MERCE Cunningham


MERCE Cunningham
 
Durante algún tiempo la danza moderna se llamó Graham, hoy se llama Cunningham. Su idea es simple: La danza, dominio del hombre, es el hombre. Un creador que utiliza lo elemental y lo inesperado en la organización de su obra, de una estructura coreográfica y de un todo unitario. .


COAST ZONE (1983) Bailarines: Joseph Lennon, Cathy Kerr, Alan Good. 
Foto: Lois Greenfield.
 
Ese instante efímero en que uno se siente vivo. Con este sabroso subtítulo se anunciaba la participación de la Compañía de Merce Cunningham, en una temporada de danza del City Center neoyorquino. Dos semanas en cartel; un total de nueve coreografías combinadas en distintos programas; un estreno mundial (Native Green, creada en 1985, con música de John King, decorados y vestuario de William Anastasi e iluminación de Dove Bradshaw) y la polémica.
En efecto, cualquier crítica en torno a Merce Cunningham y su Compañía se desvía casi automáticamente de las consideraciones artísticas de rigor para adentrarse en un tema de características fundamentalmente humanas. De la indignación a la alabanza más incondicional, lo que quedó claro, una vez más, es que, hoy en día, la aparición en escena de Merce Cunningham en persona no puede dejar indiferente a nadie. Un Cunningham carcomido por la artritis y los años; un Cunningham que arrastra sus agarrotados pies por el escenario, torpe y titubeante; un Cunningham que, a todas luces, se limita a esbozar los movimientos que sus bailarines efectúan delante de él con precisión y elegancia. ¿Tomadura de pelo? ¿Exhibición de heroísmo? ¿Simple provocación?
Resulta del todo significativo que las esporádicas apariciones de Cunningham se produzcan en general hacia el final de las coreografías, y siempre en un plano evidentemente secundario. El coreógrafo se sitúa detrás de Catherine Kerr y le sirve de apoyo; bien sea arrodillado junto a Rob Remley y reproduce "sui generis" los movimientos de éste; o bien, inesperada y lentamente, atraviesa el escenario como un telón de fondo a su obra, sin que sus bailarines parezcan siquiera advertir su presencia. El caso es que, infiltradas alevosamente en esa fórmula casi hipnótica de virtuosismo y elasticidad, de pureza y control, de empeines de acero y equilibrios inenarrables por parte de unos bailarines insufrible mente hermosos (o tal vez sólo fuera la influencia del hechizo...), las imprevistas incursiones en escena de Merce Cunningham emiten una nota discordante, una especie de interrogante lanzado al aire: "y qué pasaría si...", o, mas exactamente, ,...porque no.
 
Al tomar la decisión de aventurarse en el universo de belleza y exactitud engendrado por él mismo, Cunningham acepta implícitamente el riesgo de la burla, el rechazo o la compasión gratuita por parte del público. Y, sobre todo, acepta sus propias "limitaciones" sin por ello claudicar ante éstas o adoptar una actitud patética. Su presencia en escena rebosa integridad y determinación, al tiempo que una ternura latente; si es cierto que no pretende engañar a nadie, mucho menos estaría dispuesto a engañarse así mismo. Cunningham se muestra consecuente con su actual condición física y, partiendo de ésta, encuentra la traducción de cada gesto a su propio lenguaje, en una rotunda reivindicación de su derecho inapelable a "estar", a "seguir estando", independientemente de la opinión ajena. Cunningham presenta sin ambigüedades su alternativa y deja que cada cual cada uno de nosotros saque sus propias conclusiones.
 
Lejos de constituir un estorbo antiestético o un elemento exasperante mente parasitario, la presencia de Cunningham proporciona, precisamente, el sutil complemento, la onza de esencia que ensalza el carácter de la obra hasta una dimensión atemporal y entrañable. Lo que presenciamos, finalmente, es el creador ya su creación, personal e intrasferible, de la mano en el escenario; y la paulatina transformación de un mismo reconocible gesto pasado por el filtro de varias generaciones. Para Cunningham, tantas veces a la vanguardia en cuanto a las "reglas" artísticas, ésta podría constituir la última y más gloriosa bofetada al orden establecido, el inconformismo definitivo ante cualquier planteamiento inamovible o incuestionable.
 
El viejo buho se las ha ingeniado para ganar la carrera contra el tiempo. De hecho, superada la primera impresión de desconcierto, llega un momento en que no resulta nada fácil determinar quién es el que está en realidad "marcando" los movimientos, si Cunningham o, por el contrario, su Compañía en pleno ¿por que no?.
 
