Certamen Internacional de Coreografía 

Burgos & Nueva York 

Del 13 al 29 de julio de 2022

 

  Aspectos filosficos y antropolgicos

del Camino de Santiago. Fenomenologa de la peregrinacin a Compostela

MARCELINO AGS VILLAVERDE 

Universidad de Santiago de Compostela



 Hace ahora veinte aos, el Consejo de Europa declaraba al Camino de Santiago primer itinerario cultural europeo. Con esta declaracin se reconoca el papel que el Camino de Santiago haba jugado en la conformacin de la idea de Europa, tanto desde el punto de vista cultural, como religioso o incluso poltico. De esta forma, Galicia y, en particular, la ciudad de Santiago de Compostela, a pesar de su situacin geogrfica perifrica dentro del continente europeo, a pesar o quizs precisamente por estar situada en lo que los antiguos denominaron el Finisterre, alcanzaban una dimensin central y universal, que vertebrara a toda la cristiandad del occidente europeo. Un hecho que dotara de personalidad propia a Galicia y a Europa, partiendo de un fenmeno conocido de antiguo: la peregrinacin.

El fenmeno de las peregrinaciones est presente en todas las culturas y religiones desde los comienzos de la civilizacin humana. Es un fenmeno indisoluble- mente unido a la condicin itinerante del hombre. Nuestra vida, segn han defendido numerosos literatos y filsofos a travs de la utilizacin de esta metfora viaria, no es sino el largo camino, lleno de vericuetos y encrucijadas, que transcurre entre el nacimiento y la muerte. Existe, por tanto, un fuerte componente antropolgico en el peregrinar del hombre sobre la tierra.

Casi todas las religiones desde la antigedad conocen y practican la peregrinacin con un sentido salvfico y purificador. Se trataba de un viaje cuyo objetivo era visitar un lugar consagrado por la presencia de un dios, un hroe o una fuerza sagrada. El carcter sagrado del lugar y el esfuerzo realizado para llegar hasta l rediman al hombre de sus extravos pasados y renovaban sus fuerzas para seguir adelante en el camino de la vida.

Hay que advertir, sin embargo, que peregrinar, echarse a andar, implicaba tambin determinados riesgos, afrontar los peligros que acechan al caminante que deja atrs la tranquilidad y comodidad de su tierra natal y de su hogar. De esta ambivalencia semntica da cuenta la propia etimologa de la palabra.


 LA ETIMOLOGA

En efecto, un anlisis etimolgico del trmino «peregrino» nos permite consta- tar esta ambivalencia semntica ya en su primer fonema «per». Un fonema que procede de una raz muy antigua que en latn significa «a travs de». Este primer elemento formar palabras tan significativas y, hasta cierto punto entrelazadas en una misma constelacin semntica, como «periculum»: peligro; o «perito», «ex–per-to», exper-iencia». La primera hace referencia al aspecto negativo de ir «a travs de», las tres siguientes a los aspectos positivos de desplazarse y conocer cosas nuevas. De la misma raz, se derivan palabras que estn relacionadas con el viajar (peregrino), con el conocimiento (ex–per-iencia), y con el peligro hasta cierto punto inherente a las dos realidades anteriores (per-iculum). Una relacin que no se da nicamente en latn sino que tambin la hallamos en alemn. El fonema alemn correspondiente a «per-» es «fahr», de donde se derivan fahren (viajar), Gefahr (peligro) y Erfahrung (expe- riencia). En realidad, como seala Ortega y Gasset, tanto «los fonemas latinos per y por y los griegos περ y πειρ, proceden de un vocablo indo-europeo que expresa esta realidad humana: ‘viajar’ en cuanto se abstrae de su eventual finalidad (...) y se toma el viaje en cuanto estar viajando, ‘andando por el mundo’. Entonces el contenido de viajar es lo que durante l nos acontece; y esto es, principalmente, encontrar curiosidades y pasar peligros»


Alfonso X el Sabio nos ofrece en sus Partidas una descripcin del trmino peregrino cuya raz etimolgica vendra de «per-agrare»: recorrer tierras, apuntando tambin una segunda acepcin de peregrino relacionada con persona extraa, extranjero.

«Romeros et peregrinos se facen los homes para servir a Dios et honrar a los santos; et por saber de facer esto estríñanse de sus linajes et de sus lugares, et de sus mugeres, et de sus casas et de todo lo que han, et van por tierras agenas lazrando los cuerpos et despidiendo los haberes buscando los santuarios»

Es evidente que ms que una etimologa cientficamente construida, el rey Sabio recoge la acepcin viva y usual en su poca. Sus intuiciones, si embargo, se vern hasta cierto punto confirmadas por la lingüística moderna. En particular por mile Benveniste, quien estudia la relacin etimolgica con agros y peregri.


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Estas son, en efecto, las dos principales orientaciones del trmino desde el punto de vista etimolgico. «Peregrino» –nos informa el Diccionario etimolgico de la lengua castellana de Joan Corominas– es un trmino tomado del latn peregrinus ‘extranjero’, derivado de peregre ‘en el extranjero’, y ste de ager ‘campo, pas’»

As pues, una lectura en clave filosfica del sentido etimolgico de estos trminos nos lleva hacia el corazn del pensamiento filosfico occidental, relacionado tanto con el hecho de viajar por tierra ignotas para ver, para tener experiencias, aunque stas acarreasen peligros y extravos, como con el hecho de construir un mtodo o gua para avanzar con paso seguro en el camino del conocimiento. «El empirismo o experiencia –nos dice Ortega y Gasset– es, pues, un efectivo ‘andar y ver’ como mtodo, un pensar con los pies, que es lo que segn los modernos, hacan los escolsticos». Leda en clave filosfica comprendemos por qu el peregrinar es una experiencia ancestral que tiene que ver tanto con antiguas concepciones religiosas, como antropolgicas e incluso filosficas. Cuando nace la filosofa griega en las costas de Jonia (s. VI a.C) se nutre del intercambio de lenguas, culturas y experiencias que arriban a aquellos puertos. Y muchos de los filsofos griegos realizarn viajes para ampliar su experiencia y conocimiento del mundo. Platn, segn est atestiguado, viaja a Egipto para ampliar sus conocimientos matemticos y lo har despus a Siracusa para tratar de implantar (sin xito) los ideales de su repblica.

