DANZA EN EL 

   AMINO

DE SANTIAGO

Danza en la Calle

Bases específicas

13.000 € de premios en metálico


Fechas:  2020

Lugar: Diversas poblaciones del Camino de Santiago a su paso por Burgos y su provincia.


Ensayos en los espacios: 2020


FECHAS CONCURSO


Concurso primer día: Redecilla del Camino a las 19:00 h  y  San Juan de Ortega a las 20:30 h. 


Concurso segundo día: Castrojeriz a las 19.00 h y Monasterio de San Juan (Burgos) 20:30 h. Competirán los 4 coreógrafos cada día.


Cada coreógrafo percibirá 3.000 €  en concepto de finalista y por haber sido seleccionado de entre todos los trabajos presentados.

El ganador recibirá  1.000 € mas, es decir 4.000 €.


Un jurado popular decidirá públicamente quién es el coreógrafo ganador cada día y en cada espacio. Al acabar el cuarto día  se decidirá qué coreógrafo ha obtenido el mayor numero de espacios ganados. En caso de empate decidirá el representante asignado por la Fundación VIII Centenario Catedral  Burgos 2021 .


La organización del certamen pondrá a disposición del público interesado un autobús gratuito que saldrá desde la Plaza de España los días del concurso una hora antes de la competición.


ORGANIZAN 

La Fundación VIII Centenario Catedral Burgos 2021 y el Certamen Internacional de Coreografía Burgos - Nueva York

El concurso coreográfico “Danza en el Camino” busca promocionar el arte de la Coreografía y por ende los valores creativos que surgen en el panorama mundial de la Danza del Siglo XXI y tomando como modelo inspirador la Ruta Jacobea a su paso por la provincia de Burgos. 


Este concurso coreográfico, nos propone una visión del patrimonio, de la cultura y de la vanguardia a través del arte de la Danza que tiene como principal motor de creación el Camino de Santiago. 

El potencial de esta ruta es visible en sus historias y leyendas, en sus lugares y personas, en la interacción entre el espacio y el tiempo y sobre todo en la inspiración de los lugares propuestos que servirán como “musa” al creador de danza.


EL CONCURSO


Los coreógrafos deberán presentar un boceto en vídeo de la coreografía en donde se muestre el estilo y la línea coreográfica, tendiendo en cuenta que deberán adaptar el boceto inicial a cada espacio y temática.  Los coreógrafos tendrán una semana para trabajar en los 4 espacios y poder realizar en “vivo” los ajustes de su obra para adecuarlos a la temática de la población. Además los días del concurso, dispondrán de toda la mañana para ultimar.  


Se admitirán únicamente 4 obras a concurso concursando cada obra en los 4 espacios seleccionados y con una duración máxima de 10 minutos y mínima de 8. Las obras podrán ser de uno solo bailarín hasta un máximo de 6.


Los 4 coreógrafos seleccionados percibirán un total de 3.000 € en concepto de coreografía seleccionada, el ganador que designe el público junto a tres representantes de la Fundación VIII Centenario decidirán que coreografía es la ganadora  y recibirá 1.000 € mas en concepto de “Coreógrafo ganador de Danza en el Camino”. 


Se tendrá en cuanta la versatilidad del Coreógrafo a la hora de adaptar su obra a cada lugar y el trabajo desarrollado en el campo de trabajo y su impacto en la población a través de sus gentes que podrán formar parte del jurado popular que estará presente en cada población.


En el apartado “material para coreografíar” está la documentación relativa al lugar y hechos acaecidos  en él mismo a fin de ser tenidos en cuenta para crear la  obra. 


También puede  recabar información de libros, internet, archivos municipales, etc…


La participación de este concurso implica la aceptación de estas bases y las bases generales


Lugares de la competicion


Espacio 1. Redecilla del Camino, comienzo del Camino de Santiago a su paso por Burgos


Espacio 2. San Juan de Ortega. Monasterio e iglesia gótica


Espacio 3. Ruinas del Convento de San Antón, Castrojeriz, Burgos


Espacio 4. Interior Monasterio de San Juan, plaza de San Juan, Burgos

Material para coreografiar

‍Espacio ‍nº ‍1.- ‍REDECILLA ‍DEL ‍CAMINO

‍Comienzo ‍del ‍Camino ‍de ‍Santiago ‍a ‍su ‍paso ‍por ‍Burgos   


‍El ‍Camino ‍penetraba ‍en ‍la ‍actual ‍provincia ‍de ‍Burgos ‍procedente ‍de ‍Grañón ‍(La ‍Rioja), ‍por ‍el ‍término ‍municipal ‍de ‍Redecilla ‍del ‍Camino, ‍villa ‍que ‍hasta ‍hoy ‍conserva ‍en ‍su ‍propio ‍nombre ‍el ‍recuerdo ‍de ‍la ‍Vía ‍Jacobea ‍que ‍configuró ‍incluso ‍físicamente ‍su ‍trazado ‍urbano, ‍ordenado ‍todo ‍él ‍a ‍lo ‍largo ‍del ‍Camino, ‍con ‍una ‍prolongada ‍calle ‍principal ‍caminera ‍de ‍unos ‍450 ‍metros ‍de ‍longitud ‍y ‍otras ‍menores ‍paralelas ‍a ‍ésta. ‍Sendos ‍arcos ‍o ‍pasadizos ‍marcaban ‍el ‍principio ‍y ‍el ‍final ‍de ‍esta ‍calle ‍designada ‍como ‍Calle ‍Mayor, ‍que ‍se ‍cerraba ‍con ‍dos ‍puertas ‍conocidas ‍de ‍este ‍a ‍oeste ‍como ‍Puerta ‍Cimera ‍y ‍Puerta ‍Bajera, ‍hoy ‍desaparecidas ‍ambas. ‍


‍En ‍la ‍misma ‍calle ‍Mayor ‍se ‍encuentra ‍la ‍iglesia ‍parroquial ‍de ‍Santa ‍María ‍de ‍la ‍Calle, ‍y ‍frente ‍a ‍la ‍iglesia ‍en ‍dicha ‍calle ‍Mayor, ‍en ‍el ‍número ‍29, ‍se ‍situaba ‍el ‍hospital ‍de ‍San ‍Lázaro, ‍cuya ‍memoria ‍ha ‍llegado ‍hasta ‍nuestros ‍días, ‍y ‍que ‍ha ‍sido ‍restaurado ‍y ‍dedicado ‍a ‍albergue ‍de ‍peregrinos. ‍Por ‍los ‍libros ‍de ‍fábrica ‍de ‍la ‍parroquia ‍consta ‍la ‍existencia ‍del ‍hospital ‍ya ‍el ‍año ‍1551. ‍


‍Este ‍hospital ‍era ‍uno ‍de ‍tantos ‍hospitales ‍con ‍que ‍cada ‍aldea ‍atendía ‍a ‍la ‍práctica ‍de ‍la ‍caridad ‍para ‍con ‍los ‍pobres ‍y ‍menesterosos, ‍según ‍el ‍Catastro ‍de ‍la ‍Ensenada ‍constaba ‍tan ‍sólo ‍de ‍tres ‍camas, ‍dos ‍en ‍el ‍cuarto ‍bajo ‍para ‍enfermos ‍o ‍pobres, ‍y ‍una ‍en ‍el ‍aposento ‍superior ‍destinada ‍para ‍algún ‍clérigo ‍transeúnte ‍necesitado; ‍las ‍dimensiones ‍del ‍mismo ‍eran ‍7 ‍varas ‍de ‍fachada ‍por ‍20 ‍de ‍fondo.