Merce Cunningham ingresó en la compañía de Martha Graham en 1939 y permaneció allí varios años. En aquella época, el grupo podía considerarse el más importante de los Estados Unidos, sobre todo en lo que se refiere a retomar los temas propios de la cultura estadounidense y presentarlos con la grandeza y la plenitud del gran espectáculo. En efecto, a estos años pertenecen Deep Song, American Lyric y American Document, coreografías que la compañía y Martha (como estrella central) actuaban ante los públicos de Nueva York y ciudades aledañas. Durante este período, Merce Cunningham aprendió, bailó y se preparó para formar su propio grupo y aplicar sus propias ideas. En 1941 se le mira participando en El penitente (Figura de Cristo), Carta al mundo (March), Toda almá es un circo (Acróbata) y otras obras que expresaban ya la madurez artística de la Graham. Este Cunningham, debe apuntarse, pertenece a un grupo que ha dado ya figuras notables gracias a la teoría y la práctica de la Graham (50 kolow, Marchowsky), por ello, aunque los papeles de Cunningham no son los principales (Erick Hawkins interviene en casi todas las obras con papeles más vistosos, más difíciles), resultan suficientes para recibir una sabia y lúcida enseñanza. De 1940 a 1945, Merce Cunningham acompaña, rodea, imita, sigue y persigue a la gran bailarina. Y estos pasos van abriendo en su mente la posibilidad, el camino para la posesión de una nueva idea de la danza moderna. Gracias a Merce Cunningham nada de lo que ocurrirá después resultará forzado: será el proceso de un desarrollo e intenso experimento; será un conocimiento que, como aquel que se descubre en las experiencias de la Graham, indica la integración disciplinada de talento ahínco, imaginación, destreza e inteligencia.
 
¿Dónde radica entonces el mérito reconocido de la obra dancística de Merce Cunningham? La danza contemporánea no le debe a Cunningham (como ser guarda deudas con Graham, Wigman, Rhut. St. Denis, Humphrey) un nuevo sistema de enseñanza, un acercamiento técnicoteórico singular. Ni siquiera un nuevo modelo de enseñanza para las nuevas generaciones. ¿Dónde puede residir la contemporaneidad de Cunningham? Con la salvedad de algunos innovadores, nadie ha sido más apto que Cunningham para pasar de una etapa a otra en la que a impulsos estéticos se refiere; y curiosamente (a diferencia de un Nikolais, incluso de un Béjart) , Cunningham no ha querido configurar su estilo, su escuela de espectáculo. En 1944 y 1945 lo hallamos actuando solo, pero para él ha sido fundamental el establecimiento de un concepto intrínseco: alejar de la acción dancística la intervención del impulso coreográfico como un mero estado de ánimo del creador, por lo menos en lo que se refiere a las concepciones figurativas del creador. T ampoco cree que la técnica existe solamente para hacer maniobras en el escenario. En 1950, al formar su grupo, los elementos políticos, sexuales y descriptivos se hallan erradicados en la danza de Cunningham. En este sentido se aleja definitivamente de toda tendencia expresionista: prescinde de todo énfasis sentimental. En su práctica dancística, los impulsos humanos pueden establecer una contradicción con la secuencia; los brazos pueden crear un diseño que sobrevenía o se realizaba a la vista de un público que creía hallarse ante un espectáculo montado de ante mano. En este mismo periodo de su vida coreográfica, Merce Cunningham también llevó hasta sus últimas consecuencias la utilización de objetos e implementos escénicos (un sueter como en Antic Meet) o bien la manipulación del juego de luz y oscuridad, de silencio y ruido ensordecedor .
Muchas de las búsquedas de Cunningham no han sido entendidas cabalmente. Sus investigaciones en torno a la utilización del cine, las artes plásticas, la tecnología y los volúmenes inorgánicos en la danza contemporánea se han encontrado con opositores perjudiciados y con públicos hostiles. Ha si do criticada su tendencia a eludir, por lapsos prolongados, las instalaciones escénicas up to date; prefiere la informalidad ascética que permite descubrir al espectador el sentido oculto del toque entre dos cuerpos (y sus inevitables consecuencias) o la significación que descubre la experiencia de buscar (podríamos añadir: y vivir) todos los apoyos posibles de un cuerpo que se halla sobre la superficie de la Tierra pero inmerso en el espacio. En este sentido, su Landro ver ( 1972) constituye una especie de registro de las reacciones del ser humano (cuerpo y alma) ante las posibilidades de su naturaleza. El rompimiento que esta danza establece con los cánones de la danza espectáculo actual parece expresar la más preciada filosofía artística de Cunningham: alejar definitivamente al coreógrafo, al creador de cualquier elemento formal pensado de antemano o producido por un impulso interior. El movimiento del bailarín debe proceder de la objetividad de la experiencia dancística, la cual queda concebida en términos de una combinación de movimiento inmovilidad. El cuerpo humano es expresión suficiente. La inmovilidad (como el silencio para John Cage) es experiencia estética suficiente.
Resulta obvio que Merce Cunningham es un artista racional. Los ingredientes intelectuales de sus experimentos y experiencias revelan a un creador que utiliza lo elemental y lo inesperado en la organización de una obra, de una estructura coreográfica, de un todo unitario. Sus efectos, como apunta Denby son libres y a la vez definitivos; devienen por tanto una sensualidad excesivamente elegante. y podríamos añadir: intelectualizada. Pero, ¿qué otra cosa es la danza si no la organización apolínea del impulso dionisíaco?
 