Podemos concluir, por tanto, que «en los tiempos pasados, viajar o peregrinar fue, pues, algo ms que una accin meramente utilitaria –para intercambios comerciales– o placentera, al estilo de lo que hoy es para muchos el turismo. Era un medio de adquirir experiencia, conocimiento e incluso prestigio y, en la medida que peligroso, era tambin una aventura, un reto atrayente para los audaces». Son varias las culturas que han asociado el dios de los saberes y del conocimiento con el de los caminos y los caminantes. Los griegos situaban en las encrucijadas y cruces de caminos monolitos con las caras del dios Hermes indicando cada uno de los caminos para guiar al caminante. Hermes era venerado como el dios de los saberes y el comercio, pero tambin de los que haban tomado el camino errado (ladrones y mentirosos). De hecho Hermes haba sido perito en engaos, realizados con la maestra de quién conoce la verdad para poder hacerlo. Tambin en esta figura mitolgica vemos asociado camino, conocimiento y extravos o peligros inherentes al caminar.


LA PEREGRINACIN RELIGIOSA

Ahora bien, aunque peregrinar, recorrer un camino, viajar, se haya hecho, como acabamos de ver, por distintas razones (conocimiento, aventura, etc.) la principal motivacin de la peregrinacin es, desde la antigedad, religiosa. Motivacin que est tambin detrs del Camino de Santiago.

La acepcin por antonomasia de peregrinar es la de desplazarse por motivos religiosos para visitar un lugar santo (santuario). Un fenmeno que comparten todas las grandes religiones. Los judos acudan desde antiguo a visitar el templo de Jerusaln; los musulmanes cumplen con el mandato de peregrinar a la Meca, por lo menos una vez en la vida, de acuerdo con sus posibilidades y medios. Y en el mes de junio del ao 2004 el World Heritage Committee, reunido en la ciudad china de Suzhou, otorgaba la condicin de patrimonio mundial («World Heritage List») a los «Lugares Sagrados y Caminos de Peregrinacin de la Cordillera montaosa de Kii», que incluyen tres lugares sagrados y las correspondientes rutas de peregrinacin que las conectan entre s: Yoshino y mine, Kumano Sanzan y Kyasan. Uno de ellos, el Camino de Kumano, como se sabe, hermanado con nuestro Camino de Santiago, en razn no slo de su condicin de patrimonio de la humanidad sino por ser ambos caminos de peregrinacin, ntimamente unidos a dos religiones y a dos culturas.

En la tradicin cristiana la peregrinacin se remonta al Antiguo Testamento, donde en el libro del xodo se describe la peregrinacin de Abrahn y del pueblo de Israel para retornar a Jerusaln. En el Nuevo Testamento se describe a Jess cumpliendo esta tradicin y visitando los Santos Lugares de Jerusaln. l, que habra de ser para los cristianos de todo el mundo, «el camino, la verdad y la vida».

En la Edad Media tuvieron lugar las cruzadas, una especie de peregrinacin armada que se realiza a partir del ao 1095 cuando los musulmanes se interponen en el camino que recorran los cristianos para visitar Tierra Santa y los Santos Lugares de Jerusaln. Un itinerario que existe desde el siglo IV, atestiguado por la fundacin de monasterios latinos en Beln que realizan a partir del ao 385 San Jernimo y Santa Paula, y que se mantiene en nuestros das.

En la Edad Media se fundan dos grandes centros de peregrinacin de la humanidad, en el contexto de dos civilizaciones y dos religiones: Santiago de Compostela y La Meca. «Ambos –escribe Ramn Guerrero– permanecen an como lugar de cita de multitud de peregrinos venidos de lejanas tierras buscando lo oculto, arcano y misterioso de esos lugares, realizando un viaje sagrado: toda peregrinacin es entendida como un recorrido de expiacin de pecado y culpa, por lo que se enmarca dentro.


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de una estructura estrictamente religiosa». A diferencia de La Meca, Ciudad Santa del Islam, slo accesible a los musulmanes, Santiago de Compostela acuden personas de todos los credos aunque sea un santuario de la religin cristiana, en el que la tradicin nos dice que se conservan los restos del Apstol Santiago. Hasta tal punto lleg a ser su influencia en el medioevo, que a comienzos del siglo XIV Dante escribe que slo era peregrino el que iba o vena a Santiago: «La palabra ‘peregrino’ la podemos entender de dos maneras, una amplia y otra estricta; de la amplia, en cuanto es peregrino todo aquel que est fuera de su patria; de la estricta no se entiende por peregrino sino quien va hacia la casa de Santiago o vuelve».

La fundamentacin doctrinal e incluso filosfica de la vida como camino, que subyace a la cosmovisin cristiana medieval se la debemos, entre otros, a Agustn de Hipona. Nuestro paso por el mundo no es un fin sino un trnsito fugaz y efmero antes de llegar a nuestro verdadero destino: el Otro Mundo. De acuerdo con esta concepcin, el hombre es un homo viator, un ser cuya condicin de caminante o peregrino hacia un destino superior es la que mejor lo define. Una concepcin que es solidaria y armnica con la visin lineal del tiempo y de la historia del judeo-cristianismo. En efecto, «tanto para los judos como para los cristianos, el tiempo es un dato funda- mental que se instituye y concreta como tiempo de espera. A partir de la intervencin de Dios, por cuyo poder cosmos y tiempo acontecen simultneamente, el anhelo ansioso del cumplimiento de la promesa se instaura en el corazn humano. Y comienza as la historia, con un tiempo dirigido, movido, justificado y lleno de contenido por «una meta buena». De la permanencia en el tiempo de esta condicin itinerante del hombre da buena muestra el hecho de que vuelva con la obra de dos filsofos existencialistas del siglo XX como Gabriel Marcel o Martn Heidegger.

«La Meca –nos informa Ramn Guerrero– no slo es un lugar geogrfico, situado en la pennsula arbiga, al que se peregrina, sino que es sobre todo el lugar que oculta la Verdad, porque en ella se encuentra la piedra negra de la Ka’ba, la ‘casa de Dios’. Peregrinar a la Meca es caminar hacia la Verdad, porque, al cumplir la obligacin de acudir fsicamente al lugar sagrado, el musulmn expresa la aspira- cin que le impulsa a acercarse a Dios».


LA PEREGRINACIN A COMPOSTELA: UN CAMINO DE FE

Los tres caminos de peregrinacin de la cristiandad medieval, todava vigentes, tienen como meta Jerusaln, Roma y Santiago de Compostela. De ellos el Camino de Santiago tuvo tal influencia y presencia en la Europa medieval que, como escribe Dante, slo puede llamarse peregrino, en sentido estricto, quien va hacia la casa del seor Santiago. Los que iban a Jerusaln eran denominados palmeros, en razn de la simbologa de la palma, que significaba triunfo o martirio; y los que iban a Roma se les denominaba romeros. Peregrinos, a secas, eran propiamente los que visitaban la tumba del Apstol Santiago. ¿Cundo y cmo se inicia la peregrinacin Jacobea?