‍Las ‍rentas ‍del ‍hospital, ‍según ‍la ‍misma ‍fuente ‍alcanzaban ‍la ‍cifra ‍de ‍78 ‍fanegas ‍de ‍pan ‍mediado ‍de ‍trigo ‍y ‍cebada ‍y ‍66 ‍reales, ‍producto ‍de ‍la ‍rente ‍de ‍un ‍granero ‍y ‍de ‍una ‍Obra ‍Pía, ‍sita ‍en ‍el ‍próximo ‍lugar ‍de ‍Quintanar. ‍La ‍enajenación ‍desamortizadora ‍de ‍estos ‍bienes ‍en ‍favor ‍del ‍Tesoro ‍Público ‍produjo ‍en ‍el ‍siglo ‍XIX ‍8.710,11 ‍pesetas ‍que ‍rentaban ‍un ‍interés ‍teórico ‍del ‍3%. ‍


‍No ‍consta ‍que ‍estuviera ‍ubicado ‍en ‍el ‍término ‍de ‍Redecilla ‍del ‍Camino, ‍ni ‍en ‍el ‍borde ‍de ‍la ‍ruta ‍jacobea, ‍la ‍alberguería ‍mencionada ‍en ‍un ‍diploma ‍de ‍Alfonso ‍VIII, ‍datado ‍en ‍Belorado ‍el ‍26 ‍de ‍abril ‍de ‍1189. ‍Esta ‍alberguería ‍se ‍situaba ‍a ‍orillas ‍del ‍río ‍Peros, ‍que ‍ha ‍querido ‍ser ‍identificado ‍con ‍el ‍actual ‍Reláchigo, ‍río ‍que ‍cruza ‍el ‍Camino ‍muy ‍cerca ‍de ‍Redecilla. ‍

‍Esta ‍circunstancia ‍ha ‍movido ‍a ‍algún ‍autor, ‍a ‍situar ‍la ‍alberguería ‍en ‍este ‍lugar. ‍Pero ‍otro ‍documento, ‍tres ‍años ‍anterior, ‍referente ‍a ‍la ‍misma ‍alberguería, ‍nos ‍la ‍sitúa ‍en ‍Grañón ‍a ‍orillas ‍del ‍río ‍Peros ‍y ‍lindando ‍con ‍el ‍caminus ‍peregrinorum. ‍


‍Tampoco ‍se ‍hallaba ‍situado ‍en ‍Redecilla ‍del ‍Camino, ‍sino ‍en ‍las ‍cercanías ‍de ‍Redecilla ‍del ‍Campo, ‍el ‍hospicio ‍de ‍Santa ‍Pía, ‍que ‍aparece ‍(1) ‍mencionado ‍en ‍un ‍diploma ‍emilianense ‍del ‍6 ‍de ‍agosto ‍del ‍año ‍1025 ‍y ‍que ‍Luciano ‍Serrano ‍ubicó ‍en ‍el ‍Redecilla ‍de ‍la ‍vía ‍jacobea; ‍coincidimos ‍en ‍este ‍rechazo ‍del ‍hospicio ‍de ‍Santa ‍Pía, ‍como ‍de ‍un ‍albergue ‍del ‍Camino, ‍con ‍Luciano ‍Huidobro, ‍ya ‍que ‍todos ‍los ‍topónimos ‍del ‍diploma ‍identifican ‍el ‍Redecilla, ‍que ‍es ‍mencionado ‍junto ‍con ‍Santa ‍Pía, ‍como ‍Redecilla ‍del ‍Campo. ‍En ‍el ‍supuesto ‍de ‍que ‍Santa ‍Pía ‍coincida ‍con ‍Santa ‍Cristina, ‍como ‍supone ‍también ‍Luciano ‍Huidobro, ‍este ‍monasterio ‍sería ‍el ‍citado ‍el ‍año ‍1049 ‍como ‍Santa ‍Cristina ‍junto ‍al ‍río ‍Tirón. ‍


‍Eclesiásticamente ‍Redecilla ‍del ‍Camino ‍perteneció ‍siempre ‍al ‍obispado ‍de ‍Calahorra, ‍y ‍era ‍la ‍villa ‍de ‍la ‍vía ‍jacobea ‍burgalesa ‍más ‍abundante ‍en ‍ermitas. ‍Conocemos ‍hasta ‍once ‍ermitas, ‍siete ‍en ‍la ‍villa ‍o ‍en ‍sus ‍inmediaciones ‍y ‍cuatro ‍más ‍en ‍el ‍término, ‍a ‍saber: ‍Santa ‍María ‍de ‍Villareina, ‍Nuestra ‍Señora ‍de ‍Ayago, ‍San ‍Martín ‍de ‍Villaorceros ‍y ‍Santa ‍Engracia, ‍esta ‍última ‍en ‍las ‍proximidades ‍de ‍San ‍Martín ‍de ‍Villaorceros. ‍


‍Villarreina ‍y ‍Villaorceros ‍fueron ‍dos ‍antiguos ‍núcleos ‍de ‍población, ‍hoy ‍despoblados; ‍de ‍Villarreina ‍no ‍se ‍conserva ‍hoy ‍ningún ‍resto ‍y ‍de ‍Villaorceros ‍únicamente ‍unas ‍ruinas ‍indican ‍el ‍antiguo ‍emplazamiento ‍del ‍pueblo; ‍Santa ‍Engracia ‍era ‍una ‍ermita ‍de ‍Villaorceros. ‍De ‍Santa ‍María ‍de ‍Ayago, ‍aunque ‍conserva ‍en ‍pie ‍una ‍amplia ‍iglesia ‍a ‍donde ‍acuden ‍en ‍peregrinación ‍los ‍fieles ‍de ‍Redecilla ‍y ‍de ‍algún ‍otro ‍pueblo ‍vecino, ‍no ‍nos ‍consta ‍que ‍fuera ‍antiguamente ‍un ‍primitivo ‍núcleo ‍de ‍población. ‍Como ‍estas ‍cuatro ‍ermitas ‍se ‍hallaban ‍muy ‍apartada ‍del ‍Camino ‍de ‍Santiago, ‍prescindimos ‍de ‍ellas ‍en ‍este ‍estudio. ‍

‍Las ‍siete ‍ermitas ‍restantes ‍cuyo ‍recuerdo ‍se ‍ha ‍conservado ‍estaban ‍bajo ‍la ‍advocación ‍de ‍San ‍Esteban, ‍San ‍Nicolás, ‍San ‍Andrés, ‍San ‍Bartolomé, ‍San ‍Lázaro, ‍San ‍Roque ‍y ‍Santa ‍Bárbara. ‍De ‍ellas ‍sólo ‍se ‍halla ‍en ‍pie ‍la ‍ermita ‍de ‍San ‍Roque, ‍en ‍el ‍actual ‍cementerio, ‍a ‍la ‍izquierda ‍de ‍la ‍carretera. ‍

‍El ‍Camino ‍de ‍Santiago ‍por ‍el ‍núcleo ‍urbano ‍discurría ‍todo ‍a ‍lo ‍largo ‍de ‍la ‍calle ‍Mayor, ‍desde ‍la ‍Puerta ‍Cimera ‍a ‍la ‍Bajera. ‍

‍Por ‍el ‍término ‍de ‍Redecilla ‍del ‍Camino ‍su ‍recorrido ‍se ‍iniciaba ‍en ‍la ‍raya ‍provincial ‍por ‍el ‍camino ‍todavía ‍existente ‍procedente ‍de ‍Grañón ‍durante ‍unos ‍830 ‍metros; ‍este ‍camino ‍continuaba ‍derecho ‍otros ‍300 ‍metros ‍hasta ‍cruzar ‍la ‍carretera ‍más ‍adelante... ‍

‍Después, ‍el ‍Camino,...cruzaba ‍la ‍carretera ‍y ‍continuaba ‍unos ‍400 ‍metros ‍paralelo ‍a ‍la ‍misma, ‍muy ‍junto ‍a ‍ella, ‍dirigiéndose ‍en ‍línea ‍recta ‍a ‍la ‍Puerta ‍Cimera ‍por ‍la ‍que ‍penetraba ‍en ‍la ‍villa, ‍habiendo ‍pasado ‍antes ‍de ‍la ‍villa ‍entre ‍la ‍carretera ‍y ‍las ‍ruinas ‍de ‍unas ‍tapias.