La persistencia de la idea de búsqueda en la obra de Merce Cunningham lo sitúa en la línea difícil de la danza contemporánea: ir hacia la intensidad de lo inesperado ya que este arte proporciona un campo abierto hacia todas las acciones del hombre de hoy. Su aventura estética con lleva la posibilidad del fracaso si consideramos que la danza contemporánea no ha resuelto su desarrollo orientándose (y orientando al público) en el sentido del resto del cuerpo; el acto creativo puede sobrevenir tanto sobre el piso del escenario como a la altura del espacio; cualquier movimiento cotidiano, común y corriente, puede tener la misma significación que el más 'estilizado de los movimientos profesionales. En suma: la danza, dominio del hombre, es el hombre, Todo proviene de él y va hacia él. Estas ideas, llevadas a la práctica y al experimento hasta sus últimas consecuencias, han delineado un original hacer creativo cunninghamiano y han impuesto su influencia en numerosos grupos y bailarines.
 
La notoriedad alcanzada por Cunningham a partir de la organización de su propia compañía ha ido de la mano de su trabajo con otros artistas. Su aso ciación con el compositor John Cage y con el pintor Robert Rauschenberg originó importantes experimentos: técnica de las improvisaciones creativas, ejercicios ópticosvisuales, danzas sin pronósticos, inmovilidad virtual contrastada, diseños mediante momentos inesperados, etc, La composición como ejercicio impredecible satisfizo por un tiempo la curiosidad creativa de Cunningham (Story), e hizo que presentara danzas en las que el efecto dramático se conseguía en base a episodios cuyos detalles y variaciones podían ser distintos cada noche, durante cada función, Asimismo, sus sondeos en la naturaleza humana lo condujeron a cierto, ineludible sentido del humor (también un descubrimiento inesperado y profunda espontaneidad o de la improvisación puras. Es decir, la danza contemporánea, en sus búsquedas y asentamientos técnicos, en la configuración académi ca de sus procedimientos, también se ha hallado en sus propios callejones sin salida. Las creaciones de Merce Cunningham intentan el contraste y la ruptura: danza y no danza; todo a partir del objetocuerpo. Este tipo de arte posee la cualidad (y, repetimos, el peligro) de la "huída hacia la racionalización pura". Por eso, además de proporcionar espectáculos, unidades "para ser vistas", siempre experiencias difíciles, intensas, Cunningham diseña obras que desarrollan una especie de flexibilidad del cuerpo y de la mente. Es un creador que asume el riesgo: el espectador puede perderse del deleite que le proporciona y preferir el deleite de pensar en lo que está viendo.
 
"Danza para mí es movimiento en tiempo y espacio; sus posibilidades están dirigidas sólo por nuestra imaginación y nuestras dos piernas. Desde que yo recuerdo siempre he tenido la necesidad de moverme... No veo por qué el movimiento tiene que representar algo. Para mí solamente Es lo que Es... Es una necesidad continua.
Mucha gente baila, no es necesario tener una razón para hacerlo uno puede simplemente hacerlo ".
 