Una especie de matemtica proftica da lugar a que Galicia, la regin noroeste de Espaa donde se encuentra el Finis Terrae del mundo antiguo, sea uno de los centros de la cristiandad occidental. En efecto, el mandato de Jess que se recoge en el Nuevo Testamento establece que la palabra de Dios debe llegar hasta el fin de la tierra. De esta manera, el hecho de que un Apstol de Jess de Nazaret, en este caso, Santiago, viniese a Espaa y llegase hasta uno de los Finisterres atlnticos coincide con el espritu de una predicacin evanglica que naca con espritu universal. En aquella poca, siglo I, el trfico martimo a la Pennsula Ibrica y a Galicia era relativamente amplio. Algo que hace verosmil las crnicas de los primeros siglos de nuestra era que hablan de la predicacin del Apstol Santiago en la Pennsula. Un hecho que la tradicin une a la declaracin de San Jernimo donde se dice que el Espritu dispuso que «cada uno reposase en la regin de su evangelizacin y enseanza».

Sabemos con bastante exactitud histrica que Santiago fue el primero de los apstoles en sufrir el martirio. Segn podemos leer en los Hechos de los Apstoles, fue condenado y ejecutado «a espada» en Jerusaln. Muy probablemente, fuera de los muros de la ciudad para evitar la contaminacin de la urbe. La tradicin cuenta que su cuerpo, convenientemente conservado, fue recogido por sus discpulos y trasladado segn su ltima voluntad hasta la costa occidental ibrica. All es enterrado en un lugar denominado «Arca Marmrea», una expresin que ms que referirse a un determinado lugar geogrfico parece indicar que su cuerpo fue depositado en un mausoleo de mrmol. Tambin refiere la tradicin que la finca se llamaba Libredn, «liberum donum» o finca libre. Y, por fin, que el espacio del enterramiento se le llam lugar de Santo Santiago y posteriormente Santiago de Compostela, en alusin a que era una tierra o sepultura bien cuidada.

Es una tradicin legendaria, conservada por el pueblo, si bien se cita una carta escrita por un Obispo-Patriarca de Jerusaln de finales del siglo V o principios del VI donde se relata la traslacin martima del cuerpo de Santiago, enterrado en «Arcas Marmreas» en una ciudad occidental a 12 millas de Iria Flavia, ciudad cercana al Monte Ilicino (Monte Sacro). Estamos por tanto ante una cuestin cuya base ms que la cientificidad histrica o de otro tipo se asienta en la fe de un pueblo que venera la


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tumba de un Apstol, no slo a partir de su descubrimiento en el siglo IX, sino incluso desde antes. En efecto, «investigaciones recientes niegan el abandono e ignorancia de la sepultura en el momento de su ‘inventio’ o descubrimiento en tiempos del obispo Teodomiro. Segn el parecer autorizado de uno de los mejores expertos en temas jacobeos, como es el profesor Manuel Cecilio Daz y Daz, como mucho se dara un descuido con motivo del despoblamiento de la zona donde, sin embargo, se seguira rindiendo culto a Santiago desde que fuera trasladado su cuerpo».

Lo cierto es que todo cambia, y de forma vertiginosa, a partir del ao 830 cuando se descubre la tumba del Apstol. Un acontecimiento que llega hasta nosotros envuelto en la leyenda. Un ermitao descubre en el bosque unas luces y escucha unos cnticos celestiales que hablan de la existencia de algo sobrenatural. El obispo de la antigua dicesis de Iria Flavia, Teodomiro, visita el lugar e identifica el tmulo del Apstol Santiago. Este descubrimiento se pone en conocimiento del rey Alfonso II el Casto (791-842), quién viaja acompaado de la familia real y la corte para comprobar los hechos y, una vez acreditados, se pone bajo la proteccin del Apstol Santiago. De alguna manera, el hallazgo es una «revelacin divina» y comienza en ese mismo punto el fenmeno de las peregrinaciones.

Adems de la significacin religiosa del descubrimiento, el hecho tiene una innegable oportunidad histrica que podemos relacionar tanto con la reconquista de la Pennsula Ibrica invadida por los rabes, como con el nacimiento de Europa.

La corte asturiana de Alfonso II estaba incardinada en los ideales poltico- culturales de la corte del Rey Carlomagno y los dems monarcas carolingios que le sucedieron. Carlomagno fue el primero que tuvo una idea de Europa que iba ms all de las nacionalidades que la conformaban. En su poca (comienzos del siglo IX) surgi en Occidente la idea de una comunidad universal en torno al cristianismo que no entenda de fronteras geogrficas o polticas. Esta idea de cristiandad, comunidad de carcter universal e internacional, se mantuvo a pesar del nacimiento de las monarquas nacionales y perdur hasta la poca de la Reforma protestante que destruye la unidad de la estructura eclesistica cristiana.

Unida a esta idea naciente de Europa que el Camino de Santiago va a reforzar, est la otra idea de cruzada y lucha contra el Islam. En efecto, la aparicin de la tumba del Apstol en el siglo IX, cuando comienza le Reconquista de la Pennsula, convertir a Santiago en el adalid de la lucha de los cristianos contra los musulmanes. Esta es, de hecho, una de las representaciones iconogrficas ms repetida: Santiago montado en un caballo y con la espada en alto contra los infieles, una representacin falsa desde el punto de vista histrico, pero veraz desde el punto de vista simblico por las razones antedichas.


MARCELINO AGS VILLAVERDE

De toda Europa comenzaron a llegar peregrinos a visitar la casa del seor Santiago, puesto que sobre el sepulcro se construyen diversas baslicas, la primera de ellas consagrada muy pronto, en el ao 834. A finales del siglo X la peregrinacin a Santiago ya tena carcter internacional y disfrutar de un enorme esplendor a lo largo de toda la Edad Media. Un fenmeno que qued plasmado en el Cdice Calixtino, libro del siglo XII que pasa por ser la primera gua de peregrinos que describe el ambiente de la poca en torno al Camino de Santiago. Su ttulo original es Liber Sancti Jacobi, si bien al haber sido escrito en nombre del Papa Calixto II (Papa entre 1119 y 1124) pronto ser conocido como el Cdice Calixtino, ttulo que alcanz fortuna histrica. A propsito del carcter universal del fenmeno jacobeo en la poca leemos lo siguiente: «All van innumerables gentes de todas las naciones... No hay lengua ni dialecto cuyas voces no resuenen... Las puertas de la baslica nunca se cierran, ni de da ni de noche... Todo el mundo va all aclamando ‘E-ultr-eia’ (adelante, ¡ea!)».

