LA DANZA DESDE EL XVIII al XX


S. XVIII.

Ya en las postrimerías del reinado de Luis XIV. empezó a delinearse una reacción al fasto recargado del barroco; todas las artes se ennoblecieron, languidecieron y perdiendo en potencia 'y profundidad se volvieron un poco amaneradas y remilgadas.

Los pintores prefirieron las tintas delicadas y los temas pastoriles ; los muebles se cubrieron de flores lacadas ; en las habitaciones prevalecieron los tonos claros y dorados y las mujeres se adornaron con cintas, encajes, perifollos y flores. La danza siguió la tendencia general ya la solemnidad majestuosa de las viejas danzas de corte ya su ceremonial demasiado severo, empezaron a preferirse danzas nuevas más graciosas, como el minué, la gavota y el passepied.


El minué, como indica su nombre que proviene de menu, pequeño, se componía de pequeños pasos y procedía del Poitou ; originariamente era una danza campesina, no carente de una propia nobleza, sencilla y alegre, pero introducida en la corte de Luis XIV se volvió más lujosa y señorial, si bien continuó siendo la más donosa de todas las danzas practicadas a la sazón.

 

El maestro de baile. por Pietro Longhi. Academia de Venecia.

 

Parece que se debe al maestro de danza Pécour el hecho de que el minué reconquistase su primitiva elegancia y fuese acogido con en tusiasmo por toda la sociedad parisién. Bajo el reinado de Luis XIV vino a ser la danza preferida y alcanzó su forma definitiva. Se bailaba por parejas sobre un movimiento moderado a tres tiempos; el paso era sencillo y trazaba una figura que en los primeros tiempos era una S y después, según la modificación de Pécour, una Z (que daba a la dama la posibilidad de mostrar su gracia al moverse, mientras con una mano sostenía el abanico y con la otra un pliegue del amplísimo traje. Fáciles y menudos pasos, saludos y reverencias del minué resultaban tan adaptados a las gracias empolvadas ya las ingenuas pelucas de la época que han permanecido casi como símbolo del frívolo y amanerado siglo XVIII.

 

La gavota, que nos retrotraía al siglo XVI y recordaba en la vivacidad los viejos branles franceses, se convirtió en el siglo XVIII en hala gadora y resbaladiza y más bien similar al minué. El movimiento era moderado y el ritmo binario. Desertó de los salones para aparecer en los escenarios de los teatros, pero fue puesta de moda, como danza de sociedad, por María Antonieta.

Las gavotas de aquella época, tiernas y graciosas, tienen muchos puntos de contacto con el minué. En efecto, en su Historia de la dan za, escribe Fertiault que la gavota era «hija docta y agradable del minué, a veces alegre, pero con frecuencia lenta y tierna» y que en ella, damas y caballeros cambiaban entre sí besos y flores.

 

Volvió a estar de moda después del terror y se convirtió en la danza preferida de las merveilleuses (I). Durante el Directorio sus tres pasos fundamentales habían vuelto a ser si milares a los del viejo e ingenuo branIe. Des pués de un breve periodo de éxito volvió a la provincia.

 

También el passepied ya difundido antes, continuó en boga; era una danza más vivaz y rápida que el minué y los danzadores podían demostrar su habilidad cruzando y recruzando rápidamente los pies, uno sobre el otro.

 

Hacia la mitad del siglo, el maestro de baile Rameau, que no debe ser confundido con el compositor homónimo, introdujo en las dan zas de escena la contradanza, de origen inglés y campesino, como lo indica su mismo nombre, que deriva de countrydance ( country = campo), la cual pasó muy pronto a figurar también como danza de salón. Se bailaba, poco más o menos, como la cuadrilla y lle vaba a los formularios bailes de corte un poco de gracia rústica. En Francia tomó el nombre de contre, para indicar la posición de los bailarines, colocados por parejas, uno fren te al otro y se difundió por todas partes, combinándose con las danzas locales.