UNA CLASE CON Cunningham
 
Una clase de Cunningham es preparar el cuerpo y la mente para poder hacer eso.
Es necesario tener a tono todos los resortes del cuerpo: los reflejos, el dominio del espacio y el control del tiempo para que la danza fluya de un modo aparentemente natural.
En el "Merce Cunningham Studio", nunca sabes hasta el último momento qué profesor va a dar la clase. Cada nivel tiene asignado un cuadro de profesores, pero siempre se van turnando, forma parte del método pedagógico de la escuela. Desde Chris Komar. uno de los mas antiguos y veterano bailarín de la compañía, a June Finch, Susana Hayman Chaffey, ex bailarina de la compañía y otros, hasta el propio Merce Cunningham, tiene la cita con sus alumnos en el edificio de artistas del WESTBETH en el Greenwich Village del mismo Manhatam.
 
Los bailarines se apuntan en una lista que hay en el mostrador, según el diferente nivel, (no se puede pasar al superior sin haber estado en los precedentes) y momentos antes de empezar la clase se escribe el nombre del profesor y del pianista. Los días que el maestro da la clase son verdaderamente especiales y mágicos. Desde el momento que hace su aparición en el estudio, como si del escenario se tratara, su carisima y personalidad se hace patente en el silencio de su "público". Siempre con una exacta puntualidad, comienza la clase tranquila y en silencio. Se presiente en el concentrado ambiente, la magistral lección.
El principio de la clase se desarrolla con los habituales "bounces" , ejercicios de calentamiento de la espalda, brazos, piés, ronds de jambe, développés, etc., siempre de pie, nunca en el suelo como con su antigua maestra Martha Graham. Se trabaja mucho la espalda y las piernas; es un trabajo duro que trata de conectar precisamente el torso con las piernas, coordinándolos simultaneamente. Después vienen los ejercícios de centro, donde Merce crea frases increíbles, de una rapidez asombrosa que sin conocer previamente su técnica serían imposibles de seguir debido a los constantes cambios en la situación del espacio y un trato muy especial con las cuentas que casi nunca son "cuadradas" y ejercitan la precisión: "El entendimiento profundo de la danza se logra en la llegada de cada instante, su vida, vigor, y atractivo se muestran en cada uno de esos instantes. Cada momento esta separa do del resto".  "Los adagios", lentos y difíciles, van trabajando el equilibrio. Antes de las diagonales, se prepararán los pies para el salto. Particularmente importantes en la técnica de Merce Cunningham, por lo que sus bailarines tienen unas potentes pantorrillas que les permiten saltar incansablemente. Ya en las diagonales se puede combinar el salto, el giro, y la rapidez con los momentos de pausa. La vitalidad de su técnica, junto a su imaginación inagotable, hacen de Ias frases completos ejercicios para formar a los futuros bailarines, que no siempre van a encontrar la aconstumbrada belleza del movimiento, sino más bien la búsqueda inagotable de posibilidades.
 
En la clase de Merce está presente la técnica clásica, pero ofrece otras posibilidades a los pliés, developpés, battements.
 
Por ejemplo, la espalda puede hacer curvas hacia los cuatro lados clásicos y además, en diagonal y ésto también se puede utilizar en un developpé. Los attitudes se hacen en paralelo, con el cuerpo curvado, los pas de chat se hacen girando los grandes saltos que combinan con la espalda curvada etc. Merce ha creado una técnica completa que, además de preparar correctamente el cuerpo, le da al bailarín la preparación mental necesaria para también poder captar con más rapidez cualquier otro tipo de danza.
A medida que la clase transcurre, Merce nos va traspasando su nervio y energía junto a la necesidad imperiosa de moverse. Se va apoderando de todos nosotros, va creando los pasos y combinaciones y lo que al principio podía parecer una personalidad fría o distante se hace más calurosa y humana. Consigue que el ambiente se relaje, que los bailarines tomen confianza y se crea esta necesaria comunicación entre profesor alumno logrando un clima distendido.
En sus pocas intervenciones aprovecha para matizar conceptos. iOuién mejor que él conoce su técnica! Es instransigente con la precisión de las cuentas, la claridad en las direcciones, la adecuada energía en cada movimiento, a veces frunce el ceño y sabemos que algo va mal... Repetimos hasta que le satisface nuestra correcta ejecución. Su magnetismo personal hace que su clase siempre resulte corta, al final de los aplausos largos y calurosos demuestran la ferviente devoción de sus alumnos. A sus años y después de haber formado a generaciones de bailarines además de excelente maestro, gran innovador y coreógrafo, es también un MITO.


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MERCE CUNNINGHAM DANCE COMPANY


El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía acoge la actuación de una mítica compañía de danza contemporánea.