Foto: Ermita de Santa María del Campo en Redecilla del Camino, Burgos

A la salida de la villa, el Camino, que era llamado en todo su recorrido Camino Real, se dirige hacia la carretera, pasando al otro lado de ella a unos 100 metros de las casas.

Un Camino muy alterado hoy por la concentración parcelaria... 

En la villa de Redecilla del Camino debieron asentarse desde muy pronto algunos inmigrantes francos pues ya hacia 1196 es designada como Rediziella de Francos, pero su existencia es anterior ya que el año 1133 es mencionada como una plaza fuerte que tenía como tenente a un tal Español... 

Su nombre no deriva de red o redes y mucho menos de ripa o ribacilla. Su etimología es evidente y procede de rates, con el significado de bosque o arboleda en su forma diminutiva. 


La historia de la villa y su castillo, así como la descripción de su templo parroquial, han sido esbozadas por Luciano Huidobro. Vestigios de la importancia histórica de la villa son los restos de la casa-palacio, el rollo y fuente así como las varias casonas de la calle Mayor y de la plaza.


Textos: EL CAMINO DE SANTIAGO EN LA PROVINCIA DE BURGOS

D. Gonzalo Martínez Díez/ Ediciones de la Diputación Provincial de Burgos- 1998

★★★

‍Espacio ‍nº ‍2.- ‍SAN ‍JUAN ‍DE ‍ORTEGA

‍Monasterio ‍e ‍iglesia ‍gótica


‍Ese ‍lugar ‍del ‍Camino ‍perpetúa ‍en ‍su ‍nombre ‍la ‍memoria ‍de ‍uno ‍de ‍los ‍dos ‍santos ‍medievales ‍que ‍dedicaron ‍toda ‍su ‍hacienda ‍y ‍su ‍vida ‍al ‍acondicionamiento ‍físico ‍de ‍la ‍vía ‍que ‍seguían ‍los ‍peregrinos ‍y ‍al ‍servicio ‍de ‍los ‍mismos; ‍estos ‍dos ‍santos ‍fueron ‍Santo ‍Domingo ‍de ‍la ‍Calzada ‍y ‍San ‍Juan ‍de ‍Ortega.


‍Juan ‍de ‍Ortega ‍había ‍nacido ‍en ‍Quintanaortuño, ‍aldea ‍del ‍valle ‍del ‍Ubierna, ‍13 ‍kilómetros ‍al ‍norte ‍de ‍Burgos, ‍hacia ‍el ‍año ‍1180, ‍hijo ‍del ‍caballero ‍Vela ‍Velázquez, ‍fue ‍ordenado ‍sacerdote, ‍colaborando ‍como ‍discípulo ‍con ‍Santo ‍Domingo ‍de ‍la ‍Calzada ‍en ‍las ‍obras ‍materiales ‍y ‍espirituales ‍que ‍el ‍santo ‍riojano ‍realizaba ‍en ‍favor ‍de ‍los ‍peregrinos. ‍


‍Habiendo ‍fallecido ‍el ‍12 ‍de ‍mayo ‍de ‍1109 ‍su ‍maestro, ‍Santo ‍Domingo ‍de ‍la ‍Calzada, ‍Juan ‍de ‍Quintanaortuño ‍decidió ‍emprender ‍la ‍peregrinación ‍a ‍Jerusalén, ‍recuperada ‍por ‍los ‍cruzados ‍tan ‍sólo ‍diez ‍años ‍antes. ‍En ‍el ‍viaje ‍de ‍regreso ‍sufrió ‍un ‍naufragio ‍en ‍el ‍que ‍salvó ‍la ‍vida, ‍atribuyendo ‍este ‍favor ‍a ‍San ‍Nicolás ‍de ‍Bari ‍y ‍prometiendo ‍edificar ‍una ‍iglesia ‍en ‍honor ‍de ‍este ‍santo.


‍Especial ‍dificultad ‍representaba ‍en ‍el ‍Camino ‍de ‍Santiago ‍la ‍peligrosa ‍travesía ‍de ‍los ‍Montes ‍de ‍Oca, ‍refugio ‍frecuente ‍de ‍salteadores; ‍para ‍facilitar ‍este ‍paso ‍el ‍santo ‍construyó ‍su ‍iglesia, ‍un ‍monasterio ‍para ‍él ‍y ‍sus ‍discípulos, ‍bajo ‍la ‍regla ‍de ‍los ‍canónigos ‍regulares ‍de ‍San ‍Agustín, ‍y ‍una ‍alberguería ‍u ‍hospital ‍para ‍los ‍peregrinos ‍en ‍un ‍paraje ‍que ‍había ‍tomado ‍el ‍nombre ‍de ‍Ortega, ‍en ‍latín ‍Urtica, ‍por ‍la ‍abundancia ‍de ‍ortigas ‍o ‍maleza. ‍


‍La ‍fundación ‍de ‍Juan ‍de ‍Quintanaortuño, ‍arraigó ‍profundamente ‍y ‍su ‍fama ‍se ‍extendió ‍hasta ‍tal ‍punto, ‍que ‍encontró ‍el ‍apoyo ‍de ‍los ‍papas ‍y ‍de ‍los ‍reyes. ‍El ‍26 ‍de ‍abril ‍de ‍1138 ‍el ‍Papa ‍Inocencio ‍II ‍otorgaba ‍su ‍especial ‍protección ‍al ‍monasterio ‍de ‍San ‍Nicolás ‍de ‍Ortega, ‍a ‍cambio ‍de ‍un ‍censo ‍de ‍cuatro ‍maravedís ‍de ‍oro ‍cada ‍año. ‍


‍Cuatro ‍años ‍más ‍tarde, ‍en ‍enero ‍del ‍año ‍1142, ‍el ‍rey ‍leonés ‍Alfonso ‍VII ‍donaba ‍a ‍Juan ‍y ‍a ‍los ‍familiares ‍que ‍le ‍sucedieran ‍en ‍el ‍servicio ‍divino, ‍el ‍realengo ‍sito ‍en ‍los ‍Montes ‍de ‍Oca, ‍entre ‍Ortega ‍de ‍Suso ‍o ‍Arriba ‍y ‍Ortega ‍de ‍Yuso ‍o ‍Abajo, ‍para ‍que ‍con ‍sus ‍frutos ‍socorrieran ‍las ‍necesidades ‍de ‍los ‍pobres ‍de ‍Cristo. ‍A ‍continuación ‍señala ‍los ‍límites ‍del ‍realengo ‍objeto ‍de ‍la ‍donación...Además ‍en ‍el ‍mismo ‍diploma ‍otorga ‍a ‍Juan ‍de ‍Quintanaortuño ‍la ‍exención ‍de ‍portazgo ‍y ‍libertad ‍de ‍pastos ‍para ‍sus ‍ganados ‍en ‍todo ‍el ‍reino. ‍

‍Esta ‍donación ‍de ‍Alfonso ‍VII, ‍que ‍convertía ‍a ‍Juan ‍de ‍Quintanaortuño ‍y ‍a ‍sus ‍sucesores ‍en ‍señores ‍jurisdiccionales ‍en ‍el ‍coto ‍del ‍realengo ‍donado, ‍fue ‍confirmada ‍diez ‍años ‍más ‍tarde ‍en ‍los ‍mismos ‍términos ‍por ‍su ‍hijo ‍el ‍rey ‍Sancho ‍III ‍el ‍14 ‍de ‍marzo ‍de ‍1152. ‍Este ‍mismo ‍monarca ‍continuaba ‍favoreciendo ‍al ‍santo ‍y ‍a ‍su ‍monasterio ‍y ‍el ‍12 ‍de ‍agosto ‍de ‍1155 ‍les ‍donaba ‍una ‍villa ‍de ‍nombre ‍Ojuela, ‍cuyos ‍límites ‍señala, ‍autorizando ‍y ‍favoreciendo ‍el ‍poblamiento ‍de ‍la ‍misma ‍con ‍vecinos ‍procedentes ‍de ‍otras ‍villas ‍realengas. ‍