 

En el siglo XVIII alcanzaron también gran boga los bailes que se celebraban en la Opéra (I), inaugurados en el siglo anterior, durante los primeros días de la Regencia (1643); fue ron acogidos con tal entusiasmo que se hicieron frecuentísimos, hasta el punto de que durante los carnavales se daban tres por semana. La orquesta estaba formada por treinta instrumentos, divididos en dos grupos de quince, uno en cada extremo de la sala de baile ; dos buffets, bien provistos, separaban los palcos, lujosamente ornamentados e iluminados, de la escena. Luis XVI y María Antonieta se divertían en participar de vez en cuando, de incógnito, permaneciendo anónimos bajo la máscara y el dominó.

 

De los maestros de danza y coreógrafos cuya obra influyó sobre el desenvolvimiento de la óperaballet y del ballet, nos ocuparemos aparte; aquí mencionaremos solamente a Jean BaIon (o Ballon), maestro de Luis XV ya Marcel.

 

El profesor Marcel (?1759), adscrito a la Académie royale de musique desde 1710, recibía a sus discípulos, grandes señores y damas de corte que acudían desde todos los puntos de Europa, en su lujosísima mansión y hacía pagar sus lecciones a precios prohibitivos : desde una pequeña reverencia que costaba 6 francos, hasta los minués para bailar en las fiestas de gala, que costaban 300.

 

La danza de sociedad así concebida se convirtió en un ejercicio fatigoso y difícil, casi como una danza de escena, por lo que la contradanza campestre perdió parte de su fresca ingenuidad a causa de las complicaciones de los pasos.

 


La contradanza Grabado de A. Wat teau.

 

 Hasta después de mediado el siglo XVIII, exceptuando las fiestas de corte y las privadas que celebraban la nobleza y los potentados parisienses y los bailes de la Opera, no había posibilidad de bailar si no en el campo, bajo algún parral o en las hosterías, pero hacia 1770 las salas y lugares de reunión para bailar, empezaron a ser abiertas en gran número en todas las capitales y en particular en Viena y en París, cuyo primer lugar de reunión para baile público fue el gran prado de Passy, abier to en 1774 y bautizado con el nombre de Ranelagh. Frecuentado por la sociedad más elegante, fue clausurado durante la Revolución y reabierto en 1796.

 

Fueron éstos los mejores años, cuando tomaban parte en las danzas Madame de Récamier y Madame de Tallien, vestidas al modo griego y rodeadas de un numeroso séquito. El Ranelagh entró en decadencia cuando el ferrocarril de Auteuil, hizo posible el acceso a las clases que carecían de carruaje propio ; entonces la aristocracia abandonó el Ranelagh y éste se convirtió en lugar de reunión para bailes populares.

 

Ni siquiera la Revolución tuvo a menos la danza: todavía chorreaba sangre la guillotina, cuando volvieron a estar en auge las danzas ambulatorias, en las que tomaban parte también los actores de la Opera, junto al pueblo que cantaba y danzaba libremente. La más importante fue la dedicada al Ser Supremo, dirigida por Robespierre, de carácter semiclásico. En aquella época se abrieron no menos de veintitrés teatros y un número increíble de salas de baile.

 

El padre Mercier refiere amargamente que se organizaban Bals a la pictime, en los cuales participaban solamente aquellas personas que, mediante un certificado, podían demostrar que habían perdido al padre, al marido o cualquier otro pariente próximo. Se bailaba en todas partes, en las iglesias, sobre las tumbas, en los conventos y en las plazas donde poco antes se alzaba el patíbulo. «Eran bailes para todas las clases; bailar es quizá una manera de olvidar). El pueblo bailaba la carmagnole en torno al árbol de la libertad.

