Marcia Haydée


Marcia Haydée fue una de las bailarinas más conocidas del mundo. Cosechó éxitos como directora y coreógrafa del Ballett de Stuttgart y musa de John Cranko.



Había nacido en la ciudad de Niteroi, cercana a Río de Janeiro, y después de estudiar en la Royal Ballet School de Londres pasó al Grand Ballet del Marqués de Cuevas, en Montecarlo, donde conoció al joven coreógrafo británico John Cranko. Fue con él que se trasladó en 1961 al Ballett del Teatro Estatal en Stuttgart, donde Cranko creó para ella perdurables personajes femeninos, como los de los ballets Onegin y Romeo y Julieta.


Con sus presentaciones, la compañía se convirtió en una de las cinco más importantes del mundo y Haydée, en una de las bailarinas más destacadas de su tiempo. Dos años después de la muerte repentina de Cranko en 1973, la brasileña se convirtió —al principio contra su voluntad— en la continuadora de su trabajo y logró mantener a la compañía unida y sólida. En su última etapa como directora actuó sin embargo sin suerte y tras un enorme éxito con "La bella durmiente" no obtuvo más reconocimiento como coreógrafa y abandonó su cargo, aunque continuó viviendo en Sttugart con su esposo, el profesor de yoga Guenter Schoeberl.


Haydée no se ha retirado del todo, pero sus presentaciones enfrentan muchas críticas. "Muchas personas están enojadas conmigo porque en mi nuevo trabajo destruyo su visión de la bailarina clásica", comentó la artista acerca de la decepción de sus admiradores. Ella misma considera que sus presentaciones con Giora Feidman en Elle e(s)t moi, o como bailarina expresionista rodeada de musculosos guerreros indonesios, fueron un fracaso, pero quiere mostrarle al mundo, con Callas, que el éxito no es una cuestión de edad. "Nunca tuve problemas con la edad, pero hay que ser consciente de lo que se puede seguir haciendo, si no, todo se vuelve ridículo", afirma. Asegura que el momento de irse será el día en que el teatro esté completamente vacío.


Marcia Haydée compartió la dirección de Stuttgart con el Ballet de Santiago.  Durante esta última década continúan los grandes Estrenos y el Teatro Municipal tiene en el Ballet de Santiago a su máximo exponente artístico y el gran convocador de público.


Se realizan giras a España, Hungría, Alemania. Durante la gestión de Marcia Haydée se produce una estrecha vinculación con el Ballet de Stuttgart, incorporando varias obras de su repertorio y con un intenso intercambjo de artistas. El Ballet de Santiago se convierte en la Compañía con más obras de John Cranko fuera del Ballet de Stutgart.




Entre 1993 y 1995 Marcia Haydée, paso a ser la gran bailarina de John Cranko,

y una de las más grandes de la historia del ballet.  

  

Su madre siempre le dijo que nació bailando. A los 3 años ya estaba inscrita en una escuela para menores y, desde entonces, no se separó nunca más de la danza. Al cumplir los 15, ingresó al Royal Ballet School, en Londres, para posteriormente entrar a la famosa compañía del Marqués de Cuevas. En 1961, John Cranko -uno de los más grandes coreógrafos que jamás haya existido- recién contratado como Director del Ballet de Stuttgart, la llevó a la compañía como Primera Solista.


Según Haydée, todo lo que es se lo debe a Cranko, pues fue él quien elaboraba cada coreografía pensando exclusivamente en ella, gracias a lo cual logró consolidar su carrera como primera bailarina. Cuando Cranko murió, Hyadée asumió como Directora de la Compañía de Sturgatt, cargo que desempeñó desde 1976 hasta 1996. Simultáneamente entre 1993 y hasta 1996, lo fue del Ballet de Santiago por primera vez. Luego, cosas del destino la instalaron definitivamente en nuestro país y en la actualidad está nuevamente a la cabeza “de la mejor compañía de Sudamérica”, tal como ella misma reconoce.


