones en Broadway con clases con los maestros fundamentales de la danza moderna como Martha Graham, Doris Humphrey, Hanya Holm y Anna Sokolow, bailando además en la compañía de esta última y las de Donald McKayle y Sophie Maslow. En 1958 presentó su primera coreografía en Nueva York. Su magnífica técnica y una presencia escénica estraordinaria inspiraron grandes elogios. Ese mismo año formó el Alvin Ailey American Dance Theater . Más de treinta años de trayectoria, una intensa actividad de giras, la gran capacidad de comunicación que se destaca en sus mejores coreografías y la de sus mejores bailarines, han hecho de esta compañía el embajador cultural estadounidense más prolífico y querido. En 1970 Alvin Ailey American Dance Theater fue la primera compañía de danza moderna americana invitada a la Unión Soviética, y ya son casi quince millones de espectadores los que han disfrutado de su baile.

Junto a su compromiso personal con la danza como medio de expresión, Ailey sintió una responsabilidad hacia los numerosos bailarines negros que entonces encontraban escasas oportunidades para desarrollar y de mostrar su talento. Aunque sus coreografías más celebradas son las que tienen sus raíces en la cultura afroamericana, Ailey señaló en una ocasión que "Siento la obligación de trabajar con bailarines porque tiene que haber más oportunidades para ellos, pero no porque soy un coreógrafo negro que se dirige al pueblo negro".


Para su vocabulario coreográfico Ailey forjó una amalgama de estilos que aprovechaba la línea elegante de la técnica clásica, la relación primaria del centro de gravedad del cuerpo con la tierra de la danza moderna, y las cualidades felinas y explosivas del jazz. Aunque los nuevos bailarines del grupo ponen el listón muy alto en cuanto a la técnica, los que pudimos ver las primeras "generaciones" de la compañía, con intérpretes tan fuera de serie como Judith Jamison, Ullysses Dove, Dudley Williams y Sara Yardborough, para nombrar sólo unos pocos; disfrutamos y recuerdo bien la primera vez que vi bailar a la compañía de Alvin Ailey. " jQué cosa más bella!" le dije al amigo que me había acompañado. "Quiero bailar con esa compañía".
Yo había empezado a estudiar danzas africanas hacía unos meses pero hasta aquel momento jamás había visto un espectáculo con bailarines negros de tanta trascendencia. "No llegarás" me dijo el amigo que me había invitado al teatro, "Has empezado a bailar demasiado tarde". "Pues, ya verás", le contesté.
Y allí está lo que Alvin hizo por mí y por miles de bailarines negros, de manera directa o indirecta. A partir de entonces yo sabía exactamente lo que quería hacer con mi cuerpo y con mi vida. Alvin, entró otros pioneros negros, creó un lugar para el negro en la danza contemporánea e indudablemente una vía más importante para la expresión de la cultura negra a través de la danza. Es más, tuvo una influencia importante como coreógrafo en el mundo del ballet.
Montó "El Río" para el American Ballet Theater, y numerosas coreografías para compafiías europeas e isralíes.
Su compañía servía y sigue sirviendo como depositaria para obras maestras de antaño. En su repertorio se conservan coreografías de Charles Weidman, Katherine Dunham, José Limón y del mentor de Ailey, Lester Horton.
Alvin era una persona tremenda mente humana y sencilla. Nunca tuvo reparos para hablar con él, y de hecho, creo que llegamos a ser amigos. Era muy noble y hablaba siempre con una voz suave.  Alvin nunca dudó en dar una oportunidad a un joven coreógrafo con talento, ni a contemporáneos suyos más establecidos como Taley Beatty, Donny Mckayle y Eleo Pomare. Hasta hay coreografías de tendencia post moderna en su repertorio.
Alvin, junto con otro contemporáneo suyo, Arthur Mitchell, director del Dance Theater of Harlem (la compañía de bailarines negros que trabaja más el ballet clásico) es el que más ayudó a disipar los perjuicios sobre la capacidad del negro para llegar a
Arriba: Alvin Ailey con su coreografía "Revelations" abrió un hueco en el corazón del público. Abajo: Donna Wood y Karl Paris, este último afíncado en España desde el año 81.
La combinación electrizante de esta técnica y la convicción y pasión que desprendían, llegando a una comunicación inmediata con el público. Fue esa sensación que me hizo inolvidable la primera vez que vi bailar a la compañía de Alvin Ailey, hace muchos años en Ohio. La emoción que despertó "Revalations" hizo que el auditorio entero se pusiese de pie al unísono para pedir un bis entre los aplausos más calurosos que había escuchado hasta entonces. Ailey tenía un verdadero don para transmitir la alegría de que es capaz el cuerpo humano en movimiento a la vez que sabía tejer de los sentimientos más oscuros un bello tapiz coreográfico. Yo empezaba por entonces mis clases de danza contemporánea; recuerdo que salí del teatro emocionada e inspirada. Son esas mismas sensaciones las que han hecho que la compañía despertase entusiasmo por el mundo entero.
Ahora hay otros coreógrafos que investigan otras metas, otros movimientos. El norte de la creación Coreográfica se va cambiando paulatinamente de posición y la pasión pasa primero por el cerebro. Quizás lo que echaremos de menos sobre todo de Alvin Ailey será su forma de demostrar que el cuerpo humano puede ser el instrumento más perfecto para dar voz al corazón.
 "Hoy en día, si uno no está de acuerdo con la estética de una negra interpretando un papel clásico, es problema suyo. Pero no me digas que no hay bailarinas negras capaces de harcerlo", Alvin me dijo una vez.
Viajé por todo el mundo con la compañtía de Alvin Ailey.
En Japón la gente llegó a la escena del "Rio" llorando de alegría con el fin de tocarnos después de vernos bailar "Revelations". Les emocionó además ver los tres excelentes bailarines japoneses que formaban parte de la compañtía. Aunque la mayoría de los bailarines éramos negros, Alvin siempre dejó sitio para bailarines blancos y orientales también. No quiso nunca excluir a nadie.
En BrasilI la compañtía no pudo actuar en Bahía, la provincia del país con una gran población negra. Alvin me eligió para acompañarle en un viaje a aquella población región lejana. Allí di una clase a los jóvenes alumnos y después él, con la ayuda de una película, habló de sus coreografías. Este esfuerzo, que se realizó sin cobrar nada, refleja su propio sentido de compromiso con la gente.
Para terminar, me gustaría reclacar que las obras de Alvin Ailey han sido más diversas de lo que mucha gente pueda pensar .Montó coreografías sobre la situación en Sudáfrica cuando aquello significaba un gran riesgo político cara a sus posibilidades de subvención. Su estilo abarcaba la danza contemporánea, guardan do una gran parte de la línea clásica. Adoraba la danza jazz e hizo mucho a favor de este estilo.
Sin duda fue "Revelations" su obra más aplaudida, donde quiso manifestar con sencilla elegancia la apasionada forma de rezar de los negros. No obstante, su repertorio demuestra que era un hombre capaz de reflexionar profundamente sobre la condición humana. Sobre todo, era un hombre con una gran visión.
A Alvin Ailey, una estrella brillante que creó otras estrellas también brillantes, le digo adiós. Al recordar la totalidad de su labor, creo que sería muy difícil encontrar una persona que haya hecho más por la danza.


Por Carl Paris & Laura Kumin

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