Por lo demás, esta diversión no estaba di fundida solamente en Francia, sino en toda Europa y vino a ser patrimonio común de todas las clases sociales. La evolución que ex perimentó más tarde en el siglo siguiente y que le hizo perder el carácter de danza figurada que había tenido durante siglos, fue lógica y natural; el baile se hizo ágil, se simplificó y ya no necesitó ni estudio, ni maestros ni dotes excepcionales, sino solamente oídos y una cier ta inclinación natural; en una palabra, se convirtió en diversión al alcance de todos.

 

LAS DANZAS


EN EL SIGLO XIX

 

Jane Avril bailando Jeu de Paume, por TulouseLoutrec. Museo Jeu De Paume. París.

 

Después de la Revolución y de la difusión enorme de la danza en todos los estamentos sociales, decaídas las figuras fijas practicadas según un esquema preestablecido, formas fáciles y libres las sustituyeron: pasos sencillos y giros vertiginosos, fueron practicados sobre ritmos fuertemente marcados por parejas estrechamente abrazadas.

 

La única danza figurada que resistió en el siglo XIX fue la contradanza, bajo la variación llamada cuadrilla, todavía en uso en Italia a principios del siglo xx, pero el triunfador fue el vals, muy parecido, en la descripción que ThoinotArbeau hace en su Orchésographie ya mencionada, a la volta, definida por el autor saltatio duorum in gyrum. También otro francés, CatilBlaze, asegura que «el vals por nos otros tomado de los alemanes en 1795, era desde hacía cuatrocientos años una danza francesa), pero ciertamente la boga comenzó con el liindler, especie de vals lento llevado a la celebridad por Joseph Lanner (véase Música ligera). Esta danza estaba ya muy difundida en las regiones de la Alemania central y de Austria cuando los Strauss se apoderaron de ella y vigorizando y acelerando el ritmo, la transformaron en el vals vienés que como una irresistible marea se extendió primero sobre Viena y después sobre toda Europa, a pesar de las críticas y de las reseñas morales de una parte de la sociedad.

 

También el galop, originario de los países germánicos" en dos tiempos y de movimiento veloz, estuvo muy en boga después de 1815. junto a la cuadrilla, pero hacia 1840 ya había decaído y estaba relegado casi exclusivamente a los bailes de Carnaval. Sin embargo, la estrella del vals pareció palidecer cuando una nueva danza, la polka, apareció para disputarle la primacía.

 

Importada a París por fugitivos polacos, junto con las propias danzas nacionales, ésta. de origen bohemo, entusiasmó al instante al pueblo ya la burguesía y en poco tiempo llegó a vencer a los aristócratas que se mostraban reacios. A partir del moment en que una duquesa le abrió sus salones, la polka prevaleció por algún tiempo sobre todos los demás bailes, originando incluso ridículos episodios de fanatismo.

 


.El baile en BadenBaden. (1923) por Max Beck mann. Museo Nacional, Berlín.

 

Varios maestros se disputaron el honor de introducir en París la nueva danza, entre los cuales se hicieron famosos Cellarius Markowski y Laborde. irreconciliables rivales. Periódicos, revistas y opúsculos hablaban de la polka y de sus diversas escuelas y se censuraba el estilo cerrado, porque en lugar de dejar a esta danza «su simplicidad nacional y su gracia de origen), trataba a toda costa de convertirla en (Una danza convulsa, peligrosa para las articulaciones de los que la bailaban y para las partes sensibles de los espectadores).

 

Al principio fue ejecutada con figuras; después de algunos pasos, los danzadores se se paraban, luego se aproximaban con las manos sobre las caderas y alguna vez giraban pasando uno bajo el brazo del otro (Desrat), pero después este estilo fue abandonado y prevaleció el de danzar por parejas enlazadas, el brazo derecho del caballero en torno al talle de la dama, el brazo izquierdo de ésta apoyado sobre la espalda de él y las manos libres de ambos, cogidas como en el vals.

 

La mazurca, de origen polaco, tenía un ca rácter atrevido y provocador y un ritmo muy inci'sivo, que los bailarines marcaban con gol pes de tacón. Convertida en baile de sociedad, en el siglo XIX, conservó su carácter vivaz y adquirió un aire un poco popular. Todavía la bailan hoy los campesinos del Piamonte, que alternan menudos pasos con giros verti ginosos.