Una peregrinacin que se va a mantener hasta nuestros das, conociendo un gran esplendor en toda la Edad Media y en perodos amplios de la poca Moderna. Su decadencia en el siglo XIX est unida al efecto disuasorio de la Revolucin francesa y de las sucesivas guerras y revoluciones que tuvieron lugar en Espaa y Europa. Y, por supuesto, la desamortizacin eclesistica llevada a cabo en Espaa en el siglo XIX tendr efectos muy negativos para las peregrinaciones. Hay que pensar que en el Antiguo Rgimen la Iglesia desempeaba una importante misin en lo que hoy llamaramos la logstica del Camino: alojamiento, alimento o asistencia mdica. De tal manera que al mermar la prosperidad econmica de la Iglesia muchos monasterios y hospitales fueron abandonados, perdiendo los peregrinos las condiciones mdicas de alojamiento y manutencin aportadas por los religiosos.

Habr que esperar al siglo XX para ver una recuperacin plena del fenmeno de las peregrinaciones. Si bien a finales del siglo XIX se produce un hecho que habra de tener su importancia en dicha recuperacin. Entre los aos 1878-79 el historiador y cannigo Antonio Lpez Ferreiro, junto con el cannigo Jos Mara Labn Cabello realizan excavaciones en la catedral para buscar los restos del Apstol Santiago, enterrados desde el ao 1589 por temor a una profanacin de los invasores britnicos. El 29 de enero de 1879, se hallaron las sagradas reliquias, cuya veneracin autoriz el Papa Len XIII mediante la bula Deus Omnipotens. Estas reliquias se colocan entonces en una nueva cripta construida bajo el altar mayor, lugar que ocupan en la actualidad.


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FENOMENOLOGA DE LA PEREGRINACIN JACOBEA

Hasta aqu el relato de un conjunto de hechos, adornados en ocasiones con caracteres legendarios en razn de la grandiosidad de lo que se narra, que es preciso unir a la historia de la peregrinacin jacobea. Un fenmeno que, por una parte, podemos explicar en razn de los apoyos que recibe de la propia iglesia catlica o de los reinos cristianos, caso de las monarquas Navarra y Castellano-leonesa.

Todo un conjunto de autores, caso de Robert Pltz, han sealado que «la Orden cluniacense contribuy muy especialmente al incremento de las peregrinaciones, al tomar a su cargo las que se dirigan a Santiago de Compostela, pues al unirse con los intereses seculares de la casa de Borgoa, Cluny descubri muy a tiempo el valor poltico de la peregrinacin a Compostela»14. En parecidos trminos se pronuncia Mrquez Villanueva para quien «la vasta red de monasterios de Cluny, que se extiende hasta las profundidades de Polonia, es, en este momento, el sistema circulatorio de la cristiandad occidental, que hace posible un vasto y eficaz sistema de afluentes a la peregrinacin compostelana».

Tambin se ha invocado frecuentemente la oportunidad histrica para explicar de qu manera el descubrimiento de la tumba del Apstol Santiago contribuye a fortalecer la reconquista de los reinos cristianos sobre el Islam, coincidiendo por una parte con el debilitamiento de la herencia mozrabe e isidoriana y, por otra, con el derrumbamiento del califato de Crdoba16.

Ahora bien, como muy bien han sealado distintos autores, «la peregrinacin, como ocurre con otros fenmenos de psicologa social y colectiva, se produjo y creci en forma insensible y espontnea, sin una direccin y propaganda conscientes»17. Existe siempre un fondo irreductible que tiene que ver con la fe personal de la marea de peregrinos que contribuyen a consolidar una ruta de peregrinacin viva desde la poca medieval hasta nuestros das. Una peregrinacin, por lo dems, que posee una personalidad propia que la diferencia de la peregrinacin a Roma para visitar la tumba de San Pedro o a Jerusaln para visitar el santo Sepulcro. Un carcter diferencial que va asociado a una fenomenologa de la peregrinacin jacobea que se remonta a la poca bajo-medieval (s. XII y ss.). Voy a distinguir la fenomenologa interior de la peregrinacin (motivos, razones espirituales, actitud del creyente, beneficios espirituales), de la fenomenologa exterior de la peregrinacin (ritos, costumbres, vestimentas, etc.).


a) Fenomenologa interior

Las motivaciones para ponerse en camino hacia la tumba del Apstol Santiago tienen que ver, en primer lugar, con la creencia atestiguada ya en culturas arcaicas de hacerse partcipe de lo sagrado al acudir a un lugar consagrado por contener las reliquias de un ser sobrenatural o alguna otra huella de la presencia numinosa de una fuerza sagrada. Tambin para el cristiano medieval, peregrinar a la tumba del Apstol Santiago significaba obtener proteccin y ayuda, objetivando su fe a travs del culto al cuerpo bienaventurado de un apstol de Cristo. Pero adems de esta motivacin general, existan para el peregrino medieval otras razones o motivos de gran eficacia prctico-religiosa para poder explicar por qu se emprende un camino no exento de peligros y penalidades. Entre estas razones figuran:

a) las asctico-penitenciales. Emprender el Camino de Santiago implicaba dejar atrs la vida de pecado y, mediante los sacrificios y penalidades de la larga marcha, purificarse para regresar renovados, tras el encuentro con Santiago en su santuario.

b) Cumplimento de votos de carcter enteramente voluntario y personal o de penitencias impuestas para la redencin de penas (asesinatos y otros delitos).

c) Obtencin de alguna gracia o accin de gracias, muy a menudo la propia salud o alguna otra peticin personal.

d) En nombre de otro que por razones varias no poda peregrinar.

e) Para culminar los tres centros de peregrinacin de la cristiandad: Jerusaln, Roma, Santiago.

f) Por afn de aventura, curiosidad, divertimento.

g) Como modus vivendi, aprovechando la red de solidaridad cristiana creada en torno al Camino.


El lector puede ampliar informacin de esta rica fenomenologa de lo sagrado referido a las sociedades arcaicas en AGS VILLAVERDE, M.: Mircea Eliade. Una filosofa de lo sagrado, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Santiago, 1991.


Una significacin que recoge una curiosa simbologa que podemos hallar en la catedral de Santiago. En efecto, en el Prtico de la Glria, que contemplamos al traspasar la puerta principal de la catedral, hallamos en el crismn (monograma de Cristo formado por el entrelazamiento de las iniciales de su nombre en griego –Iesus Cristos–) las letras griegas Alfa y Omega, simbologa asociada al carcter eterno de Dios, principio y fin de todas las cosas, pero tambin al camino que tiene un principio que se corresponde con el lugar de inicio de la peregrinacin y un fin que es la tumba de Apstol Santiago. En la fachada de Platera, una de las dos puertas de salida laterales hallamos en el crismn invertidas las letras griegas, que ahora estn escritas Omega y Alfa, como seal de que empieza otro camino despus de la purificacin o renovacin espiritual recibida tras la visita a la tumba de Santiago el Mayor.

