John Cranko


John Cranko 1927-1973


Coreógrafo y bailarín de origen sudafricano. Con sus piezas de ballet teatro, el coreógrafo sudafricano John Cranko revolucionó el mundo de la danza, puso al Ballet de Stuttgart entre los mejores del orbe y dio lugar para el surgimiento de grandes intérpretes.






Cranko nació en Sudáfrica el 15 de agosto de 1927. Creó su primer ballet a los 16 años, La historia del soldado, con música de Stravinski. En 1946 llegó a Inglaterra y se unió al Sandler’s Wells Theatre Ballet como bailarín, y en la temporada 1950-1951 fue designado coreógrafo residente. Creaciones sobresalientes de este periodo son Pineaple Poll, La bella y la bestia y La bruja. A partir de 1952 creó los ballets Bonne-Bouche, La dama y el bobo y Antígona, entre otros, para las compañías residentes del Covent Garden.


Asimismo, creó La Bella Helena para la Ópera de París, Romero y Julieta para el Ballet de la Ópera de la Scala de Milán y El Príncipe de las Pagodas para el Ballet de Stuttgart. A partir del éxito de este último ballet, Cranko fue invitado como director del ballet a Beriozoff, en 1961. En Stuttgart realizó una nueva versión de Romeo y Julieta y dos de sus obras más distintivas Onegin y La Fierecilla Domada.



Eugenio Onieguin


Cranko montó este ballet en 1965 para Stuttgart Ballet, compañía de la cual fue director artístico, y la crítica la considera como su mejor coreografía, explicó Petr Zuska, director artístico del Teatro Nacional.  "Onieguin" es un ballet impresionante que se ha vuelto en uno de los más solicitados. En la escenificación en Praga cooperaron nuevamente Jane Bourne e Ivan Cavallari, asistentes y colaboradores de Cranko. Hace dos años ayudaron con la escenificación en Praga de "La fierrecilla domada", otra coreografía de Cranko.


El ballet es una historia de amor no correspondido entre Tatiana, una muchacha joven e inocente, y Onieguin, un cínico aristócrata que tarde se da cuenta de su error. Puesto que se trata de una historia llena de emociones, su interpretación requiere una gran expresividad y una técnica brillante, señaló Petr Zuska.


Marcia Haydee dijo del coreógrafo "John Cranko es un gran narrador. Su coreografía es exigente, pero clara y explícita, de manera que no es necesario que el público conozca el poema de Pushkin para comprender qué es lo que sucede en el escenario. Además, tiene un carácter atemporal. El espectador fácilmente se olvida que se trata de una historia ficticia que se desarrolla en Rusia en el siglo XIX, y la concibe como un tema actual". El ballet, al igual que la ópera de Piotr Ilyitch Tchaikovsky, está compuesto por tres actos y está inspirado en el poema del clásico de la literatura rusa Alexandr Pushkin.


Con sus piezas de ballet teatro, el coreógrafo sudafricano John Cranko revolucionó el mundo de la danza, puso al Ballet de Stuttgart entre los mejores del orbe y dio lugar para el surgimiento de grandes intérpretes. De ellos, sin duda la más destacada fue Marcia Haydée, musa de todas sus obras maestras. Como "La Fierecilla Domada", que toda gran compañía desea tener en su repertorio.


Por su parte, John Cranko tomó la partitura de Prokófiev y transcribió el texto de Shakespeare para realizar un drama teatral mudo que en tres actos uniera poesía y movimiento. El resultado alcanzado es una de las mejores fusiones que existen de la literatura trasladada a la danza, en un constante fluir de acciones que entretejen el drama en una coreografía finamente dibujada. Esta versión actualmente forma parte de múltiples compañías internacionales como los ballets Nacional de Canadá, de Munich, Australiano, de Frankfurt, Escocés, de la Ópera de París, Joffrey, de Zurich y de la Opera Estatal de Viena.


El estilo de John Cranko ofrece una versión realista y contemporánea de la tragedia de Verona en la cuna del Renacimiento. Su montaje de Romeo y Julieta propone ardientes duetos y pasos que se pierden en apasionado abandono, y contrastan con la tradición purista y rígida del ballet clásico. Cranko resuelve el drama de Shakespeare con una fluidez poética que humaniza la técnica y el lenguaje. Se le ha considerado la más feliz traducción de la literatura a la danza. Más que pasos, Cranko exige la encarnación de los personajes. Las miradas, el tacto, las acciones son diálogos plenos de realismo y entendimiento.



El gran coreógrafo sudafricano John Cranko murió en 1973, a los 45 años, a causa de una reacción alérgica en un vuelo que lo trasladaba de Estados Unidos a Alemania. El hombre que había creado el concepto de danza teatro se encontraba en la cúspide de su fama y le había entregado a Marcia Haydée, su bailarina estrella, los principales personajes de sus obras. Fue en ese momento cuando la artista brasileña se enfrentó a lo que llama "uno de los momentos más duros de mi vida, al punto de no querer bailar nunca más".


Tras la muerte de Cranko, la propia Marcia Haydée asumió la dirección del prestigioso Ballet de Stuttgart, en 1976. "Finalmente me di cuenta que yo debía seguir con la obra de él. Así es como asumí la dirección del cuerpo de Stuttgart", explica sobre el cargo que ocupó en la escena alemana por 19 años, hasta 1995.


Si hay una característica que define la personalidad de Cranko -aparte de ser una de las grandes figuras de la danza del siglo XX- es su capacidad para llevar el teatro al ballet. "El es el mejor contador de historias del ballet. Realmente le dio una dimensión dramática a esta disciplina", dice Haydée.



Por Amaya P. Blythermann





John Cranko  (Sudáfrica, 1927-1973)


Coreógrafo y bailarín de origen sudafricano. Nació en Rustenburg, empezó sus estudios en Ciudad El Cabo. En 1946 se trasladó a Londres donde ingresó primero como alumno y luego como integrante del Sadler's Wells Theatre Ballet. Sus primeros éxitos coreográficos fueron Pineapple Poll, seguida por Harlequin in April (ambas de 1951). En 1961 entró en la entonces República Federal de Alemania como director del ballet de Stuttgart, al que convirtió en una compañía admirada por la calidad de sus bailarines y la amplitud de su repertorio. Para él creó ballets narrativos basados en los clásicos de la literatura, entre los que se encuentran Eugenio Oneguin (1965), La fierecilla domada o La doma de la bravía (1969) y Traces (1973). Las coreografías de Cranko contribuyeron al auge de la popularidad del ballet.  © eMe





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