‍Esta ‍villa ‍de ‍Ojuela, ‍hoy ‍reducida ‍a ‍una ‍granja, ‍se ‍halla ‍sita ‍en ‍término ‍de ‍Barrios ‍de ‍Colina, ‍unos ‍1.500 ‍metros ‍al ‍norte ‍de ‍esta ‍población, ‍apartada ‍del ‍Camino ‍de ‍Santiago. ‍Tampoco ‍se ‍encontraban ‍en ‍el ‍Camino ‍de ‍Santiago, ‍sino ‍algo ‍más ‍meridionales, ‍los ‍dos ‍pueblos ‍citados ‍en ‍1142: ‍Ortega ‍de ‍Suso ‍y ‍Ortega ‍de ‍Yuso, ‍cuyos ‍nombres ‍se ‍han ‍conservado ‍hasta ‍nuestros ‍días ‍en ‍los ‍apeos ‍o ‍reconocimientos ‍de ‍los ‍montes ‍aplicados ‍a ‍los ‍pagos ‍que ‍vamos ‍a ‍describir. ‍

‍... ‍

‍En ‍junio ‍de ‍1152 ‍redactaba ‍Juan ‍de ‍Quintanaortuño ‍su ‍testamento, ‍en ‍el ‍que ‍se ‍dice ‍señor ‍de ‍Ortega, ‍de ‍la ‍iglesia ‍de ‍San ‍Nicolás ‍y ‍de ‍la ‍casa ‍que ‍con ‍su ‍patrimonio ‍y ‍el ‍de ‍su ‍hermano ‍Martín ‍había ‍edificado ‍in ‍via ‍Sancti ‍Iacobi; ‍por ‍este ‍instrumento ‍deja ‍todo ‍esto ‍a ‍sus ‍parientes ‍y ‍al ‍monasterio, ‍de ‍modo ‍que ‍a ‍aquellos ‍no ‍les ‍falte ‍el ‍alimento ‍y ‍el ‍vestido ‍en ‍el ‍monasterio. ‍Dispone ‍con ‍el ‍consentimiento ‍de ‍los ‍canónigos ‍regulares ‍que ‍a ‍su ‍muerte ‍le ‍suceda ‍como ‍rector ‍del ‍monasterio ‍su ‍sobrino ‍Martín ‍Estébanez, ‍y ‍a ‍la ‍muerte ‍de ‍éste ‍a ‍su ‍vez ‍le ‍suceda ‍Juan, ‍el ‍hijo ‍de ‍su ‍hermano ‍Martín. ‍Asimismo ‍recordaba ‍cómo ‍la ‍casa ‍se ‍hallaba ‍bajo ‍la ‍protección ‍inmediata ‍de ‍la ‍Santa ‍Sede, ‍sin ‍que ‍el ‍obispo ‍de ‍Burgos ‍pudiera ‍designar ‍prior ‍del ‍monasterio ‍sin ‍el ‍consentimiento ‍de ‍los ‍canónigos ‍regulares ‍que ‍formaban ‍la ‍comunidad. ‍


‍Todavía ‍viviría ‍el ‍Santo ‍diez ‍años ‍más, ‍pues ‍sintiéndose ‍gravemente ‍enfermo ‍en ‍Nájera, ‍pidió ‍ser ‍trasladado ‍a ‍su ‍monasterio ‍de ‍Ortega ‍donde ‍falleció ‍el ‍2 ‍de ‍junio ‍de ‍1163. ‍

‍A ‍pesar ‍del ‍testamento ‍de ‍Santo ‍no ‍conservó ‍el ‍monasterio ‍de ‍San ‍Juan ‍de ‍Ortega ‍su ‍directa ‍dependencia ‍de ‍la ‍Santa ‍Sede ‍y ‍su ‍exención ‍del ‍obispo ‍de ‍Burgos, ‍pues ‍tan ‍sólo ‍siete ‍años ‍más ‍tarde, ‍Alfonso ‍VIII, ‍sin ‍duda ‍recordando ‍que ‍había ‍sido ‍fundado ‍por ‍una ‍donación ‍realenga, ‍lo ‍incorporaba ‍a ‍la ‍iglesia ‍de ‍Burgos.

‍En ‍esta ‍situación, ‍habitado ‍por ‍una ‍comunidad ‍de ‍canónigos ‍regulares ‍y ‍regido ‍sucesivamente ‍por ‍once ‍prelados, ‍perduró ‍el ‍monasterio ‍durante ‍250 ‍años ‍más, ‍hasta ‍que ‍muerto ‍el ‍último ‍de ‍ellos ‍en ‍diciembre ‍de ‍1431, ‍y ‍habiendo ‍elegido ‍nuevo ‍prelado ‍los ‍tres ‍únicos ‍monjes ‍que ‍lo ‍habitaban, ‍presentaron ‍el ‍nombre ‍del ‍electo ‍al ‍obispo ‍de ‍Burgos ‍para ‍su ‍confirmación. ‍


‍Noticioso ‍el ‍prelado ‍de ‍Burgos ‍del ‍lamentable ‍estado ‍material ‍y ‍espiritual ‍del ‍monasterio, ‍negó ‍la ‍confirmación ‍y ‍propuso ‍a ‍los ‍monjes ‍jerónimos, ‍que ‍también ‍seguían ‍la ‍misma ‍regla ‍agustiniana, ‍que ‍se ‍hicieran ‍cargo ‍de ‍San ‍Juan ‍de ‍Ortega. ‍Fue ‍anexionado ‍en ‍1432 ‍al ‍monasterio ‍jerónimo ‍de ‍Fresdelval, ‍pero ‍hallando ‍que ‍San ‍Juan ‍de ‍Ortega ‍contaba ‍con ‍bienes ‍suficientes ‍para ‍mantener ‍doce ‍monjes ‍y ‍un ‍prior, ‍fue ‍declarado ‍en ‍1434 ‍monasterio ‍jerónimo ‍independiente ‍de ‍Fresdelval.

Foto: Albergue del monasterio de San Juan de Ortega

Así se inicia una segunda etapa en la vida del monasterio de San Juan de Ortega que durará hasta la desamortización, en que la comunidad jeronimiana fue expulsada y los bienes del monasterio vendidos en pública subasta. Desaparecidos el convento y el hospital, la iglesia, antes atendida por los jerónimos se convirtió en parroquia de San Nicolás de Bari. 

Junto al monasterio, desde los mismos días de vida de San Juan de Ortega, se edificó una alberguería para acoger a los peregrinos que cruzaban los Montes de Oca. A ella alude Laffi en el siglo XVII ... 

Hoy San Juan de Ortega con su magnífica iglesia gótica, y el artístico sepulcro de San Juan de Ortega que mandó labrar la reina Isabel la Católica, en acción de gracias por haber obtenido sucesión masculina por intercesión del santo, constituye el hito jacobeo más característico en la provincia de Burgos. En él se ha renovado la tradicional hospitalidad y acogida a los peregrinos en su albergue.