De forma ya residual, contina vigente en la legislacin de Blgica y de los pases Bajos la posibilidad de que los jvenes rediman penas menores realizando la peregrinacin a Compostela.


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Todo ello sin contar, desde luego, con los delincuentes, herejes, mujeres de mala vida, prfugos, histriones, juglares, falsos cambiadores y un sin fin de tunantes que aprovechaban la concurrencia del Camino para realizar sus negocios y fechoras.

Dejando aparte tales perversiones, podemos decir que el verdadero peregrino se pona en camino pietatis causa, es decir, teniendo como objetivo primordial alcanzar una renovacin espiritual, despus de pasar la prueba de un viaje largo, lleno de incomodidades y sacrificios, y llenarse de la fuerza taumatrgica y sacrosanta de postrarse ante la tumba del Apstol Santiago.

Por otra parte, la peregrinacin no es para el cristiano una obligacin impuesta, a diferencia con lo que sucede en la religin islmica con la peregrinacin a la Meca, que todo creyente debe realizar por lo menos una vez en la vida si tiene posibilidades para ello. En el caso del cristiano se trata de una decisin personal y voluntaria por razones piadosas, cualesquiera que stas sean. Responde a una llamada interior e implica un alejamiento temporal del mundanal ruido, dejar atrs la tierra natal, familia y bienes para sumergirse en una experiencia cercana a un retiro eremtico, pues supone un parntesis en el que el peregrino ofrece una muestra tangible de su fe.

Las duras jornadas, el cansancio fsico, contribuan a preparar el espritu para el momento supremo de la llegada al espacio sagrado en dónde est la meta del camino, la sede catedralicia compostelana. Esa especie de mortificacin y desprecio del cuerpo (cansado, herido, mal alimentado y mal dormido) era una penitencia asumida en favor del espritu, una suerte de martirio atenuado que acercaba al creyente a la vida santificada. Se trataba de una preparacin asctica para acercarse dignamente a la presencia sagrada que representaba los restos del Apstol Santiago. Nada, aparentemente, ha cambiado en lo que se refiere a la estructura y morfologa de lo sagrado y a los canales establecidos para el encuentro de lo sagrado y lo profano desde las fases ms arcaicas de la civilizacin y de la cultura humana. Siempre han existido una serie de ritos de trnsito y purificacin para poner en contacto al creyente con las fuerzas sagradas. Tambin en el caso de la peregrinacin jacobea, el creyente deba prepararse para acceder al santuario que albergaba los restos del Apstol, confesar sus pecados, asistir a la santa misa y comulgar. El peregrino sube al altar mayor de la catedral para abrazar fsicamente la imagen de Santiago y desciende tambin a la cripta donde reposan en la actualidad sus restos mortales. Se produce, por lo tanto, una comunin espiritual e incluso fsica con la trascendencia a travs de la mediacin del Apstol Santiago. 


La festividad del Apstol Santiago coincide en domingo, el peregrino atraviesa la Puerta Santa. Tras haber cumplido todos los rituales el peregrino sala renovado y comenzaba para el una vida nueva, de suerte que el fin del camino se converta ahora en comienzo de eso otro camino de la vida (Omega y Alfa).

Como es natural, el peregrino visitaba los santuarios a su paso por los distintos lugares del camino y participaba tanto en el culto como en actos penitenciales y devocionales, o incluso en trabajos de obras civiles o religiosas que se construan en razn del camino (carreteras, puentes, iglesias, etc.). Muchas eran tambin las tentaciones del Camino y haba que estar en guardia espiritual contra ellas, desde los placeres asociados a la comida y la bebida hasta los placeres carnales, que ya se censuran en el sermn «Veneranda dies» del Cdice Calixtino. El peregrino, fuese cual fuese su capacidad econmica, deba llevar una suma modesta para afrontar los gastos de la peregrinacin, no slo por una elemental razn de prudencia contra los ladrones y salteadores sino para cumplir con el ideal asctico y de modestia cristiana inherente al espritu del Camino. En razn de ello, ya desde el siglo XII, estaba previsto enviar provisin de fondos a la meta del Camino que el cambiador compostelano haca efectivas en sus mesas o «taboas».

Pero haba tambin, cmo no, momentos placenteros para el cuerpo y para el alma que hacan ms llevadero el camino: cantos que los peregrinos entonaban en latn o en sus respectivas lenguas25, momentos de distraccin o de descanso disfrutando de la naturaleza y de la compañía de los peregrinos, entre los que naca inevitable- mente una sincera confianza y amistad, etc. Tambin se reforzaban los lazos familia- res o gremiales porque no era infrecuente que la peregrinacin se emprendiera en grupo para evitar los peligros del Camino.

Fenomenologa exterior

Hay toda una serie de aspectos exteriores que tienen que ver con las seas de identidad del peregrino medieval a Compostela que, a su vez, practica toda una serie de ritos, costumbres y comportamientos que lo distinguen tanto del resto de los hombres con los que se cruza a lo largo del camino como de los peregrinos que se dirigen a Jerusaln o a Roma. Entre estos elementos externos estn, entre otros, los siguientes:

A partir del siglo XIV los cambiadores se agrupan en la cofrada del Cirial o de San Ildefonso, de la que existen numerosas referencias documentales. 


a) Indumentaria. La vestimenta cumpla la funcin de identificar al peregrino, que, al quedar despojado de su propio atuendo, renunciaba tambin a los signos externos de grandeza, posicin social, para igualarse de acuerdo con el espritu cristiano al resto de los hermanos peregrinos que se encontraba en el camino. Al mismo tiempo era un atuendo concebido con una filosofa prctica para el fin que deba cumplir. Esta indumentaria est bien recogida en la iconografa jacobea y en el propio Cdice Calixtino. Estaba formado por los siete elementos siguientes:

1. Sombrero de ala ancha para proteger al peregrino tanto del sol como de la lluvia.

2. Tnica holgada y desceida para poder caminar cmodamente, sobre la que reposaba la esclavina que cubra los hombros, la espalda y el pecho.

3. Calzado fuerte y resistente para soportar el largo camino.

4. Bolsa o zurrn pequeo y abierto para los alimentos y objetos personales indispensables.

5. Calabaza para la bebida de cada etapa, agua o vino.

6. Bordn ferrado en la punta que serva de apoyo y proteccin contra un eventual ataque de malhechores o fieras. El bordn, en su condicin de tercer punto de apoyo, simbolizaba adems para la mentalidad alegorizante medieval, a la santsima Trinidad por lo que protega tanto de los enemigos del cuerpo como del alma.

