Misha: Mikhail Baryshnikov


Con ese breve nombre fue conocido y admirado en los escenarios por una veintena de años, por los balletómanos de muchos países. Me estoy refiriendo, por supuesto, a Mikhail Baryshnikov (enero, 1948), considerado como uno de los mejores bailarines del siglo XX.

Cuando Misha irrumpió en occidente, después de haber solicitado asilo político en Toronto, Canadá, donde se presentaba en una gira con artistas del Ballet Bolshoi y del Kirov, creo que nunca, en los escenarios de Norteamérica, se había visto bailar a nadie de la manera que él lo hacía.

“A one man revolution”, comentario de la crítica Arlene Croce, define el poder de su técnica danzaría, tan perfecta que pudiera ser llamado “el dios de la danza clásica”. Misha era, además, señalado como un bello Apolo, por su cara de ángel y cabello rubio, muy diferente a otro igualmente extraordinario bailarín ruso, Rudolf Nureyev (1938-1993), exiliado en 1961 en París. De Nureyev, los críticos acordaban que mientras Misha era el clasicista por excelencia, Nureyev se apoderaba del escenario “como si fuera una pantera”.

La carrera de Baryshnikov ha abarcado distintas áreas teatrales, si bien la mayor ha sido la danza de escuela, en la cual ha dejado huellas invaluables, abriendo nuevos caminos hoy logrados por muchos bailarines de ambos sexos. Viene a la mente el argentino Herman Cornejo, a quien también señalan algunos críticos como un estupendo clasicista.

Baryshnikov, de padres rusos, era natural de Riga, Letonia, país entonces ocupado por la Unión Soviética (URSS) y anexado a su vasto territorio. Misha comenzó sus estudios de danza en su ciudad natal en 1960, y en 1964 fue admitido a la prestigiosa Escuela Vaganova de Leningrado (hoy San Petersburgo). Su amistad y admiración por el maestro Alexander Pushkin, lo guiaría en una carrera que pronto comenzó a dar magníficos frutos. Su primera medalla de oro en la categoría juvenil, sería ganada en la Competición de Moscú, donde bailó una fascinante pieza titulada “Vestris”, original del coreógrafo Leonid Jacobson, que tuve oportunidad de ver en Washington D.C. en la década de los años 80, que me causó un gran asombró, por la teatralidad magnífica con que Misha la interpretaba.

Igual que lo haría Nureyev, seguido por Natalia Makarova (1940) asilada en Londres en 1970, Misha también pediría asilo político, “en busca de otros horizontes artísticos”. Después de una breve estancia con el Royal Winnipeg Ballet, y bailar en la televisión canadiense “La Sylphide”, con el Ballet Nacional de Canadá, pasó a Estados Unidos, una vez le fue concedido asilo político.

Con grandes expectativa era esperaba su presencia en la nación estadounidense. Su debut no se haría esperar: Sucedió en julio 27 de 1974, cuando bajo contrato con el American Ballet Theatre (ABT), en el entonces llamado State Theater (hoy Koch Theater) del Lincoln Center de Nueva York, bailaría en una espectacular “Giselle”, con Natalia Makarova en el rol titular, y Cynthia Gregory como Myrtha, que tuve la enorme emoción de poder presenciar. En esa ocasión estaba anunciado Ivan Nagy en el role de Albrecht, pero a petición de Makarova, Nagy tuvo la gentileza de cederle el puesto al recién-llegado bailarín ruso, para hacer su debut ante el público estadounidense.

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Mikhail Baryshnikov © Ringling International Arts Festival

Ya he comentado en otras oportunidades lo que sucedió aquella memorable noche en el teatro, que estaba abarrotado hasta los topes, por un ansioso público que venía a admirar a la Makarova, la mejor Giselle de la época, y fue sorprendido por el inesperado cambio.