La polonesa se supone que en su origen pudo ser una procesión grave y solemne acompaña da de música, como la que tuvo lugar en 1574 ante el rey Enrique III elegido al trono de Polonia, en la que desfilaron los nobles para rendir homenaje al soberano. En los siglos posteriores fue alguna vez acompañada de pa labras, celebrando los fastos políticos del país, como ocurrió en la Polonesa de Kosciuszko, dedicada al célebre patriota y general polaco en 1792, pero después se transformó lentamente en una marcha destinada a abrir las danzas de la corte y de la nobleza.

A mediados del siglo XIX se había reducido a un simple paseo que Liszt describe así: «Era un desfile en el que, podríamos decir, la tota lidad de los danzantes formaba la rueda y se complacía en la propia admiración viéndose tan bella, noble, fastuosa y cortesana.)

Chopin no se inspiró ciertamente en estas palabras, para componer sus polonesas, sino más bien en las de Wickiewicz que describe la cadena de los danzadores como «una enor me serpiente que ondula en millares de ani llos. ..La danza se arremolina, la música es tonante y los aplausos y los vítores resuenan estruendosos. ..). En los tiempos de \Chopin ya no se practicaba el desfile y la polonesa despojada de toda grandeza, se había hecho familiar e íntima.

Hacia finales del siglo estuvo en boga el boston, una especie .de vals lento y el scottish,de origen escocés e hizo su aparición el frenético cancan, que solamente se bailó en la es cena, por ágiles y osadas profesionales, inmortalizadas por el trazo nervioso y satírico de ToulouseLautrec.

Durante la Restauración volvieron a celebrarse los grandes bailes de la Opera, que continuaron bajo el Imperio y la República. Todas las cortes y las casas aristocráticas y ricas de Europa siguieron cultivando la tradición de los suntuosos bailes privados.

 

LAS DANZAS EN EL SIGLO XX

 

El cambio de las costumbres y del gusto que se produjeron a fines del siglo XIX y se acentuaron en el xx, influyó naturalmente también sobre la danza. La polka, el vals y la mazurka permanecieron en el repertorio de las orquestinas de baile pero otras danzas alcanzaron explosivo éxito. como el tango de ritmo binario y movimiento lento. de carácter lánguido y sensual. Esta danza. procedente de la Argentina. fue acogida. al principio. en los escenarios de variedades. pero entró también muy pronto en las salas de baile. donde compartió el éxito con otras danzas que cada año aportaban ritmos nuevos a los apasionados del arte de Terpsícore : el double y triple boston. la machicha. el onestep y el twostep. primera vanguardia de las danzas americanas que invadieron Europa después de la Primera Guerra Mundial.

Durante la guerra se desarrolló en los Estados Unidos de América el jazz que provocó el nacimiento de bailes completamente nuevos. inspirados. como la música. en los pasos y los ritmos sincopados de los negros de América.

El primero fue el foxtrott en ritmo binario y allegro, al que siguieron el shimmy (1922). el endiablado charlestón (f926). el blackbot tom, sobre el ritmo del foxtrott. pero de movimiento más lento y muchísimos blues pa téticos y sollozantes y otros bailes que alcanza ron enorme favor. pero tuvieron vida efímera. como el cakewalk, el lambethwalk, el banana's slide, etc. \ A imitación de la música de los negros establecidos en los Estados Unidos. se desarrolló también la de los negros de las Antillas. que había adoptado una armonía más europea com plicada con los ritmos africanos e indígenas. Las nuevas danzas que surgieron de la compleja elaboración. alcanzaron gran éxito en Amé rica e inmediatamente también en Eúropa y fueron una variada especie de rumbas y cariocas.