Textos: EL CAMINO DE SANTIAGO EN LA PROVINCIA DE BURGOS

D. Gonzalo Martínez Díez/ Ediciones de la Diputación Provincial de Burgos- 1998

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‍Espacio ‍nº ‍3.- ‍CASTROJERIZ

‍Monasterio ‍de ‍San ‍Antón


‍Castrojeriz ‍es, ‍sin ‍duda, ‍la ‍villa ‍caminera ‍más ‍importante, ‍después ‍de ‍la ‍ciudad ‍de ‍Burgos, ‍en ‍todo ‍el ‍recorrido ‍de ‍la ‍ruta ‍jacobea ‍en ‍nuestra ‍provincia. ‍La ‍configuración ‍del ‍trazado ‍urbano ‍de ‍Castrojeriz, ‍no ‍viene ‍determinada ‍solamente ‍por ‍sus ‍características ‍topográficas, ‍sino ‍también ‍y ‍sobre ‍todo ‍por ‍su ‍condición ‍de ‍villa ‍asentada ‍en ‍el ‍Camino ‍de ‍la ‍peregrinación. ‍De ‍aquí ‍su ‍urbanismo ‍longitudinal ‍en ‍torno ‍a ‍una ‍calle ‍o ‍rúa ‍orientada ‍en ‍el ‍sentido ‍de ‍la ‍ruta ‍que ‍seguían ‍los ‍romeros. ‍


‍El ‍Camino ‍de ‍Santiago ‍que ‍hemos ‍dejado ‍en ‍la ‍raya ‍divisoria ‍de ‍Hontanas ‍penetraba ‍en ‍el ‍término ‍municipal ‍de ‍Castrojeriz, ‍a ‍unos ‍150 ‍metros ‍a ‍la ‍derecha ‍de ‍la ‍carretera ‍de ‍Castellanos ‍a ‍Castrojeriz, ‍y ‍seguía ‍paralelo ‍a ‍la ‍misma ‍separado ‍de ‍ella ‍por ‍ese ‍centenar ‍de ‍metros ‍hasta ‍confluir ‍con ‍la ‍carretera ‍a ‍unos ‍1.600 ‍metros ‍de ‍distancia ‍de ‍la ‍divisoria ‍municipal. ‍A ‍partir ‍de ‍este ‍punto ‍Camino ‍y ‍carretera ‍coinciden, ‍cubierto ‍aquel ‍por ‍el ‍asfalto ‍de ‍esta; ‍así ‍durante ‍1.300 ‍metros ‍hasta ‍encontrar ‍el ‍convento ‍de ‍San ‍Antón, ‍bajo ‍cuyo ‍arco ‍pasaba ‍tanto ‍el ‍histórico ‍Camino ‍como ‍la ‍carretera ‍actual. ‍


‍El ‍convento ‍de ‍San ‍Antón ‍era ‍la ‍encomienda ‍principal ‍y ‍cabeza ‍de ‍la ‍orden ‍antoniana ‍en ‍toda ‍la ‍Corona ‍de ‍Castilla; ‍la ‍fundación ‍de ‍este ‍convento ‍se ‍atribuye ‍al ‍emperador ‍Alfonso ‍VII ‍el ‍año ‍1146, ‍aunque ‍los ‍restos ‍arquitectónicos ‍más ‍antiguos ‍que ‍se ‍conservan ‍datan ‍de ‍los ‍siglos ‍XIV ‍y ‍XV. ‍El ‍convento ‍mantenía ‍un ‍hospital, ‍al ‍que ‍acudían ‍los ‍enfermos, ‍especialmente ‍los ‍aquejados ‍por ‍la ‍enfermedad ‍conocida ‍en ‍el ‍medievo ‍como ‍fuego ‍de ‍San ‍Antón, ‍fuego ‍sagrado, ‍fuego ‍de ‍enfermo ‍o ‍mal ‍de ‍los ‍ardientes, ‍que ‍impulsados ‍por ‍la ‍fama ‍milagrosa ‍de ‍San ‍Antón, ‍buscaban ‍el ‍remedio ‍para ‍su ‍mal ‍en ‍este ‍convento ‍antoniano.


‍Esta ‍enfermedad ‍era ‍como ‍una ‍lepra ‍o ‍más ‍bien ‍una ‍gangrena ‍muy ‍dolorosa ‍que ‍según ‍los ‍testimonios ‍de ‍la ‍época, ‍abrasaba ‍las ‍entrañas ‍con ‍una ‍sensación ‍de ‍fuego, ‍gangrenaba ‍las ‍extremidades, ‍chupaba ‍y ‍ennegrecía ‍las ‍carnes ‍dando ‍a ‍los ‍enfermos ‍la ‍apariencia ‍de ‍carbones; ‍de ‍aquí ‍el ‍nombre ‍de ‍fuego ‍con ‍que ‍era ‍designada. ‍Esta ‍enfermedad ‍se ‍registra ‍ya ‍en ‍Europa ‍en ‍el ‍siglo ‍X, ‍el ‍año ‍945, ‍y ‍se ‍extiende ‍por ‍los ‍diversos ‍países ‍a ‍lo ‍largo ‍del ‍siglo ‍XI. ‍Hoy ‍esta ‍enfermedad ‍ha ‍desaparecido, ‍pues ‍era ‍ocasionada ‍por ‍el ‍cornezuelo ‍del ‍centeno, ‍que ‍se ‍consumía ‍con ‍el ‍pan ‍fabricado ‍con ‍este ‍cereal ‍y ‍provocaba ‍intensas ‍vasoconstricciones, ‍tanto ‍en ‍las ‍extremidades ‍como ‍en ‍las ‍vísceras. ‍


‍La ‍orden ‍antoniana ‍nace ‍en ‍Vienne, ‍en ‍el ‍Delfinado ‍junto ‍al ‍Ródano, ‍como ‍consecuencia ‍de ‍haberse ‍curado ‍de ‍esta ‍enfermedad ‍el ‍hijo ‍de ‍un ‍noble ‍de ‍esta ‍región ‍por ‍intercesión ‍de ‍San ‍Antonio; ‍este ‍noble, ‍de ‍nombre ‍Gastón, ‍levantó ‍el ‍año ‍1093 ‍un ‍hospital ‍dedicado ‍a ‍la ‍atención ‍de ‍los ‍enfermos ‍de ‍este ‍mal, ‍poniéndolo ‍bajo ‍la ‍advocación ‍de ‍dicho ‍santo. ‍Este ‍hospital ‍fue ‍la ‍cuna ‍de ‍una ‍nueva ‍orden ‍religiosa ‍dedicada ‍al ‍cuidado ‍de ‍estos ‍enfermos, ‍que ‍habiendo ‍adoptado ‍la ‍regla ‍de ‍San ‍Agustín, ‍se ‍extendió ‍rápidamente ‍por ‍toda ‍Europa ‍y ‍antes ‍de ‍los ‍50 ‍años ‍fundaba ‍el ‍convento ‍hospital ‍de ‍San ‍Antón ‍de ‍Castrojeriz. ‍Fernando ‍IV ‍eximía ‍en ‍1304 ‍de ‍todo ‍pecho ‍a ‍cincuenta ‍pobladores ‍que ‍vinieran ‍a ‍morar ‍a ‍la ‍Casa ‍de ‍San ‍Antón. ‍


‍Por ‍tratarse ‍de ‍una ‍fundación ‍real, ‍el ‍convento ‍estaba ‍sujeto ‍al ‍patronato ‍regio, ‍pero ‍el ‍comendador ‍de ‍San ‍Antón, ‍por ‍ser ‍la ‍encomienda ‍mayor ‍de ‍Castilla, ‍era ‍designado ‍por ‍el ‍Papa; ‍luego, ‍el ‍comendador ‍de ‍San ‍Antón ‍designaba ‍los ‍comendadores ‍de ‍las ‍23 ‍encomiendas ‍que ‍dependían ‍de ‍esta ‍casa ‍como ‍de ‍su ‍cabeza. ‍Además ‍la ‍comunidad ‍estaba ‍autorizada ‍a ‍recoger ‍limosnas ‍por ‍todos ‍los ‍pueblos ‍de ‍la ‍diócesis ‍burgalesa ‍para ‍el ‍sostenimiento ‍del ‍hospital; ‍sus ‍frailes ‍eran ‍conocidos ‍por ‍la ‍T ‍o ‍tau ‍de ‍color ‍rojo ‍que ‍llevaban ‍sobre ‍el ‍hábito, ‍signo ‍que ‍solían ‍imponer ‍a ‍los ‍peregrinos ‍para ‍invocar ‍la ‍intercesión ‍de ‍San ‍Antonio ‍contra ‍la ‍enfermedad. ‍