7. La concha venera (de vieira) sobre el frente del sombrero, sujetando el ala ancha, y tambin frecuentemente en la pechera de la esclavina.

b) Viaticum o equipo que reciba el peregrino en el templo o en el centro religioso de su punto de partida, con los documentos acreditativos para el viaje, cartas de recomendacin, etc. para facilitar el paso por los distintos pases y ciudades de la ruta jacobea.

26 «El morral –leemos en el Cdice Calixnito– es un saquito estrecho, hecho de piel de una bestia muerta, siempre abierto por la boca no atado con ligaduras. El hecho de que el morral sea un saquito estrecho significa que el peregrino, confiando en el Seor, debe llevar consigo una pequea y mdica despensa. El que sea de cuero de una bestia muerta significa que el peregrino debe mortificar su carne con los vicios y concupiscencias, con hambre y sed, con muchos ayunos, con fro y desnudez, con penalidades y trabajos. El hecho de que no tenga ataduras, sino que est abierto por la boca siempre, significa que el peregrino debe antes repartir sus propiedades con los pobres y por ello debe estar preparado para recibir y para dar».


c) E lagua es considerada desde la antigedad arcaica smbolo de purificacin y de incorporacin a una nueva vida. Tambin el peregrino medieval, antes de entrar en el templo, deba desprenderse de su vestimenta sucia y deteriorada tras el largo camino en un lugar conocido como a cruz dos farrapos (cruz de los harapos). A continuacin se diriga en penitencia hasta una de las fuentes para baarse y asearse convenientemente, simbolizando de esta forma a un segundo bautismo.

d) Vestidos ya con nuevas ropas, el peregrino entraba dignamente en la catedral y se preparaba para un nuevo aseo, esta vez espiritual: la Confesin. En efecto, aunque el peregrino obtena el perdn de sus pecados al culminar su viaje, deba manifestar oralmente sus faltas a un confesor en la catedral. Lo que dio lugar a partir del siglo XII-XIII a un cuerpo de intrpretes para escuchar a los peregrinos de las distintas nacionalidades.

e) La visita inclua muy frecuentemente tambin la ofrenda (oblatio) al tesoro de la catedral, as como la caridad con ciegos, mendigos, etc. Tambin se encenda un cirio que, segn podemos leer en el Cdice Calixtino, durante las vigilias «la iglesia se ilumina como al sol o como si fuera de da»30.

f) La concha de vieira. A juzgar por la informacin que nos suministra el Cdice Calixtino comenz siendo probablemente un recuerdo que los pere-grinos llevaban tras su paso por Compostela, pero muy pronto se incorpor a la vestimenta. «Por lo mismo los peregrinos que vienen de Jerusaln traen palmas, as los que regresan del santuario de Santiago traen conchas. Pues bien, la palma significa el triunfo, la concha significa las obras buenas.» En cuanto a la explicacin de por qu una concha y de vieira precisamente se da la siguiente explicacin: «Pues hay unos mariscos en el mar prximo a Santiago, a los que el vulgo llama vieiras, que tienen dos corazas, una por cada lado, entre las cuales, como entre dos tejuelas, se oculta el molusco parecido a una ostra. Tales conchas estn labradas como los dedos de la mano..., y al regresar los peregrinos del santuario de Santiago las prenden en las capas para la gloria del Apstol, y en recuerdo de l y seal de tan largo viaje, las traen a su morada con gran regocijo. La especie de corazas

En el caso de la peregrinacin a Jerusaln el peregrino se baaba literalmente en las aguas del ro Jordn con la simbologa de un segundo bautismo en el mismo lugar donde Jess se haba bautizado.

Segn Mircea Eliade, «este simbolismo inmemorial y ecumnico de la inmersin como instrumento de purificacin y regeneracin fue adoptado por el cristianismo y se enriqueci con nuevas valencias religiosas. (...) Simblicamente, el hombre muere en la inmersin y renace purificado, renovado; exactamente como Cristo resucit de su sepulcro». 

Lo mismo que suceda con el agua, las conchas tienen una amplia y rica simbologa religiosa e incluso filosfica.

g) La Compostela o Compostelana es el documento que acredita haber recorrido el Camino. En el medioevo se poda hacer a pie o en cualquier tipo de cabalgadura (caballo, mulas o incluso en un humilde asno), en la actualidad se ha incorporado tambin la bicicleta.

h) Adems de la acogida en los hospitales y albergues de la ruta, es preciso mencionar la importante red de hospitales de la ciudad de Santiago, de los cuales el ms imponente es, sin duda, el Hospital Real de Compostela, fundado por los Reyes Catlicos en 149934. Al peregrino se le abra las puertas de los albergues y, en general, era bien acogido por la red de solidaridad que funcionaba en el Camino. El captulo final del Cdice Calixtino, titulado «De cmo los peregrinos de Santiago hayan de ser recibidos», insta a recibir caritativamente a los peregrinos. «Los peregrinos, tanto pobres como ricos, –podemos leer– han de ser caritativamente recibidos y venerados por todas las gentes cuando van o vienen de Santiago. Pues quienquiera que los reciba y diligentemente los hospede, no slo tendr como husped a Santiago, sino tambin al Seor, segn sus mismas palabras al decir en el Evangelio ‘El que os reciba a vosotros me recibe a m’ .

i) Cofradas de ex-peregrinos a las que se incorporaban a su vuelta los que haban hecho la peregrinacin a Compostela.

Digenes de Snope, filsofo cnico de la poca helenstica, defendi que el hombre es ms libre

cuanto ms elimina las necesidades superfluas. En razn de dicha filosofa viva en un barril y su nica propiedad era una concha que utilizaba para beber agua en las fuentes. Hasta que un da contempl a un nio bener con las manos y tir la concha para siempre.  


Importancia especialmente en Francia. La razn era conservar el halo sagrado adquirido con la peregrinacin. En tal sentido nos dice Mrquez Villanueva, «irradiado y partcipe, aunque en grado mnimo, de la taumaturgia inagotable del Apstol, el peregrino (...) se converta en otro ‘Santiago’ y llevaba en adelante un aura de admitida aunque no declarada antesala de santidad».


5. ASPECTOS CULTURALES Y FILOSFICOS DEL CAMINO

El fenmeno de las peregrinaciones, en general, y la peregrinacin jacobea, en particular, debe comprenderse, como hemos visto, desde la perspectiva de la fe. Pero ello no es bice para reconocer otros aspectos ntimamente relacionados con el Camino. Ya desde sus inicios y a lo largo de todo el perodo medieval y moderno, el Camino de Santiago fue no slo una ruta de peregrinos, sino un camino a travs del que viajaron modas culturales, formas arquitectnicas, valores, ideas polticas, y un largo etctera.