Después de la Segunda Guerra Mundial. los ritmos que llegaron de América acompañados de las orquestinas de jazz llamadas jazz bands, se hicieron cada vez más convulsivos : el boogiewoogie importado por los soldados americanos. blancos y negros. exigía tales evoluciones. saltos y sacudidas que solamente po día ser bailado por jovencísimos y bien adies trados bailarines. A éste siguieron el bebop, también muy complicado y otros más fáciles y agradables como las sambas y mambos mexicanos y las beguines y boleros  todos más o menos figurados, pero que raramente son danzados según las reglas de la edición original.

Entre las últimas danzas señalaremos todavía el chachacha y el rock and roll, ambos, como se advierte por sus nombres, importados de diversos puntos del continente americano; el hulligulli, el twist, el shake y el womwom. Característica común a estos bailes de salón. es el ritmo frenético y las posiciones de los bailarines, que realizan figuras y pasos sin cogerse uno a otro, como por ejemplo, en el vals, sino separados y relativamente independientes entre sí.

Conviene hacer observar que todas o casi todas estas danzas, en sus numerosísimas versiones musicales, van acompañadas por el canto; son las canciones bailables que por medio del disco, la radio, la televisión y el cinema han penetrado en los más remotos lugares del mundo, conquistando una popularidad de la que tal vez no gozó nunca ningún otro género musical.

El ciclo iniciado con las canciones para bai lar de los siglos X111XIV, se ha cerrado así con un retorno al uso antiguo, después de un pe riodo en el que la música para la danza de sociedad había sido casi exclusivamente instrumental. (1) Este titulado .bolero., en compás de 4 por 4 y el llamado .bolero rítmico., también binario, pero más rápido, no deben ser confundidos con el gracioso y majestuoso bolero español, en compás de 3 por 4. El bolero de importación fue sustituido después por el lowrock.  

LAS DANZAS FOLKLORICAS  EN EUROPA

Pocas palabras en tomo a las danzas folklóricas, que en muchos países han perdido gran parte de su interés y de su genuino valor y que permanecen vivas más por el empeño profundamente sentido por la cultura contemporánea, en todo el mundo, de mantener el patrimonio de las tradiciones populares nacionales, que por impulso propio.

Las típicas danzas populares italianas como la sencilla y fresca monjerrina: la tarantela napolitana, el saltarello romano, el duruduru sardo y otras danzas regionales, son ejecutadas y organizadas con ocasión de festejos para re creo de turistas, pero raramente revisten un carácter de espontaneidad. Así sucede también en otros países europeos, por ejemplo, la Provenza francesa donde, especialmente en la Camargue, es costumbre bailar la jarandola los domingos, danzada por hombres y mujeres que visten los pintorescos trajes del lugar, como colofón de la ceremonia del marcaje de los novillos traídos al país desde las grandes haciendas, pero es evidente el aparato escénico y el carácter comercial de la organización. A través de estos espectáculos es no obstante posible hacerse una idea de .as viejas danzas populares en los antiguos trajes ricos de color y alegría y conservar la tradición que en el decurso de los años llegaría fatalmente a perderse.

El origen de las danzas folklóricas es, naturalmente, antiquísimo y está en conexión con los ritos mágicos y sacros que se encuentran en la base de la danza misma y de los cuales algunas conservan acciones gesticuladas y significados simbólicos. Estudiando la danza popular, se descubre un fondo común a la raza blanca: la ubicuidad de ciertas formas y su generación espontánea bajo cielos y ambientes diversos, se ex plica solamente si se acepta la hipótesis de que existen ciertas leyes inmanentes que rigen el movimiento, en cuanto éste tiende a transmutarse en danza. Por ejemplo el baile en círculo que hemos visto desarrollado primero entre los primitivos, con claro significado simbólico, como delimitación del lugar sagrado o como cerco puesto a los espíritus maléficos, después entre los griegos y por último en el medievo, con el nombre de carola, es común a todos los pueblos mediterráneos. Puede constar de un anillo compuesto por hombres y mujeres alternados, que se cogen de las manos y por el talle, o de dos o más anillos concéntricos, constituidos, cada uno sólo de hombres o de mujeres y moviéndose en sentido contrario. De este tipo son el duruduru sardo, que se danza al son de las launeddas o de cantilenas entonadas por un cantarín y comienza con un movimiento lento, adquiriendo progresivamente velocidad de ritmo e intensidad de sonido; la farandola provenzal, la sardana catalana, las diversas formas de horo rumano, el kolo albanés, la tracta y la candiota griegas, esta última todavía similar a la cincelada en el escudo de Aquiles, el vikivaki islandés, la danza en anillo alrededor del ataúd, de las islas Jaróer y la Allewander suiza, de doble anillo, que recuerda antiguos ritos de iniciación, inspirados en el movimiento de los astros.