‍En ‍el ‍siglo ‍XVIII ‍el ‍convento ‍de ‍San ‍Antón ‍se ‍hallaba ‍en ‍todo ‍su ‍esplendor ‍y ‍cultivaba ‍sus ‍heredades ‍con ‍doce ‍labranzas ‍y ‍criados ‍propios, ‍que ‍vivían ‍junto ‍a ‍la ‍comunidad, ‍compuesta ‍de ‍9 ‍padres ‍y ‍10 ‍legos. ‍Según ‍el ‍Catastro ‍de ‍la ‍Ensenada, ‍en ‍1752 ‍el ‍hospital ‍de ‍San ‍Antón ‍ingresaba ‍por ‍diversos ‍censos ‍cada ‍año ‍839 ‍reales ‍y ‍tenía ‍una ‍cabaña ‍de ‍900 ‍cabezas ‍lanares ‍que ‍le ‍producían ‍unos ‍ingresos ‍de ‍4.500 ‍reales ‍anuales. ‍El ‍edificio ‍del ‍hospital ‍medía ‍36 ‍vara ‍de ‍fondo ‍por ‍25 ‍de ‍ancho, ‍y ‍disponía ‍de ‍dos ‍salas: ‍una ‍para ‍hombres ‍con ‍8 ‍camas ‍y ‍otra ‍para ‍mujeres ‍con ‍4 ‍camas; ‍además ‍contaba ‍con ‍otra ‍sala ‍baja ‍con ‍cinco ‍alcobas ‍que ‍por ‍su ‍mal ‍estado ‍de ‍conservación ‍fue ‍sustituida ‍por ‍una ‍nueva ‍sala ‍de ‍20 ‍varas ‍por ‍8. ‍Para ‍la ‍labranza ‍eran ‍ayudados ‍por ‍cuatro ‍criados ‍con ‍un ‍par ‍de ‍bueyes, ‍tres ‍pares ‍de ‍mulas, ‍dos ‍yeguas ‍y ‍un ‍caballo, ‍y ‍su ‍heredad ‍se ‍extendía ‍por ‍un ‍páramo ‍erial ‍de ‍642 ‍obradas, ‍equivaliendo ‍cada ‍obrada, ‍según ‍la ‍medida ‍usual ‍en ‍la ‍comarca, ‍a ‍unas ‍36 ‍áreas. ‍


‍Pero, ‍a ‍pesar ‍de ‍este ‍relativo ‍esplendor ‍de ‍San ‍Antón, ‍el ‍año ‍1787 ‍el ‍rey ‍Carlos ‍III ‍obtenía ‍una ‍bula ‍pontificia ‍por ‍la ‍que ‍se ‍suprimía ‍la ‍orden ‍antoniana ‍en ‍España; ‍en ‍aplicación ‍de ‍esa ‍bula ‍el ‍rey ‍ordenó ‍la ‍supresión ‍de ‍este ‍convento ‍el ‍año ‍1791, ‍cuando ‍contaba ‍con ‍12 ‍religiosos ‍y ‍el ‍comendador. ‍Los ‍bienes ‍y ‍rentas ‍de ‍San ‍Antón ‍fueron ‍aplicados ‍por ‍cédula ‍real ‍de ‍20 ‍de ‍diciembre ‍de ‍1798 ‍al ‍hospital ‍de ‍San ‍Juan ‍Bautista ‍de ‍Castrojeriz, ‍de ‍acuerdo ‍con ‍lo ‍solicitado ‍cuatro ‍años ‍antes, ‍en ‍1794, ‍por ‍el ‍prelado ‍burgalés. ‍


‍Desde ‍San ‍Antón ‍el ‍Camino ‍de ‍Santiago ‍durante ‍unos ‍650 ‍metros ‍seguía ‍el ‍mismo ‍trazado, ‍hoy ‍sepultado ‍bajo ‍el ‍asfalto ‍de ‍la ‍carretera ‍de ‍Hontanas ‍a ‍Castrojeriz, ‍hasta ‍el ‍cruce ‍con ‍un ‍camino, ‍que ‍procedente ‍de ‍Villaquirán ‍de ‍la ‍Puebla ‍se ‍dirigía ‍a ‍Villajos; ‍a ‍continuación ‍el ‍Camino ‍marchaba ‍a ‍unos ‍450 ‍metros ‍a ‍la ‍izquierda ‍de ‍la ‍misma ‍carretera, ‍muy ‍junto ‍a ‍ella. ‍Al ‍final ‍de ‍esos ‍450 ‍metros ‍el ‍Camino ‍de ‍Santiago ‍atravesaba ‍la ‍carretera ‍y ‍paralelo ‍a ‍la ‍misma ‍avanzaba ‍hacia ‍la ‍colegiata ‍de ‍Nuestra ‍Señora ‍del ‍Manzano ‍durante ‍1.300 ‍metros.

Foto: Ruinas del Convento de San Antón. 


Ya, entre las casas del barrio, el Camino volvía a hacer otra inflexión hacia la derecha para buscar la fachada de la Colegiata, a lo largo de la cual discurría; luego continuaba hacia la cuesta del castillo, entre casas que alineaban iniciando una calle caminera en el barrio de unos 250 metros de longitud...faldeando el monte del castillo, hacia la calle Real... 


Las primeras noticias de la peregrinación en Burgos datan del reinado de Alfonso VI y están ligadas con el establecimiento en Burgos del monje francés Adelelmo, que con el nombre de San Lesmes se convertirá en el patrono de nuestra ciudad. 


Textos: EL CAMINO DE SANTIAGO EN LA PROVINCIA DE BURGOS

D. Gonzalo Martínez Díez/ Ediciones de la Diputación Provincial de Burgos- 1998

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‍Espacio ‍nº4.- ‍PLAZA ‍DE ‍SAN ‍JUAN ‍EN ‍BURGOS

‍Interior ‍del ‍Monasterio ‍de ‍San ‍Juan


‍Los ‍peregrinos ‍al ‍entrar ‍en ‍Burgos ‍caminando ‍por ‍las ‍Calzadas ‍tenían ‍mucho ‍que ‍admirar ‍y ‍visitar ‍en ‍la ‍ciudad ‍que ‍les ‍abría ‍sus ‍puertas; ‍hasta ‍ese ‍momento ‍era ‍la ‍urbe ‍más ‍importante ‍que ‍habían ‍encontrado ‍en ‍el ‍trayecto ‍español ‍de ‍su ‍peregrinación. ‍Burgos, ‍con ‍León ‍y ‍el ‍propio ‍Santiago ‍de ‍Compostela, ‍eran ‍las ‍tres ‍ciudades ‍más ‍monumentales ‍que ‍se ‍ofrecían ‍desde ‍los ‍Pirineos ‍hasta ‍la ‍tumba ‍del ‍Apóstol, ‍pero ‍entre ‍las ‍tres, ‍la ‍primacía, ‍por ‍su ‍población, ‍por ‍su ‍significado ‍político, ‍por ‍su ‍actividad ‍económica ‍y ‍por ‍sus ‍construcciones ‍monumentales ‍creemos ‍que ‍correspondía ‍a ‍Burgos. ‍