Nunca olvidaré aquella “Giselle”. Primeramente, la emoción demostrada en la interpretación de Misha, nunca ha sido superada. Además estaba su técnica. Ah… aquellos assemblés dobles en l´air, terminando en una correctísima quinta posición cerrada, aquel extraordinario ballon, y aquellos pirouettés fuera de serie, eran simplemente irreales. También el magnífico manejo que le daba a los Pas de Deux con Makarova, eran impresionantes. Por último, aquel final nunca visto antes, cuando Albrecht se aleja de la tumba, retrocediendo, dejando caer al suelo, uno a uno, lirios del ramo que antes había depositado sobre la tumba de su amada campesina. El público, como anonadado, quedó en un silencio profundo por unos segundos mientras caía la cortina hasta que, reaccionando, comenzó una estruendosa ovación, combinada con estentóreos bravos, puesto en pie casi en su totalidad, demostrando así su aprobación a lo que acababa de ver.

La temporada del ABT continuó con Misha apareciendo en muchas piezas que tuve la suerte de ver también, como el Pas de Deux final de “Don Quijote” , el Solor de “Bayadére” y variadas otras obras que resultaban de estreno para él, casi todas con Makarova, hasta que Gelsey Kirkland abandonó el New York City Ballet (NYCB) para unirse al elenco del ABT. En 1978 compartió con el bailarín ruso, un “Tema y Variaciones”, de Balanchine, sobre la música de Chaikowski, que quedará para la historia. Ya por esa época era “vox populi” la relación amorosa que existía entre ambos bailarines, la cual al terminarse, tuvo trágicas consecuencias para Kirkland.

En 1978, el inquieto Misha, cuyo uno de sus mayores propósitos parece haber sido bailar bajo la égida de George Balanchine (1904-1983) — o posiblemente deseara que el maitre ruso creara una obra para èl, lo que nunca sucedió –, se unió inesperadamente al NYCB ese año. No obstante, Mr. B. lo ensayaría en sus ballets “El Hijo Pródigo”, “Apolo” y “Rubies”; sin embargo, Jerome Robbins (1918-1998), otro coreógrafo a quien Misha admiraba y respetaba, creó para el bailarín tres obras: “La Cuatro Estaciones” con música de Verdi, “Opus 19:The Dreamer” sobre partitura de Prokofieff, y el delicioso “Other Dances” (1976) con acompañamiento de las bella música para piano de Chopin, un inigualable Pas de Deux con Makarova, en el que la bailarina desplegaría su inolvidable legato, que tuve el gusto enorme de presenciar el día del estreno.

Misha solo fue parte del NYCB por dos años, reintegrándose al ABT en 1980, igualmente como director artístico y primera figura. Ambos cargos los ocuparía hasta 1988, cuando, ya con la ciudadanía estadounidense en el bolsillo (obtenida en 1986), se convirtió en ciudadano del mundo, compartiendo la escena como artista invitado de las más importantes compañías de ballet de Europa, especialmente el Royal Ballet de Londres, y el Ballet de la Ópera de París.

En 1990 fundó un grupo de danza contemporánea con el coreógrafo estadounidense Mark Morris, que llamaría White Oak Dance Project, con la ayuda monetaria de Herman Gilman, quien construyó un estudio para los ensayos del grupo en su plantación de la Florida. Después de varios años de magníficas representaciones, el proyecto terminó sus actividades. No obstante, Misha continuó actuando en piezas con las que ha obtenido triunfos, no obstanate, dio por terminada su carrera de bailarín clásico en 2007. Sus condiciones físicas, después de sufrir varias operaciones en una rodilla, lo obligaron a tomar esta inteligente pero lamentable decisión.

Para honrar y ahondar más en su carrera, retrocedo para continuar con las partes más importantes de su historia y recordar la Infinidad de coreógrafos de distintas nacionalidades que hicieron obras para él. Entre los más reputados pueden contarse a John Butler, a John Neumier (1939), Frederick Ashton (1904-1998), quien hizo para Misha con el Royal Ballet la obra titulada “Rhapsody”, que llevaba como música la Rapsodia sobre un tema de Paganini; igualmente Glen Tetley (1926-2006) así como Twyla Tharp (1941), compusieron piezas para el coloso ruso. En el caso de Tharp, que escenificó más de uno, hay que resaltar el hecho de incorporar en ellos algunos de esos movimientos extraños que caracterizan sus trabajos, como haría en “Push comes to Shove” (1976), su primera obra montada para el bailarín, que llevaba música de Haydn. Tampoco puedo olvidarme del simpático y sorpresivo “Pas de Duke” (1979), de Alvin Ailey (1931-1989)), sobre melodías de Duke Ellington, donde compartiría la escena con la dinámica Judith Jamison. Su presencia en los escenarios más reciente, han sido como pareja de la bailarina Ana Laguna, en una coreografía de Mats Ek, titulada “Apartamento”, y en 2012, en otra obra teatral que bajo el título de “En Paris”, ha merecido varias presentaciones.