Las danzas armadas y bélicas, tan comunes entre los primitivos, cuya forma típica podríamos encontrar en la pírrica griega, todavía practicada por el pueblo, han decaído y con frecuencia se han fusionado con danzas nupciales; se encuentra un vestigio en el baile del sable de Fenestrelle y en los bailes de la segur , de la espada y del bastón, que se practican en Yugoslavia, Checoslovaquia y Bulgaria. Se di fundieron mucho en todos los países de Europa, representando o la lucha entre enemigos o el sacrificio de un ser a la divinidad, pero con el tiempo adquirieron un carácter cada vez más mítico y simbólico, hasta el punto de que las espadas fueron sustituidas por cintas de diversos colores, atadas por un cabo al extremo superior de un palo mientras cada uno de los danzadores sujeta el otro cabo y giran todos en círculo alrededor de él. De este tipo son la indressata y la imperticata napolitanas de ambiente nupcial y la danza della cordella, que se practica en Sicilia, vinculada a ritos agrícolas propiciatorio.

Los griegos, además de la pírrica han conservado la arnouta, danza que recuerda los ejercicios gueueros de los helenos de los tiempos en que batallaban danzando al son de música dórica. También los escoceses y los rusos han conservado, o habían conservado hasta principios de siglo, danzas características de tipo militar, entre las cuales la más conocida es la célebre danza cosaca llamada gopak, a causa de haberse convertido en escénica. Los bailes por parejas tienen generalmente un sentido erótico o de galanteo; tales son la furlana, la tarantela, la monferrina y el tres con  que acompañaban las ceremonias nupciales. Su origen propiciatorio a las bodas ya la fecundidad es evidente: sus figuras representan generalmente demostraciones de amor o de repulsa, en forma mímica, o configuran el ciclo de la pasión amorosa entre dos esposos.

Con este tipo de danza de galanteo o «de fertilidad» se relacionan la babbity bouwster inglesa y el rigodón o mantagnard que se practica en la región sudoriental de Francia; en estas danms un joven gira en torno a un grupo de muchachas para escoger su dama. Inglaterra es rica en danzas populares: la countrydance (contradanza), llamada también anglaise, cierta danza en cadena, y la escocesa que a pesar de su nombré, es originaria de la región más meridional de la Gran Bretaña. Una danza propiciatoria colectiva y de otro carácter, que se practica en algunas comarcas de la Calabria es la llamada de la torre o de la nave, que ejecutan los pescadores y los campesinos, izándose unos sobre la espalda de otros, for mando pirámide, para favorecer la prosperidad de las cosechas.

En algunas danzas no es difícil verificar la supervivencia de antiguos esquemas paganos, unidos a los ciclos de las estaciones, como la langdans con la cual en Suecia se saluda el retorno de la primavera, al que corresponde el langtiinze alemán de movimientos en serpentina. Vienen después las danzas que se aproximan a los juegos infantiles como el baile de la lie bre, popular en Toscana, en el cual se simula mímicamente la escena del cazador que persigue la pieza, el baile del oso y los de la flor, del e8pejo, de la sillita, etc., en uso para la elección de futuro esposo. Entre las danzas para un solo danzador, el ejemplo más citado y más difundido en toda Europa es el de la danza de la bandera o de la enseña, la cual consiste más en un ejercicio de habilidad manual que en una danza propia mente dicha; el ejecutante debe, en efecto, al redoble de un tambor o instrumento parecido, hacer voltear en torno a su persona ya sus propios miembros, una bandera enastada, sin que nunca toque el suelo. L