Marcia Haydée ha trabajado con casi todas las compañías más importantes del mundo y compartió escenario con bailarines de la talla de Rudolf Nureyev, Mikhail Baryshnikov, Paolo Bertolucci o Jorge Donn. También ha producido sus propias versiones de “La Bella Durmiente”, “Coppélia”, “La Cenicienta” y “Giselle”, entre otras.



Para empezar quisiera que nos hablara sobre sus inicios en la danza, cuéntenos ¿cómo y cuándo surge este interés por el ballet?

Bueno, mi mamá dice que cuando nací, nací bailando. Yo tenía 3 años cuando comencé mi contrato con la danza, pues a esa edad ingreso a la escuela para niños. Desde ese momento hasta ahora, que tengo 68 años, nunca he parado de bailar. La danza para mí es una manera de vivir.


¿Dónde realiza sus estudios de danza?

Empecé en Brasil donde tuve un profesor muy bueno, que era checo y con él trabaje 8 años. Después, al cumplir los 15 años, me fui para Londres. Ahí estuve 2 años en el Royal Ballet y luego entré a la famosa compañía del Marqués de Cuevas.


¿Cómo fue su experiencia en el Ballet del Marqués de Cuevas?

Fue la más linda de todas. En  los cuatro años que pasé en esa compañía aprendí lo que es ser bailarina, aprendí mi profesión. Además, él era un hombre fantástico, su pasión era la danza, él hacia todo por la compañía. Entonces, el elenco le tenía un cariño muy grande. Él era un hombre muy especial.


En esta etapa, ¿usted ya empezó a mostrar interés por la coreografía o la corografía viene después?

No, la coreografía viene después, yo nunca tuve interés por la coreografía, lo que yo quería era bailar. Cuando me fui de la compañía del Marqués de Cuevas me trasladé Alemania y empecé a trabajar con John Cranko que era uno de los grandes coreógrafos. Él empezó a crear todos los tipos de ballet para mí; hizo “Romeo y Julieta”, “El Lago de los Cisnes”, “Carmen”. Ahí hice mi carrera como primera bailarina. Yo tenía gran interés por trabajar con corógrafos pero nunca ser una coreógrafa. Nunca, en mi vida, pensé que iba ser una coreógrafa. Pero años después, cuando John Cranko murió, yo fui nombrada Directora de la Compañía de Sturgatt. En ese momento necesitábamos una gran producción, entonces yo dije ‘hagamos la Bella Durmiente’ y como yo conocía todas las versiones de esta pieza comencé a trabajar como coreógrafa.


¿Qué significó para usted haber trabajado con Cranko?

Todo lo que soy hoy se lo debo a Cranko. Él era un coreógrafo que tenía una visión muy adelantada para su época y vio en mí la capacidad de poder hacer todo lo que él quería. A Cranko le debo mi carrera.


¿Qué papeles recuerda con más cariño?

De Cranko, “Romeo y Julieta”, “Carmen”, “Onegin”, “La Fierecilla Domada”. Después siempre tuve la oportunidad de que los coreógrafos quisieran trabajar para mí, por eso hice una carrera tan grande.



Cuéntenos, ¿cómo llega a dirigir el Ballet de Santiago?

Yo estuve como directora del Ballet de Santiago en el año 1992. Eso se dio gracias a que viene a bailar a esta compañía y me enamoré de ella. Años después, Luz Lorca me llamó para hacer una coreografía y después de un mes nos adaptamos tan bien que me pidieron ser la directora, pero yo aún estaba como directora en Sturgatt. Entonces 2 ó 3 años fui directora en forma paralela en Alemania y Chile, pero fue muy difícil, una locura. Finalmente, me di cuenta que no era posible continuar. Ahí deje ambos trabajos. Fui directora en Sturgatt 32 años; necesitaba un descanso.