Dentro de su nueva línea de Programas Públicos, el Museo Nacional de Centro de Arte Reina Sofía presenta la actuación de una de las más prestigiosas compañías internacionales de danza contemporánea, la Merce Cunningham Dance Company.



Se trata de una oportunidad excepcional para admirar uno de sus conocidos Event (Evento), una actuación creada exclusivamente para este Museo. El lugar seleccionado para la actuación es una gran sala abovedada ubicada en la Planta 1 del Edificio Sabatini, que acogerá esta serie de obras de arte efímeras en los primeros días de mayo.


Por otra parte el Museo ha organizado el programa gratuito Danza en Familia, ocasión excepcional para disfrutar con las obras del museo y la compañía norteamericana. Así mismo, Trevor Carlson director Ejecutivo de la Compañía Merce Cunningham y Benedetta Tagliabue, arquitecta y escenógrafa participarán en un encuentro moderado por Roger Salas, escritor y crítico de danza


La compañía de danza de Merce Cunningham será la compañía estrella en el Festival Internacional Madrid en Danza, organizado por la Comunidad de Madrid, durante los días previos a su presentación en el Museo Reina Sofía. La compañía de danza tiene una gran presencia mediática a nivel internacional, pero esta ocasión será muy especial ya que coincide con los 90 años que ha cumplido su creador el pasado 16 de abril, manteniendo la capacidad e ilusión para trabajar en nuevos proyectos.


La actuación de esta compañía irá acompañada de cuatro dibujos del compositor John Cage, compañero sentimental de Cunningham hasta su muerte en 1992 y figura clave en la música contemporánea de la segunda mitad del siglo XX. Ambos se conocieron en 1942 y en 1953 creó esta compañía de danza, contando con la inestimable colaboración de Cage durante los 50 años que permanecieron juntos.



MERCE CUNNINGHAM DANCE COMPANY


Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Sala de Exposiciones1. Edificio Sabatini.

jueves 7, viernes 8 y sábado 9 de mayo de 2009 (19h y 21h)



Merce Cunningham Dance Company



Merce Cunningham, una leyenda viva


Nombrado ‘Living Legend’ (Leyenda Viva) en el año 2000 por la Biblioteca del Congreso de los Estado Unidos, Merce Cunningham es mucho más que un mito de la danza y de la coreografía actual. Se trata de la figura que en su día revolucionó los conceptos básicos de la danza moderna para dar lugar a la

danza contemporánea como la conocemos hoy en día.


Mente infatigable, pionero en el uso de las nuevas tecnologías aplicadas a la danza, sigue trabajando en nuevos proyectos artísticos que incluyen la innovación de sus programas informáticos sobre la captura del movimiento. Son programas que emplean coreógrafos de todo el mundo y que él utiliza en todas sus creaciones desde 1991.


Merce Cunningham ideó los Event (Evento) en 1964 como una manera de presentar su trabajo fuera del espacio escénico tradicional. El programa Event está compuesto por diversas secciones de coreografías preparadas con antelación que son ensambladas el mismo día de su representación para adaptarse al espacio. Esta combinación se realiza siguiendo métodos aleatorios.


Es habitual que los bailarines no escuchen la música hasta el mismo día del estreno. El desarrollo compositivo pierde, de este modo, sus cánones tradicionales. El azar, como puede apreciarse, es un elemento presente en todas sus coreografías, lo que convierte cada Event en una obra única e irrepetible.


Para Cunningham la percepción de su obra es primordial, por lo que la ubicación del público en los Event no es únicamente frontal al montaje, sino que se abre a múltiples puntos de vista por parte del espectador, invitando en muchos casos al público a desplazarse a lo largo de la sala. La danza de Cunningham ha sido frecuentemente asimilada al Dada por su estructura de collage y al Zen por su multiplicidad de centros. Lo que destaca de las coreografías de Cunningham es que no existe un sólo centro, de modo que el espectador es libre de escoger qué movimiento mirar, o mejor, admirar en estas obras de arte efímeras.


La música y la pintura contemporánea se han beneficiado de la genialidad de este creador artístico desde que formó su propia compañía en 1953. Son numerosas las colaboraciones que Cunningham ha establecido con los mejores artistas del momento con coreografías que ha creado en torno a diversas obras plásticas de Duchamp, Andy Warhol o Richard Serra. Grandes pintores como Robert Rauschenberg o Jasper Johns se han vinculado durante años a la MerceCunningham Dance Company, junto a grandes compositores, como el citado John Cage creándose una larga y prolífica relación simbiótica entre la danza, las artes plásticas y la música contemporánea.

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