‍Ante ‍los ‍peregrinos ‍se ‍alzaba ‍la ‍ciudad ‍de ‍Burgos ‍con ‍sus ‍murallas, ‍bien ‍las ‍primitivas ‍o ‍bien ‍las ‍que ‍fueron ‍construyéndose ‍a ‍lo ‍largo ‍de ‍los ‍siglos ‍XIII ‍y ‍XIV; ‍esta ‍segunda ‍cerca ‍de ‍31.008 ‍pies ‍geométricos, ‍según ‍Barrio ‍Villamor, ‍y ‍de ‍unos ‍tres ‍kilómetros ‍y ‍medio, ‍según ‍nuestros ‍cálculos, ‍se ‍abría ‍hacia ‍el ‍exterior ‍por ‍once ‍puertas ‍y ‍se ‍hallaba ‍reforzada ‍por ‍96 ‍torres ‍cuadradas ‍y ‍redondas. ‍Dominaba ‍la ‍ciudad ‍desde ‍los ‍primeros ‍días ‍del ‍nacimiento ‍de ‍la ‍urbe ‍un ‍poderoso ‍castillo ‍que ‍se ‍había ‍ido ‍renovando, ‍fortaleciendo ‍y ‍embelleciendo ‍según ‍las ‍necesidades ‍militares ‍y ‍los ‍gustos ‍de ‍cada ‍época.


‍HOSPITAL ‍DE ‍SAN ‍JUAN ‍EVANGELISTA ‍

‍Las ‍primeras ‍noticias ‍de ‍la ‍peregrinación ‍en ‍Burgos ‍datan ‍del ‍reinado ‍de ‍Alfonso ‍VI ‍y ‍están ‍ligadas ‍con ‍el ‍establecimiento ‍en ‍Burgos ‍del ‍monje ‍francés ‍Adelelmo, ‍que ‍con ‍el ‍nombre ‍de ‍San ‍Lesmes ‍se ‍convertirá ‍en ‍el ‍patrono ‍de ‍nuestra ‍ciudad. ‍


‍Entre ‍las ‍noticias ‍recogidas ‍en ‍la ‍Vida ‍de ‍San ‍Lesmes, ‍escrita ‍por ‍el ‍monje ‍Rodolfo ‍tan ‍sólo ‍algunos ‍decenios ‍después ‍de ‍la ‍muerte ‍del ‍santo ‍patrono ‍de ‍Burgos, ‍se ‍cuenta ‍cómo ‍llegado ‍este ‍a ‍Castilla ‍a ‍instancias ‍de ‍la ‍reina ‍Constanza ‍(1080-1092), ‍y ‍tras ‍haber ‍acompañado ‍durante ‍algún ‍tiempo ‍a ‍la ‍pareja ‍regia, ‍Alfonso ‍VI ‍para ‍retenerlo ‍en ‍su ‍reino ‍le ‍concedió ‍una ‍iglesia, ‍que ‍el ‍propio ‍rey ‍había ‍construido ‍junto ‍a ‍las ‍puertas ‍de ‍la ‍ciudad ‍de ‍Burgos, ‍bajo ‍la ‍advocación ‍de ‍San ‍Juan ‍Evangelista, ‍para ‍sepultura ‍de ‍los ‍peregrinos ‍que ‍se ‍dirigían ‍a ‍Santiago ‍de ‍Compostela, ‍y ‍un ‍hospital ‍o ‍alberguería, ‍que ‍estaría ‍sin ‍duda ‍próximo ‍a ‍la ‍mencionada ‍iglesia. ‍

‍Después ‍de ‍esta ‍primera ‍donación ‍de ‍la ‍iglesia ‍y ‍hospital ‍coloca ‍el ‍biógrafo ‍de ‍San ‍Lesmes ‍el ‍episodio ‍del ‍legendario ‍paso ‍del ‍Tajo ‍por ‍Alfonso ‍VI ‍y ‍su ‍hueste. ‍Como ‍el ‍santo ‍se ‍dispusiera ‍a ‍regresar ‍a ‍su ‍iglesia ‍y ‍hospital, ‍el ‍rey ‍procedió ‍a ‍dotar ‍el ‍mencionado ‍hospital ‍con ‍todas ‍las ‍posesiones ‍regias ‍entre ‍los ‍ríos ‍Arlanzón ‍y ‍Vena, ‍entre ‍los ‍que ‍se ‍hallaba ‍sita ‍la ‍iglesia ‍de ‍San ‍Juan ‍Evangelista. ‍


‍Entre ‍la ‍documentación ‍conservada ‍del ‍monasterio ‍de ‍San ‍Juan ‍Bautista ‍el ‍primer ‍documento, ‍datado ‍el ‍3 ‍de ‍noviembre ‍de ‍1091, ‍contiene ‍la ‍donación ‍de ‍un ‍monasterio ‍bajo ‍la ‍advocación ‍de ‍San ‍Juan, ‍con ‍los ‍huertos ‍que ‍se ‍hallan ‍entre ‍el ‍Arlanzón ‍y ‍el ‍Vena, ‍a ‍San ‍Roberto ‍de ‍Casa ‍Dei ‍y ‍a ‍don ‍Adalelmo. ‍Este ‍diploma ‍creemos ‍que ‍documenta ‍la ‍segunda ‍donación ‍narrada ‍por ‍el ‍biógrafo ‍de ‍San ‍Lesmes, ‍la ‍de ‍las ‍posesiones ‍regias ‍sitas ‍entre ‍ambos ‍ríos. ‍


‍Entre ‍los ‍mismos ‍documentos ‍del ‍monasterio ‍de ‍San ‍Juan ‍existe ‍otro ‍segundo ‍diploma ‍de ‍la ‍misma ‍fecha, ‍3 ‍de ‍noviembre ‍de ‍1091, ‍por ‍el ‍que ‍el ‍rey ‍Alfonso ‍VI ‍dona ‍a ‍San ‍Roberto ‍y ‍a ‍don ‍Adalelmo ‍la ‍capilla ‍o ‍iglesia ‍de ‍San ‍Juan ‍Evangelista, ‍sita ‍junto ‍al ‍monasterio ‍de ‍San ‍Juan ‍Bautista, ‍y ‍las ‍heredades ‍entre ‍las ‍dos ‍corrientes ‍de ‍agua, ‍el ‍Arlanzón ‍y ‍el ‍Vena. ‍Creemos ‍que ‍este ‍documento, ‍que ‍sólo ‍se ‍conoce ‍por ‍copias ‍tardías ‍del ‍siglo ‍XIII, ‍es ‍una ‍falsificación ‍forjada ‍a ‍imitación ‍del ‍documento ‍auténtico ‍anterior ‍y ‍consignando ‍hechos ‍ciertos ‍como ‍era ‍la ‍donación ‍de ‍la ‍iglesia ‍de ‍San ‍Juan ‍Evangelista. ‍


‍Si ‍diéramos ‍fe ‍a ‍la ‍biografía ‍de ‍San ‍Lesmes ‍la ‍iglesia ‍de ‍San ‍Juan ‍Evangelista ‍habría ‍pasado ‍a ‍manos ‍del ‍monje ‍Adalelmo ‍desde ‍antes ‍de ‍la ‍donación ‍del ‍monasterio ‍de ‍San ‍Juan, ‍datada ‍el ‍año ‍1091, ‍pero ‍he ‍aquí ‍que ‍sabemos ‍cómo ‍era ‍iglesia ‍fue ‍donada ‍el ‍22 ‍de ‍noviembre ‍de ‍1085 ‍al ‍hospital ‍del ‍Emperador, ‍en ‍cuyo ‍poder ‍se ‍encontraba ‍todavía ‍el ‍año ‍1128 ‍cuando ‍el ‍hospital ‍del ‍Emperador ‍pasaba ‍al ‍ámbito ‍patrimonial ‍del ‍obispo ‍y ‍del ‍cabildo ‍catedral. ‍


‍Con ‍estos ‍datos ‍no ‍podemos ‍admitir ‍como ‍histórica ‍la ‍donación ‍de ‍la ‍iglesia ‍de ‍San ‍Juan ‍Evangelista ‍con ‍su ‍cementerio ‍y ‍alberguería ‍a ‍San ‍Lesmes; ‍esta ‍sólo ‍pudo ‍incorporarse ‍al ‍patrimonio ‍del ‍monasterio ‍de ‍San ‍Juan ‍después ‍de ‍1128. ‍En ‍él ‍figura ‍ya ‍en ‍1243, ‍cuando ‍el ‍monasterio ‍trata ‍de ‍justificar ‍su ‍propiedad ‍invocando ‍el ‍falso ‍documento ‍de ‍1091, ‍redactado ‍a ‍imitación ‍del ‍auténtico.