Uno de los aspectos quizs menos conocidos es el que tiene que ver con la penetracin de ideas filosficas y cientficas a travs del Camino de Santiago. Hay, cmo no, estudios de enorme originalidad sobre este asunto que demuestran en qu medida el Camino de Santiago sirvi tambin para la difusin y el conocimiento de la filosofa y la ciencia37. Queda, no obstante, mucho por hacer en este terreno.

A partir del siglo XII se habla en Europa de un cierto humanismo que transforma el espritu de la filosofa medieval. Es la poca en la que comienzan a conocerse, en un nmero cuantitativamente muy importante, obras de autores clsicos que nos llegan a travs de las traducciones que involucran las lenguas griega y rabe por una parte, y la lengua latina, por otra. La razn comienza el proceso de autonoma frente a la fe, paradigma que protagonizar la modernidad de la filosofa en el pensamiento occidental. Todo ello gener una vitalidad y curiosidad intelectuales a la que no fue ajena el Camino de Santiago y la propia ciudad de Santiago de Compostela. En ella podemos detectar tres centros de actividad cientfico-filosfica: la Catedral (o sede episcopal), los studia de los franciscanos y los de los dominicos.


Se inicia as una tradicin intelectual que de una forma muy semejante se consolidar en el siglo XIII en distintas ciudades europeas. Una institucionalizacin de la vida intelectual que descubrimos en el studium franciscano de Oxford, creado cinco aos ms tarde que el de Santiago (1224-25); o en el dominico de Saint-Jacques de Paris. Mientras el de Santiago de Compostela se estancaba, con un tmido resurgimiento a partir de 1252, coincidiendo con el comienzo del reinado de Alfonso X el sabio, gracias a la intensa actividad intelectual desarrollada en su corte.

Aunque Santiago de Compostela no fue histricamente tierra de gran fecundidad filosfica, en el siglo XIV florece una figura de inters para la filosofa que toda- va hoy ofrece a los investigadores algunos aspectos enigmticos. Me refiero a Pedro Compostelano, un filsofo de corte medieval que nos ha legado una obra titulada De consolatione rationis (La consolacin de la razn). Se conserva un nico ejemplar manuscrito de esta obra en el Monasterio de El Escorial, en Madrid, escrito en latn. Aunque ha habido dudas con respecto a si este autor perteneca al siglo XII o al XIV, los investigadores se decantan por esta segunda fecha por las referencias a determina- dos hechos y acontecimientos culturales y litrgicos, as como por la huella apreciable de filosofas y autores de los siglos XIII y XIV. Es una obra escrita en forma dialogada y que cuenta con tres personajes: el Mundo, la Carne y la Razn. Se trata de tres hermosas doncellas que dialogan con un joven que est desorientado y no sabe qu camino tomar en la vida. El joven debe escoger entre el vicio o la virtud, entre el bien y el mal. Como se pueden imaginar, triunfa la Razn y el ideal de vida equilibra- do y sabio que le ofrece.

El otro gran hecho, vinculado con la ciudad y que marcar de manera definiti- va la vida cultural y filosfica de la meta del Camino, es la creacin, hacia finales del siglo XV, de la Universidad de Santiago de Compostela. La fecha que se toma como referencia de los inicios de la Universidad es el 4 de septiembre de 1495, fecha de la fundacin de un Colegio de Gramticos por parte del notario compostelano Lope Gmez de Marzoa, con el auxilio de otras dos figuras eminentes que se sumaron a esta empresa: don Diego de Muros II, obispo de Canarias y don Diego de Muros III, den de la Catedral de Santiago. Estas tres figuras no slo aportaron los medios eco- nmicos para dar comienzo a lo que se conoce como el Estudio Viejo, sino tambin el espritu, los gustos y la cultura del renacimiento. Una poca de profundas transforma- ciones cientficas, artsticas, filosficas, econmicas, polticas y sociales. Esta poltica fue continuada por el arzobispo Pedro Muiz (m. en 1224) y especialmente por Bernardo II (1224-37), hombre vinculado a los crculos intelectuales de Bolonia y Pars, que fue den del cabildo compostelano desde 1214. Ambos prelados vieron en la cola-boracin de las nuevas rdenes mendicantes un elemento imprescindible en la doble poltica de renovacin moral e intelectual del clero de su extensa dicesis».


Tanto por su origen religioso, como por la conciencia de la trascendencia del hecho jacobeo, la Universidad de Santiago ha sido en su historia una institucin que ha prestado gran atencin al Camino. En la actualidad, una importante nmina de instigadores se ocupan de l desde muy diversos mbitos cientficos, entre los que mencionar a modo simplemente indicativo los trabajos de carcter histrico, filolgico, antropolgico o filosfico.


HACIA LA SITUACIN PRESENTE

La peregrinacin a Compostela se recupera paulatinamente a medida que avanza el siglo XX, conociendo en la actualidad un auge que recuerda la poca dorada del Medioevo, salvadas las debidas distancias histricas. Por aportar algunos datos que dan idea de la espectacularidad del fenmeno baste decir que frente a las 2.491 Compostelas (documento que acredita haber hecho a pie por lo menos los ltimos 100 kilmetros del Camino) que se concedieron en el Ao Santo 1985-86, en 1993 se expidieron 99.436, y en el ltimo Ao Santo de 2004, primero del tercer milenio, se expidieron 179.944 Compostelas. Unos datos que contradicen la tesis de algunos de los investigadores que afirman que «el tema del camino de Santiago ha de abordarse en todo momento como una especfica realidad medieval, fuera de la cual sera anacrnico enjuiciarlo». En nuestros das, cientos de miles de personas de todas las edades y condiciones sociales peregrinan a Santiago. En este mismo ao 2007, que no es ao santo, han recogido ya su Compostela (el dato es del da de hoy) 112.000 peregrinos. Han pasado muchos siglos desde el Medievo; han cambiando las circunstancias histricas, sociales, polticas y econmicas. Y, no obstante, la peregrinacin jacobea ha experimentado, especialmente a partir de la ltima dcada del siglo XX, un auge espectacular

Dos cuestiones se ciernen sobre este hecho. La primera la de saber qu motivos alientan al peregrino actual a ponerse en camino. La segunda, la de conocer qu factores contribuyeron en el siglo XX a un relanzamiento tan espectacular del Camino de Santiago.

Es ao Santo o Ao Jubilar siempre que el 25 de julio, da de la festividad de Santiago, cae en domingo. Viene celebrndose regularmente desde la Edad Media, de acuerdo con la bula «Regis Aeterni» promulgada en 1179 por el Papa Alejandro II, l cual hace perpetuo el «Privilegio Jubilar» otorgado por el Papa Calixto II en 1122.