Misha hizo también incursiones como actor en la televisión estadounidense, comenzando con “Baryshnikov on Broadway”, en la que contó con la presencia de Liza Minelli. Más reciente fue su trabajo en la serie “Sex and the city”, en la cual tuvo un romance con Sarah Jessica Parker, pero las más importantes han sido los ballets completos presentados con el NYCB y el ABT, durante el llamado “boom” de la danza clásica a fines del 70 y principios del 80, en aquel magnífico programa titulado Dance in America, de Great Performances, todas por la cadena PBS. ¿Y qué decir de sus actuaciones en la pantalla de plata? Pues ahí quedan ahora en DVD “The Turning Point” (Paso decisivo, en español), “White Nights” (Noches Blancas) con Gregory Hynes e Isabella Rosselii, “Dancers” con Alessandra Ferri, Julie Kent y bailarines del ABT y otras más.

Las múltiples cualidades artísticas que Misha posee, no obstante, le han permitido seguir pisando las tablas, discreta pero exitosamente, sin poner en peligro su inmensa fama, ni los innumerables galardones que ha recibido, entre ellos, en el 2000, la valiosa National Medal of Arts de EE.UU.

Muy importante en el presente ha sido la creación de su Baryshnikov Arts Center, un edificio que el bailarín ruso posee en el Oeste de la calle 33 de Manhattan, con varios estudios que cede a los aspirantes a una carrera en la danza, para que puedan practicar sus bailes, o crear nuevos estilos de danza. Uno de estos ha sido Benjamin Millepied, recientemente nombrado para el 2013, próximo director del ballet de la Ópera Nacional de París. Hay también en el edificio un espacio donde se presentan trabajos terminados, a los que tiene acceso un limitado público.

Ví a Misha en la escena por última vez en el año 2003, cuando se presentó en el teatro Joyce del barrio Chelsea de Manhattan, con el juvenil (y extinto) Ballet Tech de Elliot Feld, en una trabajo titulado “Mr. XYZ”, en el cual se burlaba de él mismo. Primero entró en escena luciendo espejuelos y caminando con bastón, que más tarde descartó para ocupar una silla de oficinista, con ruedas, en la cual rodaba de un lado a otro del escenario. Sin embargo, pese a la broma, la pieza no pudo ser más penetrante: una bailarina le entregó un ramo de flores blancas, las cuales Misha, colocado en una esquina, fue descartando una a una, mientras retrocedía lentamente, dejando una estela de flores, similar a aquella primera inolvidable “Giselle” que marcaría su comienzo en este gran país, que él declara ser el suyo con inmenso amor y gratitud.

De su vida privada, poco ha hablado hasta ahora. En la actualidad admite libremente vivir desde hace muchos años con la exbailarina Lisa Rinehart, con la que no ha contraído matrimonio por no creer que ese acto sea necesario, si el compromiso es tomado en serio y hay respeto mutuo. Tiene con ella tres hijos: Peter, nacido en 1989, Anna, en 1992 y Sofía en 1996. Hay una hija mayor, Alexandra, nacida en 1981 de su relación con la actriz Jessica Lange.

¿Seguirà Misha pisando el escenario algún tiempo más? No lo dudamos, por más que lo deseamos. Como dice un antiguo dicho, “del lobo, al menos un pelo”…. Mientras tanto, vivamos de los recuerdos maravillosos que su arte siempre nos proporcionó. Mi sincero deseo es que haya un Misha sobre las tablas para siempre. © Exclusivo por Célida Villalón para Danza Ballet®Revista de Colección, 2013.

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Mikhail Baryshnikov and Natalia Makarova By Max Waldman

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Noëlla Pontois et Mikhail Baryshnikov dans le premier acte de Giselle ©Michel Lidvac


Agradecimientos. 

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