‍Los ‍únicos ‍datos ‍fidedignos ‍que ‍nos ‍aporta ‍la ‍biografía ‍de ‍San ‍Lesmes ‍en ‍relación ‍con ‍la ‍iglesia ‍de ‍San ‍Juan ‍Evangelista ‍son ‍dos: ‍su ‍destino ‍como ‍sepultura ‍de ‍los ‍peregrinos ‍que ‍morían ‍en ‍Burgos ‍y ‍la ‍existencia ‍de ‍una ‍alberguería ‍adjunta ‍a ‍la ‍iglesia. ‍


‍El ‍primer ‍dato ‍nos ‍lo ‍confirma ‍la ‍donación ‍de ‍dicha ‍iglesia ‍al ‍hospital ‍del ‍Emperador ‍que ‍menciona ‍expresamente ‍la ‍sepultura ‍o ‍cementerio; ‍el ‍segundo ‍sólo ‍lo ‍encontramos ‍consignado ‍en ‍la ‍biografía, ‍y ‍resulta ‍altamente ‍verosímil ‍que ‍junto ‍al ‍cementerio ‍de ‍peregrinos ‍existiera ‍un ‍xenodochium ‍u ‍hospital ‍para ‍los ‍mismos ‍peregrinos ‍enfermos.


‍La ‍construcción ‍de ‍este ‍hospital ‍por ‍Alfonso ‍VI ‍nos ‍denota ‍la ‍importancia ‍que ‍ya ‍iba ‍adquiriendo ‍la ‍peregrinación ‍por ‍esas ‍fechas, ‍cuando ‍el ‍mismo ‍rey ‍hace ‍construir ‍una ‍iglesia ‍para ‍los ‍peregrinos ‍y ‍para ‍que ‍en ‍ella ‍puedan ‍ser ‍sepultados ‍aquellos ‍que ‍morían ‍en ‍el ‍Camino ‍a ‍su ‍paso ‍por ‍Burgos, ‍y ‍próximo ‍a ‍la ‍iglesia ‍un ‍hospital ‍o ‍albergue ‍para ‍los ‍mismo ‍peregrinos. ‍


‍No ‍volvemos ‍a ‍tener ‍más ‍noticas ‍de ‍este ‍hospital ‍que ‍presuntamente ‍Alfonso ‍VI ‍entregó ‍a ‍San ‍Lesmes, ‍ni ‍la ‍documentación ‍del ‍monasterio ‍de ‍San ‍Juan ‍ni ‍la ‍del ‍hospital ‍del ‍Emperador ‍contienen ‍ninguna ‍alusión ‍al ‍mismo. ‍Creemos ‍que ‍este ‍hospital, ‍que ‍podemos ‍llamar ‍de ‍San ‍Juan ‍Evangelista ‍por ‍su ‍relación ‍con ‍la ‍iglesia ‍de ‍la ‍misma ‍advocación, ‍fue ‍cediendo ‍protagonismo ‍hasta ‍desaparecer ‍sustituido ‍por ‍el ‍otro ‍gran ‍hospital ‍que ‍en ‍la ‍misma ‍ciudad ‍de ‍Burgos ‍había ‍magníficamente ‍dotado ‍el ‍mismo ‍Alfonso ‍VI, ‍y ‍que ‍vendría ‍a ‍cubrir ‍las ‍necesidades ‍de ‍los ‍peregrinos ‍que ‍pasaban ‍por ‍la ‍ciudad. ‍


‍Como ‍lugar ‍de ‍asentamiento ‍de ‍este ‍hospital ‍se ‍viene ‍señalando ‍por ‍los ‍historiadores ‍locales ‍en ‍las ‍proximidades ‍del ‍río ‍Vena ‍el ‍solar ‍que ‍luego ‍ocupó ‍el ‍convento ‍de ‍San ‍Ildefonso ‍convertido ‍en ‍el ‍siglo ‍XIX ‍en ‍Parque ‍de ‍Artillería. ‍Más ‍concretamente ‍hay ‍indicios ‍de ‍que ‍la ‍iglesia ‍de ‍San ‍Juan ‍Evangelista ‍estuvo ‍ubicada ‍en ‍la ‍orilla ‍derecha ‍del ‍Vena, ‍fuera ‍de ‍la ‍muralla, ‍próxima ‍a ‍la ‍puerta ‍de ‍San ‍Juan ‍y ‍al ‍cauce ‍del ‍río, ‍enfrente ‍de ‍la ‍actual ‍iglesia ‍de ‍San ‍Lesmes; ‍el ‍hospital ‍del ‍mismo ‍nombre ‍con ‍su ‍cementerio ‍se ‍encontraría ‍junto ‍a ‍la ‍desaparecida ‍iglesia. ‍


‍Decaída ‍la ‍actividad ‍hospitalaria ‍del ‍primer ‍hospital ‍de ‍San ‍Juan ‍Evangelista, ‍cuya ‍última ‍mención ‍conocida ‍no ‍rebasa ‍el ‍año ‍1296, ‍y ‍derruida ‍la ‍iglesia ‍y ‍el ‍hospital ‍en ‍1387 ‍por ‍razón ‍de ‍su ‍proximidad ‍a ‍la ‍muralla, ‍que ‍podía ‍ser ‍alcanzada ‍desde ‍esos ‍edificios, ‍se ‍iniciará ‍la ‍construcción ‍de ‍la ‍nueva ‍iglesia ‍de ‍San ‍Lesmes ‍en ‍la ‍otro ‍margen ‍del ‍río ‍Vena, ‍en ‍el ‍mismo ‍solar ‍donde ‍hoy ‍se ‍alza ‍todavía, ‍pero ‍no ‍hay ‍noticia ‍de ‍que ‍se ‍construya ‍un ‍nuevo ‍hospital ‍en ‍sustitución ‍del ‍derribado.

Foto: Plaza de San Juan. Burgos. 


Sólo en 1479 se inicia la construcción de un nuevo hospital, bajo la advocación de San Juan Bautista, a cargo de los monjes benedictinos del mismo nombre. El Papa Sixto IV, por bula del 12 de octubre de ese mismo año aprueba el nuevo hospital por la necesidad que existía en Burgos de un buen hospital que acogiera a los peregrinos, necesidad que no consideraba cubierta con los pequeños hospitales ya existentes; por ello los monjes benedictinos resolvieron levantar próximo a su convento un hospital con la misma advocación de San Juan Bautista. Las obras de mejora y ampliación del nuevo hospital continuaron hasta 1626, favorecidas por las gracias espirituales otorgadas por los pontífices a los bienhechores. 


El hospital de San Juan Bautista se convirtió en uno de los grandes centros de asistencia sanitaria de la ciudad de Burgos, dotado de espaciosas enfermerías con cincuenta camas y con una muy buena botica servida por un monje del monasterio.


Textos: EL CAMINO DE SANTIAGO EN LA PROVINCIA DE BURGOS

D. Gonzalo Martínez Díez/ Ediciones de la Diputación Provincial de Burgos- 1998