En lo que se refiere a la primera, es preciso reconocer que la prctica del Camino se revitaliza en una poca de una enorme secularizacin en la cultura occidental. Una poca en la que se ha perdido el sentido religioso de la vida. Un proceso que desde el punto de vista filosfico comienza con el renacimiento y tiene su culminacin en las filosofas del siglo XX. Este abandono de la religin y de los valores religiosos, en otro tiempo mayoritarios en las sociedades occidentales, no ha sido sin embargo claramente substituido por una moral cvica o una moral de la tierra al estilo de la defendida por Nietzsche. Ello puede explicar en parte, la sensacin de vaco, de desasosiego y de incertidumbre del hombre actual. Un hombre inmerso en un universo tecnificado, con problemas globales, que vive contrarreloj, con dificultades de encontrarse con el otro, a pesar de pertenecer a la era de la informacin y las comunicaciones. Todo este conjunto de factores, percibidos universalmente, pueden hasta cierto punto justificar la necesidad imperiosa del hombre de retirarse parcialmente del mundo, entrando en comunin con la naturaleza, e intentar vivir de nuevo el valor de lo sagrado, aspectos todos ellos que encarna el Camino de Santiago. Aunque no es la motivacin religiosa la nica que mueve al peregrino de nuestros das. Hay, probable- mente siempre hubo, viajeros que hacen el camino por un afn de aventura, de hacer turismo o simplemente para hacer algo distinto, rompiendo as la rutina cotidiana.

En cuanto a la segunda cuestin, hay que advertir que a la reactivacin del Camino contribuyeron numerosas personas e instituciones de muy diversos mbitos. En primer lugar de la Iglesia catlica, comenzando por el propio Papa Juan Pablo II que peregrin en dos ocasiones a Santiago de Compostela, en los aos 1982 y 1989. As como la labor que a lo largo del siglo XX realizaron diversos arzobispos compostelanos. Una labor que da sus frutos ms apreciables durante el mandato del arzobispo Julin Barrio Barrio, obispo auxiliar de Santiago desde el ao 1994 y arzobispo desde 1996 hasta el presente. O de sacerdotes animosos como D. Elas Valia Sampedro (+1989), conocido como «o cura do Cebreiro», que en 1984 emprendi la sealiza- cin de los tramos originales del Camino desde Francia hasta Compostela, as como diversos trabajos de limpieza, recuperacin, enumeracin kilomtrica, restaurando la hospedera, iglesia y poblado de O Cebreiro, primer punto gallego del Camino Francs. O de instituciones vinculadas a la iglesia como la Archicofrada del Apstol en Santiago y en diversos lugares del mundo, las Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago, el Cabildo Catedralicio, y un largo etctera.

El principal apoyo institucional por parte de la sociedad civil se debe, sin duda, a la Xunta de Galicia (Gobierno Autnomo de Galicia) que crea en el ao 1993 el Plan Xacobeo, dependiente de la Consellera de Cultura, creando con posterioridad una Sociedad Annima del Plan Xacobeo para dar a conocer y promocionar en el mundo el Camino de Santiago. Los sucesivos planes de promocin han surtido su efecto y, sin duda, buena muestra de ello son las cifras antes mencionadas. Es verdad que ha surgido una cierta polmica entre la instancia poltica y la religiosa, por la insistencia. De sta ltima en que no se pierda o se deforme la significacin religiosa de la peregrinacin, en aras a la potenciacin de los aspectos tursticos o culturales. El Camino de Santiago ha adquirido una dimensin universal y, como tal, no est exente de los aspectos negativos que la masificacin provoca. Esta dimensin universal es tambin un desafo para pensar desde la filosofa y la antropologa por el sentido que el Camino de Santiago ofrece al hombre actual.


CONCLUSIN

La metfora del «camino» es, desde luego, una de las metforas ms reiterativas de la filosofa para expresar la condicin itinerante del hombre. Se han servido de ella filsofos de todos los tiempos, desde Platn a Martin Heidegger, pasando, cmo no, por el muy racionalista Descartes que escribe su Discurso del Mtodo para «conducir bien la propia razn», hallar un camino seguro para la filosofa y, en definitiva, para distinguir lo verdadero de lo falso y «caminar con seguridad en la vida».

Esta condicin itinerante del hombre, que ha llevado a un buen nmero de filsofos a definirlo como un homo viator, se ha visto reforzada por la visin cristiana del mundo. «En medio de la multiplicidad de ocupaciones de este mundo –escribe San Agustn–, hay una sola cosa a la que debemos tender. Tender porque somos toda- va peregrinos, no residentes; estamos an en camino, no en patria definitiva». Una patria a la que se referir con la metfora que da nombre a uno de sus obras ms clebres: la Ciudad de Dios y que formular teolgicamente en Las Confesiones: «Inquieto est nuestro corazn, hasta que descanse en ti».

La visin cristiana del mundo, introducida por Agustn de Hipona y profundizada por un buen nmero de filsofos cristianos ha dado lugar a que «la peregrinacin en sus diferentes formas sea el smbolo ms adecuado para entender la vida del hombre, que se percibe fundamentalmente como camino hacia la eternidad, la verdad y la plenitud».


La cosmovisin cristiana forma parte indisoluble de la historia y de la cultura europeas, pues tal como escribi Goethe, «la conciencia de Europa ha nacido peregrinando». Desde esta perspectiva hay que entender la exhortacin de Juan Pablo II en su discurso europesta, pronunciado con motivo de su primer viaje a Santiago en da 9 de noviembre de 1982 (del que hoy se cumplen justamente 25 aos): «s tu misma, vuelve a tus races». Santiago de Compostela, meta de uno de los Caminos de Peregrinacin ms importantes de la cristiandad, conserva la memoria de Europa y las races de su identidad.

Es, quizs, el deseo de reencontrar sus races, su identidad, la que ha llevado al hombre contemporneo a peregrinar. Y no slo desde el punto de vista metafrico, sino recorriendo y revitalizando el Camino de Santiago, una ruta de peregrinacin medieval pletrica de sentido. Un sentido religioso, en primer trmino, porque ha sido inspirado por la fe; pero tambin un sentido antropolgico, porque el hombre se ha definido como caminante; e incluso un sentido filosfico, porque la filosofa y la ciencia no es sino el camino que lleva al conocimiento. En nuestro caso, hay tambin razones histrico-polticas porque «la conciencia de Europa –como lapidariamente escribi Goethe– ha nacido peregrinando».

El Camino de Santiago ha sido, como hemos visto, la va de penetracin de ideas culturales y filosficas a lo largo de los siglos. Hoy nos vuelve a reunir en Pontevedra, ciudad que atraviesa el Camino portugus a Compostela, permitindonos establecer un puente entre dos culturas distantes y distintas como la japonesa y la gallega, pero con vocacin de encuentro.

 

cicbuny