LAS DANZAS ESPAÑOLAS

Baile de sardanas en el parque de la Ciudadela de Barcelona

Capítulo aparte hemos reservado a las danzas españolas folklóricas, sea por su importancia numérica, sea por su superior calidad artística. Sólo en España es posible todavía sorprender en algún rincón solitario el florecimiento espontáneo de una improvisación, la necesidad genuina de moverse de un modo natural y armonioso al ritmo de las castañuelas, de un pandero, de una guitarra o del simple palmoteo. La danza es congénita a los españoles co mo el canto a los napolitanos y ciertamente en el pueblo se encuentran las expresiones más eficaces y sinceras. Ya célebre en el tiempo de los romanos, cuando el arte habilísimo de las síiltadoras gáditanas aparecía tan embriagador que los antiguos poetas no podían describirlo por insuficiencia de expresiones idóneas, la danza española sufrió durante los siglos sucesivos, primero la influencia morisca, hasta el punto de que algunos pasos conservaron un marcado carácter árabe, y luego la influencia gitana. En el siglo xv se hacía una distinción entre los diversos géneros de baile: las danzas, graves y mesuradas, que cayeron en desuso y los bailes, de movimientos más libres y desenvueltos que todavía se practican, como el fandango, el bolero y las seguidillas.

Zambra andaluza en un portal granadino.

En el siglo XVIII el fandango era la danza nacional por excelencia. A propósito de ella el P. Martí dijo en 1712: «...esta danza de Cádiz famosa de tantos siglos. ..hoy se la ye ejecutar todavía en los arrabales y en las casas cde esta ciudad, en medio del entusiasmo de los circunstantes; no es solamente muy estimada entre la gente y el pueblo bajo, si no tam bién entre las mujeres honestas y las damas de alta jerarquía. El fandango ló baila a veces un hombre solo, a veces una mujer sola, o lo bailan muchas parejas y los bailarines siguen la cadencia de la música con las más flexibles ondulaciones del cuerpo). El bolero, descrito por Blasis, se bailaba a dos, pero en el teatro era. ejecutado por mu chas parejas. Era más distinguido y moderado que el fandango; en efectó, existía un dicho : Si el bolero embriaga el fandango inflama).

Con la palabra seguidilla se designa la poesía popular que acompaña la danza y también la danza misma. El ritmo de las seguidillas es rápido y las coplas dé baile que le acompañan son vivaces e incisivas.


Su tema es siempre el amor, la alegría, los celos, la cólera y la reconciliación. Las seguidillas de carácter voluptuoso, ya citadas por Cervantes en sus (Novelas ejemplares), se difundieron por todas las ciudades de Castilla la Nueva y adquiriendo algunas nuevas características, según la tierra sobr:e la cual crecían, generaron la seguidilla manchega, la sevillana, la aragonesa, la valenciana y la gallega.

De carácter más modesto pero más enérgico es la jota aragonesa atribuida por la leyenda a un poeta y músico árabe expulsado de valencia en el siglo XII.

El fandanguillo está formado por la fusión de varias danzas: la chacona, la villana y el rastrojo. La guaracha que se baila en las islas Canarias es muy parecida al crepitante zapa teado, cuyo ritmo marca el bailarín con golpes secos de su calzado sobre el pavimento.

Característico de la región  vasca es el aurrescu, serie de ocho bailes, entre los cuales el más famoso es el zortzico, en compás de 5 por 8 y típica de Cataluña es la sardana.