Poco a poco fui volviendo hasta que hicimos “Madre Teresa y los Niños del Mundo”. Con esta obra fuimos de gira por todo el mundo. En Latinoamérica, debíamos estar en Chile, Argentina y Brasil, sin embargo, en el último momento Chile canceló, pero como yo ya tenía los pasajes decidí venir igual. Ahí, nuevamente Luz Lorca me ofreció el puesto de directora del Ballet. Entonces, se puede decir que fue la Madre Teresa la que me trajo a Chile.


Como directora de este Ballet, ¿cuáles son las dificultades más grandes que ha tenido que afrontar?

A decir verdad, cuando llegue pensé que me iba a enfrentar con más dificultades, pero la compañía fue increíble, nunca tuve un problema, todos siempre me ayudaron. Además, como soy bailarina y me llevo muy bien con el grupo, ellos saben que siempre voy a decidir lo mejor para el elenco. Ellos sienten ese apoyo, saben que soy para ellos y no contra ellos; muchas veces hay directores que no se ponen en el sitio de los bailarines. La verdad es que yo tengo una manera de dirigir la compañía fuera de lo común. Pero también por toda la trayectoria que poseo como bailarina ellos me respetan, ayudan y quieren. Por eso digo siempre que la Madre Teresa me dio un regalo muy grande.


Dada su experiencia en Chile ¿en general, cómo ve el nivel de ballet en nuestro país?

El ballet chileno tiene un nivel increíble. No sé si los chilenos se dan cuenta de esto, yo creo que no. Los chilenos siempre dan más valor a lo que viene de afuera, pero esta compañía es la mejor que hay en Sudamérica. Somos una compañía que cuando se presenta en el extranjero tiene la admiración del público.


Hoy, ¿cuáles son las deficiencias más grandes que le ve al ballet chileno?

Yo no veo ninguna deficiencia en el ballet chileno. Esta compañía puede ser comparada a cualquier otra gran compañía de Europa. Además tiene algo que en Europa no se da: la energía latina, la vivacidad y pasión.


El Teatro Municipal inicio su Temporada de Ballet 2005 con “La Cenicienta” con el vestuario original diseñado a fines de los años ‘50 por Raimundo Larraín y confeccionado en la casa Dior


¿Cómo se dio la oportunidad de restaurar este vestuario tan importante para el ballet?

Bueno, como te dije antes, yo tengo que agradecer a dos chilenos mi carrera en este país: al Marqués de Cuevas y a Raimundo Larraín. Con el último comencé a trabajar en el montaje de “La Cenicienta” y desde ahí que él quiso que yo fuera su modelo. Cuando supe que todos los trajes hechos por Raimundo de “La Cenicienta” y “La Bella Durmiente” estaban en Chile, pensé que era necesario rescatar ese vestuario, ya que son joyas que no pueden perderse. Entonces, me propuse realizar una nueva versión de “La Cenicienta” para mostrar los trajes y la magia de Raimundo Larraín.


Fuente: www.radio.uchile.cl

Publicado el 01-06-2005




Photo: Leslie E. Spatt



Teatro Nacional de Stuttgart "Württembergisches Staatstheater"


Antiguo teatro de la corte real, construido en 1909–1912 por Max Littmann. En 1983–1984 fue restaurado siguiendo los planos originales. Posee 1400 asientos. Este grandioso escenario acoje las representaciones del famoso Ballet de Stuttgart y de la renombrada Ópera de Stuttgart. La Ópera de Stuttgart recibió en 1998, 1999, 2000 y 2002, bajo la dirección artística de Klaus Zehelein, el codiciado premio “Ópera del Año” en Alemania.


No menos importancia tiene el Ballet de Stuttgart, el cual, desde la fundación de la actual compañía en 1961 por el genial coreógrafo John Cranko, ha logrado convertirse en una de las primeras compañías de ballet a nivel mundial. Tras la repentina muerte de John Cranko en 1973, Marcia Haydée pasó a dirigir la compañía. Desde 1996, Reid Anderson es el director artístico encargado de que el Ballet de Stuttgart, con su extraordinario y variado repertorio de ballet clásico y moderno, se mantenga “bailando en la cumbre”.



Página Oficla: www.stuttgart-ballet.de/



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