La región Navarra ha conservado el folklore más antiguo que se caracteriza por las danzas masculinas y cada región ostenta asimismo sus propios bailes y estilos preferidos. Entre todas las danzas de origen morisco la zambra es la que más evoca el pasado, porque los árabes, después de la Reconquista española, la conservaron adaptándola a las costumbres de los vencedores. Muchas de las danzas mencionadas tienen estrecho parentesco entre sí y es muy difícil encontrar las raíces de cada una dentro del intrincado nudo de las derivaciones. Frutos naturales del suelo, resultado del encuentro de una raza con su música, o bien objeto de importación modificado a la española, represen tan, sea como quiera, el más genuino medio de expresión de un pueblo apasionado, ágil y místico, que posee desarrolladísimo el sentido del ritmo. Ligeras, ondulantes, arrogantes, las danzas españolas expresan casi siempre el juego del amor, sucesivamente galante, desdeñoso, implorante y vehemente, con movimientos tiernos e impacientes, con arrebatos elásticos y un poco salvajes, y pausas cargadas de erótica expectación. Pero cuando han abandonado las plazas públicas y los pequeños locales humosos para salir a los escenarios de los grandes teatros, han perdido gran parte de su atractivo dionisíaco y han sido también alteradas en su técnica. Solamente La Argentinita pudo conservar en su danza escénica el mismo encanto mágico de los orígenes, porque era una gran danzarina de escuela.

 

EL GITANISMO

Después, cuando ya la danza española se había internacionalizado, se puso de moda el «gitanismo», gracias a la interpretación del ballet de Falla El sombrero de tres picos, que realizaba Massine, el cual había estudiado expresamente el estilo flamenco, en contacto directo con los gitanos. El estilo flamenco es un modo de expresarse que deriva del remedo cáustico que los soldados españoles hacían de los flamencos, al regresar a su patria procedentes de Flandes. Los gitanos llegaron a España en el si glo xv. procedentes de la India y probablemente a través de Egipto e impresionaron a los nativos con sus danzas rituales, contrastantes de un modo extraño con la forma mental evidentemente sacrílega. En el ambiente místico y barroco español, su arte creció y se desarrolló expresándose con un perfume de misterio mezclado a un perverso espíritu parodístico, floreciendo como un producto un poco morboso, casi una danza ritual con acre olor de azufre. La danza flamenca ha sido definida como una manifestación de anarquismo tradicional. y aparece entretejida de reminiscencias asiáticas, danzas de fertilidad, de iniciación y de armas, todas ellas imitativas, como la corrida, una de las últimas creadas por ellos, sin respeto alguno para las reglas y con la desenvuelta incuria característica de la raza. Los gitanos no se preocupan de estudios ni disciplinas ; si un paso es considerado demasiado difícil lo sustituyen con zapateados, taconeados y castañeteo de dedos, usando un método aproximativo diametralmente opuesto al de los es pañoles, que consideran la danza un arte noble y sincero. Entre los mayores representantes del tipo de danza flamenca, recordamos a La Macarrona, que ya anciana y voluminosa, todavía era considerada "sublime" y a Carmen Amaya, que después de la Segunda Guerra Mundial, tuvo un momento de gran notoriedad.

La gran vitalidad de la danza gitana ha influido favorablemente sobre la danza española y ha impedido que se cristalizara en fórmulas sin vida, pero desgraciadamente, tanto la una como la otra al convertirse en danzas de escena, han perdido con el fresco sabor de una manifestación espontánea y popular, gran parte de su interés y de sus cualidades artísticas, por lo que no nos entretendremos en citar nombres, gloriosos, eso sí, en la historia del baile, maestros que han llevado por el mundo su estilo personal e inconfundible, pero estudiado, acicalado.

Las danzas españolas importadas a América por los conquistadores, influyeron sobre las danzas locales, en las que el continente era ya rico, dando origen a un folklore, mezcla de motivos arcaicos y paganos y de motivos católicos. Entre las muchas danzas de la América Central es famosa la mexicana llamada de la pluma y las mexicanas y guatemaltecas que recuerdan la conquista de sus tierras por los blancos.

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